Voto 2018
La carrera electoral, del centro a la derecha
Por Gilberto P. Miranda
De seis candidatos, cuatro tienen un perfil más bien conservador. AMLO es el único que hace equilibrio entre la izquierda y la economía de mercado.

 El tiempo avanza implacable hacia el 29 de marzo, cita para comenzar la última etapa de una carrera que hace mucho comenzó. La precampaña terminó y removió. Los cuartos de guerra de los tres principales aspirantes presidenciales estarán sacando sus conclusiones y velando armas.

El maestro Cosío Villegas dejó claro que la sucesión presidencial ha sido el gran motor histórico de este país y 2018 no ha sido la excepción. Mientras llega la hora marcada, analicemos el estado de las cosas.

1. Tiempos electorales y la formación de mayorías débiles. La introducción del periodo denominado "inter-campañas" parece resultar de bajo valor y practicidad. En México hace buen tiempo que debería haber segunda vuelta electoral, pues además de elecciones cuestionadas, estamos generando mayorías débiles.

La presidencia se gana aproximadamente con un 35% con una participación aproximada del 60% del padrón. Lo anterior significa que poco más del 20% de la ciudadanía con derecho a votar acaba decidiendo la presidencia. Inevitablemente, esto debilita la legitimidad de quien resulte electo.

Es el tema que se encuentra en la espina dorsal de nuestro sistema político, pues como advertía Zygmunt Bauman, la crisis de la democracia puede definirse como el colapso de la confianza. En este sentido, el periodo de precampañas funciona en los hechos como una segunda vuelta camuflada, donde se van dibujando quiénes serán los dos principales contendientes. Del periodo inter-campañas, baste decir que es el equivalente a calentar para un partido y después volverse a sentar por una hora antes que comience.

2. Se dibujó una tendencia en los finalistas. Si bien no puede descartase a ninguno de los tres punteros, el primer tiempo de esta campaña sí dejó una tendencia. El agregado de las principales encuestas nacionales realizado por el proyecto Oraculus arroja como puntero a AMLO con un promedio de 38 puntos, a Ricardo Anaya como el más cercano perseguidor con un promedio de 29 puntos y José Antonio Meade en tercer sitio con 22 puntos.

Las cifras mencionadas cobran mucho más relevancia al ser vistas en su tendencia temporal. Tras la prolongada e intensa presencia pública y exposición en medios tradicionales y digitales, AMLO se mantuvo estable, creciendo un par de puntos entre noviembre y febrero. Anaya, por su parte, fue quien registró mayor crecimiento en el mismo periodo, al crecer 5 puntos en su intención de voto. Meade fue quien tuvo el peor desempeño en el periodo, pues se mantuvo estancado en el tercer puesto, incluso registrando un ligero decrecimiento.

La tendencia en términos de línea política ha resultado en que la batalla por el segundo sitio se convierta en una serie de ataques y descalificaciones, acompañadas de nuevas revelaciones mediáticas, entre los campamentos de Anaya y Meade. Si bien el candidato del Frente logró hacerse del segundo sitio, este avance probablemente tendrá un costo, pues ha enfrentado nuevas acusaciones de lavado de dinero y corrupción.

AMLO conoce lo que es ser puntero indiscutible, pero también lo que es ver una ventaja desvanecerse. En ese sentido, su estrategia ha sido la moderación para contrarrestar la nueva edición de ataques añejos, además de la evidente necesidad de crecer apelando a indecisos, decepcionados y nuevos votantes. Se le nota mucho más cómodo y sereno que en sus intentos anteriores. También habría que destacar el acierto de usar el humor para capotear ataques disparatados, como la liga con los rusos, al autonombrarse "Andrés Manuelovich". Su precampaña no estuvo exenta de equivocaciones: se metió en un problema discursivo con el tema de la amnistía, que planteó como una suerte de proceso de paz, pero que fue hábilmente aprovechado por sus rivales para hacer un spin hacia la impunidad. La llegada de personajes polémicos, en particular el líder sindical Napoleón Gómez Urrutia, también han tenido su costo político.

3. Independientes: fuera de la competencia, dentro de la influencia. El agregado de Oraculus muestra que de noviembre a la fecha, los independientes no solo no han levantado, sino que se debilitan. Margarita Zavala sigue siendo la opción con mayor registro, pero perdió durante estos meses casi la mitad de su intención de voto. Jaime Rodríguez no ha logrado salir de un rango de entre 3 y 4 puntos. Ríos Piter no existe. Hasta ahora, la tendencia indica que ninguno de los independientes tiene oportunidad de triunfo, pero sí podrían influir ya sea restando votos a los tres punteros ─siendo el caso Zavala a Anaya el más evidente─ o eventualmente negociar su apoyo.

4. Una elección que tiene el conservadurismo como sello sutil. Hasta ahora, la agenda de la elección ha estado más en señalamientos y sospechas de corrupción que en temas concretos. Sin embargo, poco se ha reflexionado acerca del hecho que de las seis opciones que están en la boleta, cuatro son de derecha (Meade, Anaya, Zavala y Rodríguez), uno que quizá podría llamarse de centro (Ríos Piter) y una única opción de izquierda (López Obrador), que en términos de izquierda es bastante moderado. Habrá que ver los temas que adopten como principales banderas, pero hasta ahora, AMLO es el único que ha esbozado un proyecto de nación que combina elementos de un estado de bienestar en una economía de mercado.

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