Economía07.03.2018
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La balanza de pagos de México
Por Gabriela Siller
El riesgo para la economía mexicana recae en que el financiamiento del déficit se podrá sostener si el país sigue siendo un destino atractivo para la inversión.

 Debido a eventos históricos, se ha quedado grabado en la mente de los mexicanos que existe la posibilidad de que se observen crisis económicas cada cambio de sexenio. En el pasado, las crisis económicas se debieron en parte a que existieron desbalances macroeconómicos que no podían ser sostenidos en el largo plazo. Para analizar la posibilidad de una crisis habría que ver a detalle el comportamiento de la balanza de pagos de México, ya que de ahí es de dónde han salido los desbalances macroeconómicos en el pasado.

La balanza de pagos está compuesta principalmente por la cuenta corriente y la cuenta financiera, llamada también cuenta de capital. En la cuenta corriente se incluye las exportaciones menos las importaciones de bienes y servicios. Por su parte en la cuenta financiera se contabiliza la inversión extranjera directa (IED), la inversión de cartera y otra inversión.

Durante el 2017 el saldo de la cuenta corriente fue deficitario en 18 mil 831 millones de dólares, 17.5 por ciento menor al registrado en 2016, equivalente al 1.6 por ciento del PIB, nivel mínimo no observado desde 2012. La gradual disminución del déficit de cuenta corriente como proporción del PIB desde un promedio de 2.24 por ciento entre 2013 y 2016, es gracias a la libre flotación cambiaria, pues la depreciación real del peso desde mediados de 2014, cercana al 24 por ciento, impulsó las exportaciones de México. Muestra de esto es que el déficit de la balanza de bienes se redujo 16.6 por ciento en 2017, gracias a que la balanza de mercancías no petroleras mostró un superávit de siete mil 526.8 millones de dólares, contrastando con un déficit de 377.2 millones de dólares durante 2016. La balanza de bienes continuó siendo deficitaria debido a que el déficit de la balanza petrolera se incrementó en 44.3 por ciento con respecto a 2016, ya que la producción petrolera de México se contrajo hasta su nivel más bajo desde 1990.

Cabe notar que un déficit en cuenta corriente no es necesariamente negativo, pues como cualquier individuo que se endeuda, el problema ocurre cuando el endeudamiento de un país alcanza niveles insostenibles. En el caso de México, podría haber riesgo si el déficit de cuenta corriente superara el 3 por ciento del PIB de forma sostenida. Para efectos de comparación, el déficit de cuenta corriente en 1993 y 1994 fue de 4.7 por ciento y 6.4 por ciento del PIB respectivamente.

Resulta fundamental conocer de qué manera está financiado este déficit, lo cual es capturado por la cuenta financiera, que observó una entrada de recursos (endeudamiento con el exterior) por 21,496.1 millones de dólares, 31.7 por ciento menos 2016. La inversión de cartera registró una entrada de recursos por cuatro mil 235 millones de dólares, esto es una reducción de 86.6 por ciento con respecto a 2016, como resultado de la incertidumbre que existe en los mercados ante la renegociación del TLCAN. La IED en México también se redujo, aunque de forma moderada, con respecto a 2016 en 0.2 por ciento, ubicándose en 29 mil 695 millones de dólares. La manufactura capturó el 45.26 por ciento de la IED en México.

El riesgo para la economía mexicana recae en que el financiamiento del déficit de cuenta corriente se podrá sostener siempre y cuando el país sea un destino atractivo para la inversión de cartera, a través de altos rendimientos y estabilidad en la economía financiera. También será necesario que no caigan los flujos de IED, para lo cual se requieren buenas expectativas económicas y que el gobierno en turno garantice la libertad económica. Un deterioro mayor de las condiciones de seguridad en el país, la posible adopción de medidas proteccionistas desde el interior y las dudas sobre el futuro económico del país, podrían inhibir la IED, en detrimento del crecimiento económico.

Considerando los resultados de la balanza de pagos al cierre de 2017, se puede concluir que a pesar de la posición vulnerable del país frente a posibles choques internos y externos, México está lejos de enfrentar nuevamente una crisis económica.

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