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Rechazan propuesta de AMLO de aumentar el contenido nacional en los contratos petroleros
Llevarlo al 80% es inviable, afirman expertos. "No estamos preparados y eso termina en corrupción, como en Brasil".

Para Andrés Manuel López Obrador, el principal objetivo es abatir la corrupción y de ese modo potenciar el crecimiento y desarrollo de México. Hay una propuesta en particular, la de incrementar hasta en 80% el contenido nacional en los contratos petroleros, que no es bien recibida en el sector energético, pues advierten que tiende a generar más corrupción.

La propuesta que ha impulsado incansablemente Rocío Nahle, la vocera en temas energéticos de Morena y nominada para la Secretaría de Energía. "Que Pemex vuelva a ser de los mexicanos. El capital humano y la formación de cuadros en la industria energética debe ser mexicana", suele decir Nahle.

Consultados por La Política Online, los expertos coincidieron en no solo es inviable, sino que también critican que un proyecto de estas características tiende a caer en actos de corrupción.

¿Por qué? En primer lugar, porque la industria mexicana no está lo suficientemente capacitada -en términos financieros ni de capacitación- para atender semejante exigencia de hasta 80%. "Suena bien, pero es un propuesta demasiado agresiva".

En realidad, fijar contenido nacional a los contratos petroleros no es en sí ajena a la realidad del sector. De acuerdo con los datos del portal especializado, Puso Energético, en el nuevo modelo energético los contratos arrancan con un contenido nacional de 13% en las áreas donde la industria petrolera ya ha operado -como aguas someras y campos en tierra- con tendencia a alcanzar el 35% en los siguientes años. Pero en aguas profundas y ultraprofundas, este requisito es menor por la falta de experiencia en estas áreas.

Para el analista Arturo Carranza, impulsar el contenido nacional es importante, sobre todo como eje de una política industrial que para muchos, ha sido inexistente en el país. "Estimular e impulsar el contenido nacional es algo que se debe procurar, sobre todo para poder integrar a las empresas a todas las cadenas de valor de la industria", dijo Carranza y ejemplificó el caso del sector automotriz, que es acaso la única industria mexicana que también se mueve bajo este concepto.

El problema, señaló, es que no se puede hacer de golpe: "Tiene que ser gradual y para que esto sea factible, se requieren tiempos". Y es que las petroleras mexicanas actualmente no cuentan ni con la tecnología (especialmente en el caso de aguas profundas), ni el capital humano que se requieren los proyectos petroleros actuales.

"Que se esperen a que la industria privada mexicana madure, entonces hacemos un cálculo enserio de cuántas empresas pueden satisfacer eficientemente en bienes servicios y qué capital hay", señaló por su parte Miriam Grunstein.

"Los únicos que podrían meterle duro son los de Pemex", critica, pues ciertamente, es la única petrolera mexicana que tiene el músculo para lograrlo. Si bien en estas rondas se han hecho presente más empresas -como se vio en la tercera ronda- estas son medianas. "Si cuentas a las que recién están surgiendo, pues vas a contratar empresas infantes", dijo.

"No existe aún una industria privada. En proveeduría solo existe Pemex, que es una letrina, y hay otras como Cemex o Vitro. Además, si quieres incrementar el contenido nacional, si o si vas a tener que recurrir a Oceanografía".

Eso lleva al segundo motivo de rechazo entre los especialistas: "Las metas muy agresivas de contenido nacional se pueden prestar a la corrupción y la capacidad de desarrollar la industria de manera eficiente", señala el portal que dirige Pablo Zárate.

Grunstein coincide con esta postura y explica que, al no tener una industria fortalecida, establecer un porcentaje tan alto podría producir efectos "clientelares". Citó que, al menos, esa fue la experiencia en Brasil.

"Lo que vimos en el caso Odebrecht responde en parte a porcentajes de contenido nacional muy agresivas". La experta también insistió que las empresas que podrían querer entrar "y comerse el pastel, no van a ser las más eficientes".

Reconoce que si bien nadie quiere industria extranjerizada, "nadie quiere una de capitalismo de cuates. Cuántas empresas mexicanas realmente pueden tener el capital y bienes y servicios", cuestionó.

En su lectura, este es un mensaje más bien de "apapacho" para los petroleros, en un contexto donde la relación del tabasqueño y el mundo empresarial es más bien tensa. 

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