09.04.2017
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Bannon vs. Kushner: en Trumpland ya ganó el establishment
Por Hernán Sarquis
La pelea entre los ultras de Bannon y los progres de Kushner terminó con un triunfo para Ryan y el establishment, que ya tomaron el control.

La era de Steve Bannon, y el resto de la alt-right al interior del gabinete, podría estar a punto de llegar a su fin. A poco más de dos meses de que iniciara, la administración de Donald Trump se ha estado desmoronando poco a poco. 

Hay que resaltar que la que termina es quizás la mejor semana del presidente. Sus dos grandes "triunfos" fueron un bombardeo en Siria y la aprobación del ministro Gorsuch para la Suprema Corte, misma que tuvo un altísimo costo político y acabó con 200 años de tradición parlamentaria. Los republicanos en el Senado se vieron forzados a usar la opción nuclear y aprobar a Gorsuch sin el voto demócrata.

Medios como el New York Times y Politico han estado reportando que los rumores de una salida de Bannon han crecido los últimos días. La primera señal fue su salida del influyente Consejo de Seguridad Nacional y el aún más importante comité principal. No sólo es la salida, sino la forma en que fue anunciada, sin un pronunciamiento oficial de Trump agradeciendo a Bannon o reafirmando su rol al interior de la administración. 

Lo que se reportó en aquel momento fue que el general H.R. McMaster, quien reemplazó a Michael Flynn como consejero de seguridad nacional, había puesto como condición para tomar el puesto la salida de Bannon del Consejo.

Bannon se supone que representa al sector nacionalista del electorado de Trump. Su presencia enviaba un mensaje fuerte y claro a los ultras

Después se reportó que Trump había expulsado a Bannon de varias reuniones importantes durante la semana, lo que fue interpretado como otra señal de su posible salida de la Casa Blanca. Es bien sabido que Trump no es adepto a compartir los reflectores, y Bannon ha sido señalado por los medios de corte progresista como el poder detrás del trono y el verdadero tomador de decisiones. Incluso apareció en la mítica tapa de la revista TIME, de la que Trump ha presumido tener el record de portadas, aunque se sabe que Adolf Hitler le gana en ese rubro.

Ayer informaron varios medios que, buscando limar asperezas, Bannon se habría reunido con Jared Kushner, yerno del presidente y uno de sus colaboradores más cercanos. Kushner, de 36 años, ha sido puesto al frente de una cantidad absurda de responsabilidades y proyectos, desde "adelgazar" al gobierno federal, hasta literalmente lograr la paz en medio oriente, como si se tratase de un proyectito para ejecutar en sus ratos libres.

Jared, hijo de Charles Kushner, supuestamente representa el lado más progresista del gabinete. Él y su esposa se identificaban como demócratas hasta hace poco, y eran amigos muy cercanos de Chelsea Clinton, hija de Hillary y Bill.

Durante la campaña, el matrimonio Kushner fue vendido a la opinión pública como la brújula moral de Trump, quienes lucharían por combatir el calentamiento global y defenderían los derechos de las mujeres. Hasta ahora ha sido pura publicidad. Trump se ha dedicado a destruir los esfuerzos de Obama en estos dos rubros, y ha acabado, por ejemplo, con decenas de protecciones laborales para las mujeres y prácticamente aniquiló las regulaciones y el presupuesto de la Agencia de Protección Ambiental. 

Kushner proviene de una prominente familia de constructores, y comparte un pasado similar al de su esposa Ivanka. Abuelo sobreviviente del holocausto llegó sin nada y construyó un imperio que su hijo continuó. En 2005 Charles, su padre, fue sentenciado a dos años de prisión federal en New Jersey por evasión fiscal, manipulación de testigos y otros cargos relacionados con donaciones a campañas políticas. El fiscal que lo persiguió fue el actual gobernador del estado y aliado de Donald Trump, Chris Christie. Se dice que esta enemistad con el padre de Jared fue la que le costó una posición en el gabinete de Trump. Sobra decirlo, Jared Kushner carece de experiencia en política exterior o administración pública.

El matrimonio Kushner fue vendido a la opinión pública como la brújula moral de Trump, quienes lucharían por combatir el calentamiento global y defenderían los derechos de las mujeres.

Al otro lado del espectro del presidente está Steve Bannon, cuya lealtad durante la campaña fue premiada con la posición de estratega en jefe y, por tiempo corto, miembro del Consejo de Seguridad Nacional. Bannon es un ex banquero de Goldman Sachs con una breve carrera en la Marina y el Pentágono a inicios de los 70. También ha producido un puñado de películas mediocres y documentales derechistas, y es ex presidente del portal por excelencia de la derecha más radical y racista: Breitbart. Se trata de otro caso en el que el presidente premió la confianza con posiciones para las que sus amigos y familiares no estaban calificados.

Bannon se supone que representa al sector nacionalista del electorado de Trump. Su presencia enviaba un mensaje fuerte y claro a los ultras que colaboraron con memes y activismo a lo largo de la campaña: el proteccionismo anti intervencionismo serían parte fundamental de la agenda.

Resulta trágico para sus votantes, pero la reputación anti sistema de Trump no le alcanzó ni para los primeros cien días. Ni la agenda pro gay, pro mujer y pro medio ambiente de Kushner e Ivanka, ni la filosofía apocalíptica y anti global de Bannon se han traducido en acciones. Ya sea por pereza, conformismo o incapacidad, hasta ahora el gran ganador con la presidencia de Trump ha sido el establishment republicano tradicional, a quienes tanto castigó en las primarias sólo para entregarles todo el poder una vez en la Casa Blanca.

Primero permitió y avaló la propuesta de salud de Paul Ryan, donde pretendían regalar 600 mil millones en recortes fiscales a los millonarios, y retirar cobertura de salud a 25 millones de sus propios votantes. Luego acabó con las protecciones y libertad en internet, que sus seguidores tanto atesoraban; y su promesa de un verdadero muro fronterizo se antoja cada vez más distante; sin mencionar la renegociación del TLCAN, que probablemente será un mero formalismo.

Finalmente, el jueves pasado Trump cortó la última línea que lo unía a su espíritu rebelde: apenas una semana después de insistir que no intervendría con el gobierno de al Assad, no pudo resistir la tentación de bombardear Siria y convertirse en un presidente republicano del montón. A juzgar por la respuesta positiva que su decisión tuvo en los medios, apuesto que no será la última acción militar que tome en su presidencia.

A estas alturas da igual si saca o no a Bannon de la Casa Blanca, en la práctica el estratega ya abandonó el edificio hace semanas. Da igual también si le da otras cuatro chambas y dos proyectos más a Kushner, la realidad es que el presidente ya cedió ante el partido. Trump nos ha salido más papista que el papa; más ryanista que Ryan.



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