Sucesión27.11.2017
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El fin de la metáfora: la tecnocracia al poder
Por Andrés Wainstein
La candidatura de Meade condensa un proceso de dos décadas. Conquistada la economía, van por la política. ¿Reaccionará la "Vieja Guardia"?

Es un debate que tiene años, pero que por estos días nos regala en forma silenciosa -como suele acostumbrar el PRI- uno de sus capítulos más apasionantes. Los tecnócratas, y muy especialmente la nueva generación del ITAM, acaban de ganar uno de los rounds más importantes de una pelea que lleva más de dos décadas en México.

La postulación de José Antonio Meade es un triunfo aplastante de una generación que se formó, se moldeó y creció al calor del zedillismo, y que ahora no se conforma con el control de la economía. La tecnocracia va por todo: ambiciona sin sonrojarse el control de la política, que hasta el momento se había reservado para un sector más tradicional del PRI.

La "Vieja Guardia", ese grupo tricolor más clásico en su relación con la política, más atado a las liturgias y a los emblemas históricos del partido, ubica en Zedillo el punto cero de esta transformación que los fue desplazando de la centralidad del poder.

Para ellos, la candidatura de Meade no fue una sorpresa sino una línea de continuidad. Asesores de históricos personajes priistas anticipaban a LPO en los últimos meses -no sin preocupación- que EPN terminaría cediendo el control de la política a lo que hasta ahora podía ser catalogado como el Grupo Hacienda.

La postulación de Meade es un triunfo aplastante de una generación que se formó, se moldeó y creció al calor del zedillismo, y que ahora no se conforma con el control de la economía. La tecnocracia va por todo: ambiciona sin sonrojarse el control de la política.

¿EPN será el último político tradicional priista en Los Pinos? Una afirmación aventurada, pero no imposible. Pero, ¿por qué ex gobernadores, dirigentes nacionales y operadores del PRI ven en Zedillo al artífice de este proceso?

Todos ellos dicen que los impactos de la caída del Muro de Berlín se observaron ya entrados en los '90 y ese panorama más claro le allanó el camino a Zedillo para instalar en su administración la cosmovisión plena de un mundo neoliberal, dilema que todavía enfrentaban Carlos Salinas de Gortari y Miguel De la Madrid.

Estos dos precursores del neoliberalismo en México todavía mantenían contenidos a los "tecnócratas" en áreas ligadas a las economía. Todavía era necesario mostrar el gen tricolor para otros segmentos del Gabinete. Fuerte contraste con las posiciones que hoy fueron cedidas: ¿Cuántos años de militancia tiene Enrique Ochoa, jefe en el PRI? ¿Qué base territorial tiene Aurelio Nuño, hoy en la SEP? ¿Cuánto dudó Videgaray en romper la histórica doctrina de no intervención al caerle con todo a Venezuela? La marca del neoliberalismo es la que manda, se quejan los viejos caciques.

Acaso el gran mérito de Zedillo haya sido comprender que una nueva generación de tecnócratas debía trascender del debate partidario, justo en un momento de apertura a la alternancia. Por eso, los cuadros técnicos que había fogoneado durante su sexenio siguieron con funciones -aunque en segundas o terceras líneas de mando- en el gobierno de Vicente Fox. Y comenzarían luego a tener un mayor protagonismo en el sexenio de Felipe Calderón.

En ese listado aparece Dionisio Pérez-Jácome Friscione en Comunicaciones y Transportes, o Guillermo Babatz Torres en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, pero sin dudas el máximo exponente fue el propio Meade, que manejaría Hacienda durante el último tramo del gobierno calderonista.

Todos formados en el ITAM. ¿Coincidencia? De ninguna manera. El Instituto planificó en esos mismos años su penetración en la burocracia del Estado para convertirse -como hizo, con éxito- en un factor de poder, apalancado en un grupo que supo ser inmune a las definiciones en las urnas. Eso cambia con la postulación de Meade. Esa generación se pondrá a prueba.

La ambición de quedarse con la última porción del pastel es entonces la apuesta más riesgosa. Porque Meade logró prestigio entre empresarios, inversores y factores del poder económico internacional. Salió ileso de cuatro secretarías. No es poco, y menos en México.

La ambición de quedarse con la última porción del pastel es quizás, al mismo tiempo, la apuesta más riesgosa. Porque las elecciones se ganan con votos, con muchos votos. Y ahí permean otras variables, no sólo el prestigio del microclima.

De hecho, en Los Pinos están convencidos que esa trayectoria transparente será una de las principales barreras para contener el discurso más elemental de Andrés Manuel López Obrador: la corrupción. ¿De qué lo acusarán a Meade, si en décadas de funcionario no recibió una sola denuncia?

No es el único argumento en la decisión de EPN: entregar la candidatura al emblema de los mercados, de la estabilidad macro y de la gestión económica profesional, es también una estrategia frente al candidato de la indignación. ¿Cómo le fue a Estados Unidos con Trump, otra figura que venía a romper con el sistema? "No siempre el cambio es para mejor", podría ser un precario slogan de campaña.

Pero cuidado: las elecciones se ganan con votos, con muchos votos. Y ahí permean otras variables, no sólo el prestigio del microclima. Peña Nieto suele repetir en su entorno que los niveles de conocimiento se consiguen con facilidad. Es cierto, aunque los votantes también buscan empatía, carisma, claridad, feeling con su candidato. ¿Logrará Meade mostrar esas cualidades? Eso está por verse.

Un último interrogante: ¿Cómo jugarán los gobernadores del tricolor, muchos de ellos más tradicionales y que acaso puedan sentir el recelo ante la construcción de una nueva matriz de poder? La reunión de mañana en Los Pinos será clave, Peña Nieto lo sabe.


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Se venía venir, yo estuve en la UNAM en principios de los 70s, cuando empezaron a desprestigiar a mi Universidad, con las huelgas MARATÓNICAS, Intervine en asambleas para tratar de hacerles ver, que estaban mal, pero estaban PAGADOS para acabar con la UNAM o de plano eran muy PENDEJOS, que se dieron cuenta el daño que se estaban haciendo.
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Los de "izquierda" de la UNAM, acabaron con la tradición de que eran ellos los los que manejaban el país ¿Cómo?, muy facil, cuando iniciaron con tantas huelgas ¿Qué lograron? el desprestigio de la UNAM. Recuerdo con mucha tristeza un anuncio en un periódico, creo que fue en el UNIVERSAL en el que solicitaban un contador o lic. en administración, con la siguiente leyenda EGRESADOS DE LA U.N.A.M. ABSTÉNGANSE.
UN GRAN LOGRO DE LOS PRECURSORES DE MORENA. Y QUIEREN DIRIGIR AL PAÍS NO MAMEN.