Francia08.05.2017
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Un triunfo que le da aire a Peña en la pulseada con Trump
Por Ignacio Fidanza
La demolición de Le Pen cortó la racha populista y debilita al ala más radical de Trump que rechaza el TLCAN.

Fue notable. El gobierno de Enrique Peña Nieto reaccionó ante el triunfo del liberal Emmanuel Macron, con un entusiasmo que acaso se explica por el duro golpe que la caída de Marine Le Pen significó para los conservadores de la alt rigth de Stephen Bannon, ideólogo del proteccionismo antimexicano de Donald Trump.

"México continuará fortaleciendo su alianza estratégica con Francia, ahora con el Presidente Emmanuel Macron", festejó en Twitter el presidente Enrique Peña y publicó dos fotos junto al electo presidente de Francia. Atrás suyo, el canciller, Luis Videgaray, agregó su foto junto a Macron, en las que se los ve todos sonrisas, como dos viejos compañeros de estudios. Después de todo, ambos pasaron de las finanzas a la política.

El entusiasmo es comprensible para un gobierno que ha hecho de su antagonismo con el populismo no sólo un eje de política exterior, como se ve en el creciente endurecimiento ante el régimen del venezolano Nicolás Maduro; sino también de política interna, en su crítica a Andrés Manuel López Obrador, al que busca emparentar con esas posiciones.

Otorgó además este joven político francés una bocanada de aire fresco a la administración de Peña Nieto en la guerra fría que mantiene con Trump, que venía de festejar el Brexit y amenaza semana por medio con dinamitar el TLCAN.

Los proyectos en pugna son claros: Trump y sobre todo su ideólogo Bannon creen en un mundo que retome el viejo mercantilismo de fronteras cerradas y cuestionan la globalización, además de trazar una política de línea dura contra los inmigrantes. En esa ruta se cruzan no sólo con el Brexit sino con Le Pen, que hizo del abandono de la Unión Europea su principal bandera.

Una hoja de ruta, que si se explora una densidad mayor, lleva a Moscú y la sospecha de que allí se ubica un motor de estos movimientos, que buscan trastocar el asediado orden mundial de las últimas décadas, como parte de un proceso para que Rusia recupere su posición de potencia de primer orden. La tensión con Europa es en ese sentido, tan antigua como actual. Lo mismo que la utilización de la ideología para avanzar posiciones geopolíticas en beneficio propio. Y México con elecciones presidenciales en la puerta, no está exento de esos riesgos.

No es un secreto que Rusia es hoy el principal sostén del régimen de Maduro, que busca reemplazar a través de la petrolera estatal Rosfnet, el apoyo financiero de los chinos que se hartaron del pésimo manejo económico del chavista.

Rusia está en contra del proyecto de la Unión Europea y su alianza con Estados Unidos a través de la OTAN, en la que ve una de las causas de su retroceso político. Toda cizaña que pueda meter en esa relación será bienvenida en Moscú.

En esa madeja no juega un rol menor el secretario de Estado, Rex Tillerson, ex CEO de Exxon que hizo grandes negocios petroleros con Rusia -amigo personal de Putin y del presidente de Rosfnet, Igor Sechin-. Se trata de un texano pragmático a quien la oposición venezolana ve como una fuerza en el gabinete de Trump que contiene al magnate para que su condena al régimen de Maduro no pase del plano retórico.

Tampoco es novedad que la Rusia de Putin apoyó la campaña de Trump y es investigada en Estados Unidos por instrumentar en suelo estadounidense una guerra de información a favor del magnate, que al viejo estilo de la KGB combinó la difusión de noticias falsas - ahora a través de Facebook- con el hackeo de los servidores del Partido Demócrata y de la propia Hillary Clinton. Dinámica que se repitió en esta elección con los ataques a Macron del ariete ruso Sputnik y el inefable Breitbar News de Bannon.

Por eso, no fue casual que unos día antes de los comicios franceses, Barack Obama haya roto su sobriedad de ex presidente para apoyar públicamente a Macron. Así de importante era lo que estaba en juego en Francia.

Rusia está en contra el proyecto de la Unión Europea y la alianza a través de la OTAN con Estados Unidos, en la que ve una de las causas de su retroceso geopolítico. Toda cizaña que pueda meter en esa relación, a uno y otro lado del Atlántico, será bienvenida en Moscú.

Macron, que ya decidió que su primer viaje como presidente electo será a Berlin para encontrarse con su amiga Angela Merkel y relanzar la Unión, acaso vivió en carne propia las consecuencias de esa determinación: Menos de 48 horas antes de la elección, su equipo de campaña sufrió un hackeo masivo de sus cuentas. Pero esta vez no alcanzó para descarrilar al candidato. 

Ese es el trazo grueso, pero como suele suceder cuando un orden está asediado y al mismo tiempo el nuevo no termina de surgir, hacia adentro de la discusión, los matices son infinitos y las posiciones mutan a veces con velocidad inesperada. Lo que prevalece es la volatilidad.

De hecho, la derrota de Le Pen no debería alentar optimismos exagerados. La vigencia de opciones populistas es una de las expresiones del agotamiento evidente de un orden mundial que deja al costado del camino a casi tantas personas como las que incluye. Un malestar que quedó en evidencia incluso en la elección de este domingo, que tuvo un récord histórico de abstención y voto en blanco.

Es por eso que lo de Francia es tan importante. Trump ha oscilado desde el inicio de su gestión, entre la tentación ideológica de Bannon y la búsqueda de "resultados", que lo aleja de sus asesores más radicalizados cuando intuye que lo llevan al fracaso. No es un fanático sino un hombre de negocios y sobre todo, un adorador del éxito. En ese sentido, el ascenso fulgurante de Macron al poder, podría funcionar sobre el magnate como una fuerza que modere su antiglobalismo y en consecuencia, termine beneficiando la posición de México por la continuidad del TLCAN. Se verá.

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