Congreso08.09.2017
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Trump regaló a los demócratas un triunfo que indignó a sus aliados
Por Hernán SarquisEn la negociación del presupuesto cedió ante los demócratas y desarmó la estrategia republicana.

Durante la campaña Donald Trump presumió una y otra vez que era el negociador perfecto. Un genio de los tratos que siempre obtenía lo que quería, y que llevaría su experiencia y dominio de lo que él llama "el arte del trato", título del libro que "escribió" en los 90, al plano internacional. Aseguró que conseguiría los mejores tratados comerciales con China y México y presumió literalmente ser el mejor negociador del mundo. Pero una vez en el poder, una y otra vez ha demostrado, en pocos meses, que es probablemente el peor negociador en la historia de la Casa Blanca. 

Primero fue incapaz de traducir el dominio de su partido en el Congreso en una sola pieza de legislación importante; ni siquiera logró que sus legisladores le consiguieran fondos para arrancar la construcción del absurdo muro fronterizo que prometió a sus votantes. Tampoco pudo "negociar" la legislación que habría de acabar con Obamacare, una promesa que los republicanos llevaban siete años haciendo en las campañas. Sin embargo, la más grande prueba de la incapacidad de negociación del gran dealmaker se vio hasta esta semana, cuando Trump regaló a los demócratas -sin razón aparente- una ventaja política única en su presidencia y que difícilmente volverá a obtener.

Paul Ryan y Mitch McConnel, los líderes republicanos en el Congreso, sabían que iban a necesitar del apoyo de los demócratas para aprobar el nuevo techo de deuda, pues el freedom caucus no iba a votar con el partido.

El pasado miércoles Trump se reunió con los líderes del Congreso para discutir la agenda legislativa de septiembre, que se perfilaba para ser una pesadilla para todos los involucrados. El Congreso cuenta con algunas semanas antes de que el techo de deuda llegue a su límite y tengan que aprobar una nueva suma. Dicha medida es un vestigio presupuestal inútil que data de los años 40, y que lo único que hace es autorizar al Gobierno el dinero necesario para pagar las deudas en las que ya incurrió desde el ejercicio anterior. Es decir, el techo de deuda no limita la cantidad de dinero con la que el Gobierno se puede endeudar, sino que autoriza al Gobierno los fondos para pagar dicha deuda. 

Desde hace décadas esta figura ha sido usada como pistola legislativa, dependiendo de quién tiene el control en el Congreso y quién ocupa la Casa Blanca. En 2011, por ejemplo, los miembros del freedom caucus, la sub-bancada ultraconservadora de legisladores republicanos, se negaron a aprobar el alza del techo de deuda, algo que nunca había sucedido y que tuvo que ser resuelto con medidas legislativas extraordinarias. El resultado pudo ser catastrófico, y terminó con la calificadora Standard and Poor´s reduciendo la calificación de Estados Unidos por primera vez en la historia.

Este año Paul Ryan y Mitch McConnel, los líderes republicanos en la Asamblea de Representantes y el Senado, respectivamente, sabían que iban a necesitar del apoyo de los demócratas para aprobar el nuevo techo de deuda, pues el freedom caucus, quienes hacen lo que les venga en gana, no iban a votar con el partido. Sin embargo, la tragedia del huracán Harvey en Texas les dio una oportunidad única que podía resolver todos sus problemas sin necesidad de ceder ante las demandas de los demócratas. Si los republicanos "paqueteaban" los fondos de emergencia para reconstruir Houston con el techo de deuda, tanto el freedom caucus como los demócratas no tendrían más remedio que votar a favor, o correrían el riesgo de mostrarse como desalmados ante la opinión pública.

