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La silenciosa estrategia de Meade para evitar que otro gasolinazo le arruine la campaña
LPOEl gobierno combina acciones de apertura y libre acceso al mercado energético, con subsidios encubiertos.

Desde la liberalización del mercado de gasolina y diésel, las grandes refinadoras de los Estados Unidos están viviendo una fiesta de altos márgenes y acciones en constante subida y lanzaron una agresiva política de expansión de la infraestructura que los vincula con México, para aprovechar aún más la oportunidad.

El mercado de aprovisionamiento de combustibles en México se ha abierto al mundo y las compañías norteamericanas se lanzan a la conquista. Desde compañías petroleras de gran renombre hasta empresas de comercio y operadores de tuberías, todos quieren convertirse en proveedores del mercado mexicano.

En la frontera de los Estados Unidos y México se observan camiones y trenes yendo desde las refinerías de Texas a las terminales de distribución de combustibles en el sur de Río Grande. Cada vez un mayor número de firmas extranjeras, incluyendo a Koch Supply & Trading México (Kemex), planean invertir en puertos terminales, instalaciones de almacenamiento de combustibles y otras infraestructuras logísticas para competir con Pemex quien hasta ahora es el mayor vendedor y distribuidor para el mercado interno.

La Secretaría de Hacienda mantiene virtualmente congelado el precio de la gasolina mediante la modificación discrecional del IEPS, a lo que se suma el casi millón de barriles importados por día.

"La transparencia y el proceso de fijación de precios basado en el mercado que se dio gracias a la reforma regulatoria está ayudando a Kemex a llevar a cabo su plan de desarrollo de negocios en el país", señaló Eduardo Andrade, trader de productos destilados de Koch.

La semana pasada el regulador de energía de México anunció el fin del sistema de fijación de precios desde el gobierno en las regiones centrales y del sur en las que aún se aplicaban precios máximos. El lado oscuro de este proceso es el riesgo de que se produzca un nuevo gasolinazo, como aquel que desató una ola de saqueos en todo el país y provocó un repunte inflacionario que todavía no se logró superar y pegó especialmente a las clases más humildes.

Un proceso de estas características en plena campaña presidencial sepultaría las chances del candidato oficialista, José Antonio Meade, quien ya desde la Secretaría de Hacienda venía trabajando en silencio para contener ese riesgo, con una sofisticada política de subsidios encubiertos, que contradicen el discurso ortodoxo de la administración de Peña Nieto, pero tiene enorme sentido político.

¿Libre mercado o fijación de precios oculta?

Según expertos del sector consultados por LPO, pese a la liberalización de los precios de la gasolina, existen pocas chances de que los precios se muevan de manera significativa. 

Para que esto ocurra hay que mirar de cerca lo que está haciendo la Secretaría de Hacienda la cual, utilizando subsidios implementados indirectamente mediante la modificación discrecional del IEPS, ha mantenido los precios congelados desde enero y todo indica que los conservarán así hasta las elecciones de mediados del año próximo.

Un razonable plan de contención social diseñado durante la gestión de José Antonio Meade, que ahora como candidato recibirá los beneficios políticos.

Según un líder del sector de combustibles, "el precio de la gasolina se mantiene por motivos políticos más que económicos" y agregó que, de hecho, el esfuerzo de mantener el precio congelado genera costos considerables para el sector público a los cuales se les suma el de los casi un millón de barriles de productos refinados importados por día. Por supuesto, el costo de la importación se reduciría si se invirtieran en refinerías locales lo cual, hasta ahora, no ha sido anunciado por las empresas internacionales.

Anaya y Treviño coordinan ahora la estrategia para evitar nuevos gasolinazos.

A medida que el costo de importar siga subiendo o se mantenga, el peligro para la macroeconomía se vuelve cada vez más importante. Según David Shields, director de Energía a Debate, el gobierno de Peña Nieto con esta decisión "dejará una papa muy caliente a la próxima administración".

Entusiasmo empresario

Sin embargo, ninguna de estas inquietudes macroeconómicas de mediano plazo inquietan a los grandes jugadores del sector energético, que viven una verdadera primavera de oportunidades.

Aquella declaración oficial de que la refinación "no es un negocio" para Pemex despertó un optimismo inaudito entre los refinadores y traders estadounidenses. Shields explicó que esto los incentivó a vender una mayor cantidad de combustible más que a invertir en refinación en México. "La única inversión que planean hacer es en logística, la cual sería utilizada para exportar a otros mercados en Latinoamérica o Asia", señaló el especialista a LPO.

Chevron Corp, Exxon Mobil Corp, Royal Dutch Shell Plc y British Petroleum (BP) están entre las multinacionales que ya han decidido invertir en estaciones de servicios en México y ahora buscan convertirse en importadores de combustible.

Chevron tiene planes para importar desde California, donde posee dos refinerías, una vez que cuente con la infraestructura disponible, según lo anunció José Parra, jefe de operaciones de la compañía en México. La empresa planea además abrir unas 350 estaciones de servicio en un período de dos a tres años. Mientras que Exxon Mobil inaugurará su primer estación en el país el próximo 6 de diciembre.

La empresa Kinder Morgan Inc también ha adicionado dos tipos de gasolinas a sus oleoductos de California que, precisamente, se adaptan a las exigencias del mercado mexicano.

"Hemos hechos cambios en nuestro manual de operaciones en el Pacífico para incorporar productos adaptados a la necesidades mexicanas anticipando la demanda futura para esos servicios", señaló Melissa Ruiz, vocera de Kinder Morgan.


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