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El equilibrio de AMLO entre Ebrard y Chong
Por Andrés Wainstein
El regreso del ex Jefe de Gobierno a la política activa de México requirió una delicada operación. Las tensiones con Osorio Chong.

Apenas un puñado de años atrás nadie se hubiera imaginado que Marcelo Ebrard tendría que entrar al país por tierra desde la frontera de Estados Unidos, con camionetas polarizadas y guaruras esperando, para transportarlo sin imponderables -por carretera- hasta la Ciudad de México. Una humillación para un dirigente que estuvo a punto de competir por las presidenciables. Así de imprevisible es la política.

El exilio de Ebrard tiene muchas anécdotas todavía ocultas -como sus ingresos furtivos al país o los problemas con los pasaportes de su familia-, que sólo el círculo más íntimo conoce. Son esas historias mínimas las que dan su justa dimensión a la operación de Andrés Manuel López Obrador para concretar el regreso de su aliado a la política activa de México.

Hablamos de un equilibrio muy delicado con otro actor clave para la ambición del tabasqueño de llegar a Los Pinos, o en su caso a Palacio Nacional. Es difícil encontrar el origen del encono entre Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Osorio Chong. Hay teorías, rumores y versiones que se remontan muchos años atrás. Lo cierto es que la disputa oficial y pública arrancó con la investigación de la Casa Blanca.

¿Cómo tomaría Osorio Chong que su rival podría quedarse en pocos meses con el aparato de inteligencia de la nación? Ebrard no estaba dispuesto a exponerse a nuevas batallas con la Segob, y quizá por esa razón la oferta de AMLO llegó en ese momento.

En Los Pinos aseguran que fue el titular de la Segob quien se encargó de convencer a Enrique Peña Nieto de que la famosa filtración de documentos a Carmen Aristegui fue obra de Ebrard. Pero la pinza se cerraría al poco tiempo, cuando Ebrard confirmó que Miguel Ángel Mancera le había soltado la mano al bloquear su candidatura para ingresar por el PRD a San Lázaro. Detrás de esa operación, el ex Jefe de Gobierno también veía los hilos de Bucareli. Supo entonces que irían por su cabeza.

Sus sospechas se harían realidad unos meses más tarde, cuando le avisaron de urgencia que a las acusaciones de la Línea 12 se sumarían otras por presunto lavado de dinero y operaciones inmobiliarias que implicaban a su familia. Esa llamada que le permitió abandonar el país a última hora la recibió de su abogado Gonzalo Aguilar Zinser, que falleció ayer horas antes del anuncio del acto en el Radisson de Perisur.

La salida de Arely Gómez de la PGR y el posterior ingreso de Raúl Cervantes relajó la tensión. El primo del entonces consejero jurídico, Humberto Castillejos, tenía línea directa con Los Pinos y no respondía a los mandatos de Osorio Chong. Ese mensaje pacificador lo mandó incluso el mismísimo Luis Videgaray. No había rencores con el Presidente. Desde entonces, Ebrard visitó México sin problemas.

Con semejante historia de enemistad detrás, López Obrador inició un acercamiento con su ex colaborador, pero sólo después de haber cerrado su alianza con Encuentro Social, el partido históricamente vinculado con el ex Secretario de Gobernación. Una apuesta riesgosa pero astuta.

Aunque se niegue públicamente, en medio de las fiestas de diciembre el tabasqueño recibió a Ebrard para ofrecerle la nominación de la Secretaría de Seguridad Pública. La respuesta fue contundente: mientras Osorio Chong siguiera en Bucareli, ese anuncio era imposible. ¿Cómo tomaría el otro aliado la noticia de que su rival herido podría quedarse en pocos meses con el aparato de inteligencia de la nación?

Ebrard no estaba dispuesto a exponerse a nuevas batallas con la Segob, y quizá por esa misma razón la oferta de AMLO llegó en ese momento. ¿O acaso alguien apuraba al líder de Morena para hacer el anuncio del eventual Secretario de Seguridad? La teoría de un posible veto de Chong cobra sentido.

Como sea, la nominación de Alfonso Durazo en Seguridad Pública y la eventual pluri para Ebrard demuestran la nueva lógica de operación de Andrés Manuel López Obrador, que maniobra al extremo para sumar aliados a su barco. La inclusión de estos dos elementos tan reactivos sólo confirman esta nueva fase de pragmatismo explícito.


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