Política
2018: elige entre Ricardo Anaya y López Obrador
Por Raúl Tortolero
Los saldos de la precampaña que al cerrase se concentra cada vez más en torno a dos coaliciones: el Frente y Morena. El análisis.

Los esfuerzos del PRI en apoyo a su aspirante a la Presidencia de México no están dando resultado alguno. Es más que evidente. De hecho, el precandidato por esas siglas, José Antonio Meade, tal vez cuenta con una aceptable preparación académica, y es una "buena persona", pero al estar en sus eventos, con la gente, necesita mucho más que esas características, ya que simplemente no logra entusiasmar a su público. Estos naufragios tienen consecuencias.

Y esto es explicable. ¿Por qué habría de contagiar motivación un aspirante de un partido cuyo gobierno está reprobado en la aceptación del público desde hace innumerables meses? ¿Cómo puede alguien normal experimentar alegría si el partido que postula a Meade tiene un presidente de la República y un gabinete, que no han hecho sino sumergir al país en una crisis de inseguridad, la más grave en la historia reciente, además de haber aplicado pésimas medidas fiscales y tomado decisiones económicas equivocadas?

Largas preguntas, que encuentran una breve respuesta: por eso no crece Meade en las encuestas. Y luego de semanas de que el PRI ha intentado alcanzar ese despunte, sin frutos, el escenario inmediato que se dibuja ya es el siguiente: la batalla por la presidencia de México será entre López Obrador y Ricardo Anaya. El PRI y sus aliados están en la lona, y con el peso que cargan por sus pésimos resultados de gobierno, no podrán ya levantarse.

Pasamos así al escenario que hoy nos ocupa. El electorado tendrá que optar por Ricardo Anaya, o por Obrador. Escoger a Obrador es sin duda ir por un cambio, pero un cambio muy contraproducente. Puede resultar mucho peor la "medicina" que la enfermedad. Son innumerables las razones por las que los votantes no deberían irse con la finta ante el tabasqueño: se trata de un perfil mesiánico, no de un gobernante respetuoso de las leyes; un gobernante aplica la ley con justicia, no "perdona" como si fuera un dios que redime a quienes caen en el pecado. Una verdadera autoridad gubernamental brinda justicia, no amnistía para los narcos. Ya con estos pocos casos queda ejemplificado que Obrador piensa y gobernaría más allá de las leyes vigentes, a capricho, sin apegarse a la Constitución.

¿Por qué? Porque el de Macuspana es alguien que está calculando su propia trascendencia histórica, que se visualiza como un nuevo Benito Juárez, o un nuevo Lázaro Cárdenas, como si se pudieran calcar o aplicar los mismos conceptos y esquemas decenas de años más tarde, en circunstancias totalmente ajenas.

Sólo hace unos días Obrador tuiteó: "Antes en La Fraylesca se producía mucho maíz, pero desde los tiempos de Salinas, el gobierno acabó con el fomento al sector agropecuario. Vamos a establecer precios de garantía y se producirá en México lo que consumimos." "Precios de garantía" significa el intervencionismo del Estado en los mercados... para mal. Esto quiere decir que se tiene que subsidiar al maíz.

Pero ¿de dónde saldría el dinero para esos subsidios? No de la bolsa de Obrador, sino de la bolsa de todos los mexicanos. De los impuestos, para ser más claro. ¿Por qué no menciona entonces en otro tuit que para poder cumplir su sueño de que en México haya unos ciertos precios para el maíz, habría que subir los impuestos? Y peor aún, resulta bastante más caro que México produzca todo el maíz que consume, que comprarlo en donde ya se hace. Traducción: para cumplir el sueño de Obrador, la economía se va a ver muy afectada. Pero nada de esto es aclarado por el aspirante eterno a la presidencia.

En cambio, Ricardo Anaya tiene un liderazgo muy distinto. Es un político que antes de hablar razona bien lo que dice, que conoce bien sus propuestas antes de difundirlas. Por esa preparación, y porque es elocuente, es muy buena espada en los debates y su congruencia da confianza.

Anaya representa un cambio, pero es un cambio en el sentido correcto, un cambio inteligente, democrático, por el bien común, con fundamentos. Es un cambio a un estado mejor para México, no un salto al abismo. Éstas son las opciones para la jornada electoral de este año: Anaya u Obrador. Las otras opciones, pequeñas, verán cómo sus seguidores se alinean con Anaya y la coalición Por México al Frente, porque habrán entendido que nuestro país no está para hacer experimentos y terminar como Bolivia o Venezuela, donde la gente sabe cómo llegaron sus "autoridades" al gobierno, pero no saben cuándo se van a ir... Es la hora de luchar.

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