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AMLO: 10 claves para un triunfo arrasador
Por Gilberto P. Miranda
López Obrador entiende que el conflicto es parte de la esencia de lo político. Ir contracorriente se volvió su estado natural y lo mantuvo en la primera línea del escenario nacional a pesar de errores y derrotas.

 El análisis requiere un superlativo: la victoria de AMLO y el exponencial crecimiento de Morena son el principal fenómeno político-electoral del siglo XXI mexicano, por encima del "foxismo" que permitió poner fin a más de siete décadas de dominio priísta en una democracia simulada.

Al compartir una versión más breve de la idea anterior en Facebook, me hicieron ver que el siglo XXI comenzó, de acuerdo al calendario gregoriano, el 1 de enero del 2001, es decir, justo un mes después de que Vicente Fox asumió la presidencia. Más allá de esta precisión, es un hecho que la primera presidencia de alternancia coincidió con el inicio del siglo.

¿Qué factores explican la victoria más contundente en una elección presidencial desde Miguel de la Madrid, cuando la democracia mexicana no era sino una puesta en escena? Aventuremos algunos:

1. Es una personalidad política formada desde la base. Antes de corrillos palaciegos u oficinas partidarias, AMLO hizo política a ras del piso, organizando a "los de abajo", usando el título de la novela de Mariano Azuela. Su formación y estilo lo vuelven, probablemente, el único líder de masas del país.

2. Hizo de la tenacidad su sello. Ya fuera durmiendo en pequeñas poblaciones indígenas, tomando pozos petroleros o retando al presidente Fox como Jefe de Gobierno, López Obrador entiende que el conflicto es parte de la esencia de lo político. Ir contracorriente se volvió su estado natural y se mantuvo en la primera línea del escenario nacional a pesar de errores y derrotas. Hacer de las plazas públicas su hábitat y sus interminables recorridos por las carreteras del país mandaban un mensaje simbólico: el tipo no se cansa, el tipo no se rinde, el tipo está cerca de la gente común. Además construyó una plataforma para dar cauce y recursos a su proyecto: el movimiento y posterior partido Morena.

3. Construyó una narrativa sólida por más de una década. Su discurso fue claro y constante: la corrupción es el principal problema del país; es provocada por una mafia del poder (el antagonismo como combustible discursivo); primero los pobres; la honestidad es lo más valioso. El combate a la corrupción y la pobreza se volvieron banderas que ningún actor le pudo arrebatar.

4. El pésimo desempeño de PAN y PRI le allanó el camino. Ninguna narrativa puede durar tanto tiempo a menos que las circunstancias y sucesos le den sentido. Casos de corrupción flagrante, impunidad constante, una brutal crisis de violencia, pobreza y desigualdad crecientes. La realidad se impuso: muchos detractores que antes compraron el discurso del miedo, se volvieron los vengadores contra el sistema. Soledad Loaeza es quien mejor lo ha resumido: "En México tenemos más rabia que miedo".

5. Su autenticidad es un activo. En comunicación hay una regla sencilla: se debe comunicar lo que es real. Lo falso se nota o acaba por saberse. Llevar una vida austera en un país donde el imaginario común (superado constantemente por la realidad) es el político cínico y amante del dinero. Hablar con lenguaje sencillo y a la vez, recordable ("Seré peje pero no lagarto", "Solo el pueblo puede salvar al pueblo", "Ese avión no lo tiene ni Obama"), que también le ha pasado factura ("Cállate, Chachalaca", "Al diablo con sus instituciones"). Come en cuanta fonda y changarro se encuentra. Podrá caer bien o mal, pero nadie le considera falso.

6. Tuvo claro que esta campaña, más que acertar, se trataba de no equivocarse. Por más que fue atacado, rara vez se enganchó. Fue común en el último año que a cada tema polémico respondiera con humor (Andrés Manuelovich esperando el oro de Moscú) o simple y llanamente con un "amor y paz".

7. Corrió su discurso al centro. Moderó posturas que pudieran alienar a un electorado conservador indeciso y enojado con las opciones tradicionales. Enfatizó la disposición a trabajar con los empresarios y reiteró su apoyo a temas clave para la estabilidad macroeconómica, como el TLC y la autonomía del Banco de México.

8. Planteó una visión histórica. Su tenacidad probablemente se nutre del sentido de propósito que encuentra en la historia de México y el lugar que quiere ocupar en ella. Quizá ahí radica su verdadera ambición política. Sus referencias históricas le dan cuerpo: ¿Quién más tenaz que Juárez que mantuvo la república viva a bordo de un carruaje? ¿Quién más inspirador que Madero para luchar contra el fraude electoral? ¿Quién más potente que Lázaro Cárdenas para apelar a la recuperación del orgullo nacional? La idea de la cuarta transformación de México, que podría haberse percibido como desproporcionada años antes, cobra sentido: ante el país en crisis, una gran respuesta que marque un hito. El nombre de la coalición "Juntos haremos historia" refleja esa intención

9. Aunque sin ser contundente, fue el único que logró plantear una alternativa en una elección donde se quería un cambio. Fue el primero en presentar un proyecto de nación (ya lo había hecho en dos ocasiones) y logró contrastar su oferta: ante la violencia incontrolable, la posibilidad de una amnistía y atender las causas del crimen. Ante una polémica reforma educativa, buscar el replanteamiento. Ante las sospechas de corrupción del aeropuerto, una alternativa más barata en Santa Lucía. Quizá no todas las alternativas planteadas terminen sucediendo o fueran acertadas, pero lo importante fue plantear un camino distinto. Además, fue el único que reveló con antelación su equipo de trabajo, presentando varios perfiles destacados para integrar el eventual gabinete.

10. Siguió estableciendo la agenda nacional. Desde la época de las conferencias "mañaneras" como Jefe de Gobierno en las que hábilmente logró antagonizar con el Presidente Fox, hasta la polémica de la amnistía y del aeropuerto, pasando por las reformas y la venta del avión presidencial, todos los actores tenían primero que reaccionar a los temas que AMLO subía a la agenda, lo que dificultó enormemente que construyeran una narrativa propia.

El gobierno de López Obrador será el que llegue con mayor fuerza y legitimidad en la era de la alternancia. Cómo usar ese capital político emanado del "bono democrático" será la clave de los primeros doce meses, pues ahora su enorme reto es cumplir las expectativas despertadas y hacer sentir que el cambio verdadero que por años ha pregonado, realmente es tal.

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