Política12.03.2017
(0)guardarlectura zen
Sólo Trump podría desenmascarar a AMLO
Por Jesús Pérez Gaona
Un luchador grecorromano neonazi contra el Chapulín Colorado de Tabasco. La dimensión catch de la política.

Hace un mes, un catedrático de la Universidad Pablo de Olavide en Sevilla escribió para la revista Alexia el ensayo «Donald Trump y el pressing catch». De entre todo ese mar de literatura interpretativa que explotó a partir del triunfo electoral del magnate republicano, el trabajo del profesor Rubén Díaz sobresale como una propuesta original y que, al fin, pone el punto sobre las íes.

Para empezar, haciendo uso de Roland Barthes, Díaz propuso la hipótesis de que el presidente Donald Trump es en realidad un personaje que inventó el empresario Donald Trump, no para la campaña electoral del año pasado, sino -desde los ochenta- para sus apariciones especiales en los duelos de la lucha libre norteamericana.

«Trump es un cautivador multimillonario que lucha en la sala de juntas con la misma agresividad que en el cuadrilátero. [...] Por encima de todo, es un declarado macho alfa cuyo mayor placer reside en pronunciar dos palabras: ¡Estás despedido!», se lee en la biografía oficial del mandatario como miembro del Salón de la Fama de la WWE.

A partir de esa popular historia de Donald con la compañía de Vince McMahon, el profesor Díaz exploró una dimensión poco conocida de la política norteamericana: la política catch, la cual es «mucho más extrema que la política-espectáculo», y donde las artimañas, el abuso de obscenidades, las mentiras, son permitidas por espectadores que miran el ring, mientras ignoran a los medios y proponen su propia versión de la pelea («alternative facts»).

Trump es un declarado macho alfa cuyo mayor placer reside en pronunciar dos palabras: ¡Estás despedido!

«El éxito de Trump, la clave que le ha llevado a la Casa Blanca, ha sido convertir a sus adversarios políticos en personajes de un universo en el que él, por ahora, es el ganador (con el permiso de Snoop Dog). Puede que el fracaso de Sanders o Clinton haya sido no saber construir su propio personaje para combatirlo en el ring de la política-catch», afirmó el experto en estructuralismo francés.

Un supervillano enfrentará a un pejelagarto

Ante el reto al nivel de Los Simpsons de quien ocupa hoy el Despacho Oval, al sur del Río Bravo pocos políticos están en mejor situación que Hillary durante la campaña.

No imagino a la esposa de Felipe Calderón responder de modo distinto a como lo hizo la demócrata si alguien la llamara «nasty woman». Tampoco veo a Osorio Chong estar a la altura de quien lo acuse de ser responsable de los males de EEUU por partida doble, tener ascendencia china y mexicana; además de pertenecer a los «bad hombres», por priista.

En cambio, el vocero presidencial de Trump ya dio un guiño a AMLO. No nos preocupa que el señor López -«el más antiestadounidense, el más hostil a EEUU de entre todos los candidatos»- sea el próximo presidente de México. Así lo dijo esta semana Sean Spicer.

Antes de subir al ring hay que blofear, como también lo hizo Morena con acudir a la ONU.

Andrés Manuel López Obrador trepó con éxito al Celebrity Deathmatch de los supremacistas blancos. No sólo sabe que la ex primera dama y el gabinete de Peña están perdidos, pues son los culpables de que esta intervención militar disfrazada de diplomacia se saliera de control y se volviera contra ellos mismos; también, el líder de Morena cuenta con un personaje para expulsar al invasor, al menos en apariencia.

A la derecha mexicana le fascina igualar a AMLO con el horror en turno: manejará las finanzas como Echeverría o López Portillo, será tan dictatorial como Fidel Castro, promoverá un populismo a la Hugo Chávez, su discurso de odio es idéntico a Trump.

Dicen que soy como Trump, no manchen.

Para esta última comparación, el tabasqueño no tardó en encontrar una respuesta ad hoc: «Dicen que soy como Trump, no manchen», escribió el Peje, ese personaje irreverente que inventó para increpar a Vicente Fox (otra caricatura a la que le encanta polemizar con el gringo). Pero no, la máscara de AMLO es más bonachona de lo que aseguran sus adversarios; está construida sobre una base maderista-cardenista y es personificada por Héctor Bonilla con la indumentaria de Superbarrio Gómez. Nada que haga temblar al presidente de EEUU, o que inspire resonancias en buenos amigos anticapitalistas.

¡Máscara contra cabellera (o peluquín)! De ahí que el profesor de Sevilla escribiera: «En un combate de catch el público no busca la autenticidad, sino la imagen de la autenticidad, el espectáculo de la autenticidad: su representación simplificada». «La apariencia de la verdad», añadiría alguien a quien no le gustan las guerras de a mentiritas, Henry Kissinger.

Por ahora, de acuerdo con las nuevas coordenadas políticas, deberíamos hacer apuestas y elegir un bando: con el cheeto o con el pejelagarto. Yo prefiero a mi desgarbado pasamontañas.

Publicar un comentario
Para enviar su comentario debe confirmar que ha leido y aceptado el reglamento de terminos y condiciones de LPO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento de terminos y condiciones será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.