Con todo esto encima fue que inició la reunión del miércoles en la Oficina Oval. Por un lado los republicanos liderados por el presidente Trump, el vocero de la Asamblea Paul Ryan, y el líder del Senado Mitch McConnell; del otro los demócratas: el líder de los senadores demócratas Chuck Schummer, y la líder de los asambleístas Nancy Pelosi. La misión de los republicanos era conseguir que los demócratas aprobaran el nuevo techo de deuda por el mayor tiempo posible: dieciocho meses. Los demócratas necesitaban lo contrario, si lograban que el techo de deuda se extendiera durante sólo seis meses, esto forzaría a los republicanos a regresar a la mesa de negociación en marzo y así sacarles algo a cambio en 2018, que es por cierto un año electoral en el Congreso.

Paul Ryan y Mitch McConnel.

La primera oferta de Pelosi fue demasiado alta: ofrecieron sólo tres meses de extensión al techo de deuda, obviamente esperando que Ryan y McConnell hicieran una contraoferta y consiguieran la extensión por seis meses o quizás un año. En eso estaban cuando Trump, el gran negociador, el autor del "Arte del trato" aceptó la absurda primera oferta de los demócratas, dejando atónitos a todos los presentes, y furiosos a McConnell y Ryan, quienes tendrán que regresar suplicantes en diciembre, rogando por otra extensión a los demócratas.

Para sorpresa de nadie los demócratas estaban encantados. Schummer celebró la postura "bipartidista" del presidente, y alabó la intención del presidente de "hacer las cosas". Los republicanos no quedaron tan contentos. El senador de Nebraska Ben Sasse simplemente calificó el trato como malo; mientras que McConnell intentó como pudo explicar el tren mental del presidente, explicando que Trump quería demostrar unidad en un momento de crisis nacional.

Fuentes de la Casa Blanca han sugerido que, minutos antes de la reunión, el secretario del Tesoro Steve Mnuchin advirtió a Trump lo peligroso que sería no alcanzar un acuerdo respecto al techo de deuda.

Horas después, a bordo del Air Force One, Trump también se mostró satisfecho con la "negociación": "Tuvimos una gran reunión con Nancy Pelosi y Chuck Schummer", declaró el presidente. "Acordamos una extensión de tres meses al techo de deuda, que ellos consideran como sagrado, muy importante, siempre vamos a estar de acuerdo con el techo de deuda automáticamente por la importancia que tiene", dijo.

Algunas fuentes al interior de la Casa Blanca han sugerido que, minutos antes de la reunión, el secretario del Tesoro Steve Mnuchin advirtió a Trump lo peligroso que sería no alcanzar un acuerdo respecto al techo de deuda, que podría provocar que Estados Unidos no pagara sus compromisos y desplomara a su paso la economía global. Es probable que Trump haya entrado con este temor a la reunión y por eso la urgencia de cerrar un trato lo antes posible, aunque fuera un suicidio político para su partido en el Congreso.

De nuevo, el problema de los republicanos es que su partido, para efectos prácticos, está dividido en dos. De un lado están los políticos de carrera, pragmáticos como McConnell y Ryan que saben jugar el juego; y del otro los fanáticos que llegaron con la ola ultraconservadora disparada por la presidencia de Barack Obama. El freedom caucus ya destruyó la primera oportunidad que tenían de repeler Obamacare cuando se negaron a aprobar la propuesta de salud de su propio partido por considerarla demasiado "liberal", aunque es posible que por sus tendencias libertarias contribuyen a aprobar la reforma fiscal tan anhelada por Ryan, que pretende recortar miles de millones de dólares en impuestos a las empresas más grandes de Estados Unidos, todo abalado por el falso populista Donald Trump, quien en un año ha intentado hacerle más daño a la clase media que lo que logró George W. Bush durante toda su administración.

Donald Trump podría haber llegado a usar el "púlpito del bully", como llamaba Teddy Roosevelt a la presidencia, como fuerza unificadora de su partido, sin embargo, su falta de disciplina e interés lo ha convertido en una tercera fuerza que exacerba la división de los republicanos, y que sólo ha servido la incapacidad que tienen para gobernar su nación, aun cuando controlan, por primera vez en años, dos de los tres poderes de la unión.

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