Editorial
Trump y el abuso a los niños de la frontera
Por Carla Márquez
Hoy más de 3 mil niños indocumentados siguen separados de sus padres. El daño a largo plazo es ya irreversible.

 Las ideas de un candidato nos abren la puerta a sus pensamientos, sus sentimientos aparentes y cuáles podrían ser sus planes para gobernar. Donald Trump, durante su campaña, realizó varias declaraciones sobre temas concernientes a la ciencia, eludiendo su complejidad y rechazando rotundamente conclusiones a las cuales la comunidad científica ha llegado a través de arduo y meticuloso trabajo. Por ejemplo, declaró en una entrevista con Hugh Hewitt el 21 de septiembre de 2015: "No soy un gran creedor del cambio climático creado por el hombre", cuando el 97% de científicos con diversas publicaciones han mostrado que el calentamiento global en el siglo pasado es una consecuencia de la actividad humana.

Otros hallazgos muy relevantes para la ciencia ante los cuales Trump ya demostró su postura indiferente e ignorante son los de la Teoría de Apego y sus aportaciones al desarrollo socioemocional en infantes y niños/as. Hoy más de tres mil niños indocumentados en Estados Unidos permanecen detenidos o con tutores sustitutos, separados de sus padres. Desde hace más de 75 años, quienes estudiamos el desarrollo socioemocional de los seres humanos, sabemos que el trauma de la separación de padres/madres e hijos/as tiene efectos devastadores con consecuencias negativas a largo plazo en el futuro emocional de los mamíferos, incluyendo por supuesto a los seres humanos. Las separaciones que están ocurriendo en la frontera, este castigo, esta lección que Trump nos quiere dar para no quebrantar la ley, está violando otras a su vez. Principalmente ignora los derechos humanos, específicamente los de los niños/as, población ya de por sí vulnerable y desatendida.

Señor Trump: Los paradigmas sobre el desarrollo y educación de los niños/as han cambiado radicalmente en los últimos años. Las primeras ideas sobre el desarrollo de los niños/as se dieron apenas en la década de 1910. Previo a esto, a los niños/as se les consideraba como pequeños adultos en lugar de tomar en cuenta que es una etapa de desarrollo hacia la adultez con necesidades y condiciones diferentes, en donde todo lo que en ella ocurra tendrá repercusiones futuras individuales y sociales. Desde 1910 hasta principios de los 40, cuando se dio el boom del conductismo, los médicos y psicólogos tendían a aconsejar que a los niños/as no se les debía mostrar afecto explícitamente, por ejemplo, besarlos o abrazarlos porque esto resultaría en niños débiles y dependientes. El desapego forzoso de los niños/as hacia los padres sería la respuesta para crear adultos fuertes e independientes. El trabajo de los padres se reducía a poner límites y cubrir necesidades básicas como comida y limpieza.

El estrés temprano tiene efectos en la salud física y emocional de las personas, impactando su estructura cerebral, respuesta inmune e incluso teniendo consecuencias a nivel transgeneracional

Durante y después de la Segunda Guerra Mundial, psicoanalistas de niños y pediatras como Rene Spitz o Anna Freud estudiaron los efectos de la separación en infantes y niños/as que perdieron a sus padres/madres a causa de la guerra. Siguiendo este trabajo, John Bowlby, el psiquiatra británico y padre de la Teoría de Apego, estudió los efectos de la institucionalización de niños/as en hospitales y orfanatos. Demostró que la necesidad de apego está biológicamente predeterminada y es tan importante como cualquier otra, por lo tanto, al no estar cubierta, se compromete la salud de los niños/as resultando en efectos y consecuencias físicas y psicológicas causadas por la deprivación de contacto; por ejemplo: ansiedad aguda, necesidad excesiva de amor, sentimientos poderosos de venganza acompañados de culpa y depresión.

Actualmente sabemos que los niños/as en edad escolar también presentan síntomas como resultado de la separación. La necesidad de conexión hacia figuras de apego persiste durante todo el desarrollo. Los niños/as confían en que sus padres/madres estén disponibles, particularmente cuando están viviendo una situación de peligro o se sienten inseguros. Posterior al trabajo de Bowlby, varios seguidores de la Teoría de Apego en conjunto con neurocientíficos han estudiado cómo el estrés temprano tiene efectos en la salud física y emocional de las personas, impactando su estructura cerebral, respuesta inmune e incluso teniendo consecuencias a nivel transgeneracional. Sería similar exponer a estos niños/as a radiación, el resultado devastador no cambia mucho.

Parece que es en el paradigma conductista en el que está insertado el actual presidente de Estados Unidos, y no porque lo haya estudiado, eso está claro, sino porque probablemente le tocó vivir este estilo de crianza. Si nos insertamos en el paradigma conductista, se espera que los padres/madres regañen o castiguen a los hijos/as cuando estos/as no realicen una conducta esperada. Por ejemplo, si se espera que un niño/a realice la tarea y no la hace, se le castiga o regaña, en lugar de preguntarle sus razones para ir a la raíz de la situación. El problema viene cuando el niño/a acaba en tal descontento emocional que no puede aprender la lección. Además, si el padre/madre se encuentra alterada o enojada, el niño o niña no va a entender lo que se le quiere transmitir, lo que va a aprender, percibir y lo dejará marcado, será la emoción con la que se transmite el mensaje.

La similitud con la política migratoria es clara, papá Trump, que por cierto compite sino es que le gana a Tywin Lannister, Stannis Baratheon o Luisito Rey, quiere darnos una lección de manera equivocada, porque ni siquiera el mensaje que quiere transmitir es claro ni va a llegar a sus destinatarios. Ni los ciudadanos ni otras personas que planeen cambiar su residencia a Estados Unidos recibirán el mensaje de no seguir cruzando varias fronteras, porque en principio, nadie de nosotros está en condición de aprender nada con este malestar que nos aqueja derivado de esta política pública basada en la creencia de un gabinete que hace caso omiso de los hallazgos científicos.

A nosotros mexicanos nos quedan varias tareas. Primero, voltear a ver la frontera sur y ver qué tan científicos estamos siendo. Segundo, tomar en cuenta que nuestras acciones individuales cuentan para el cambio. Por ejemplo, recoger y separar nuestra basura, plantar árboles, ceder el paso a los peatones, o cualquier manifestación de respeto a nuestros semejantes. Sin embargo, en el sistema democrático, las políticas públicas no las podemos proponer ni cambiar nosotros directamente, sino a través de los representantes que elijamos. Actualmente una política pública es la que está devastando la vida de miles de personas y no será nada fácil esa recuperación ni a nivel individual ni social, si es que incluso se puede dar. A Melania habría que decirle: Of course we have to care, ¿cómo es que a ti no te importa?

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