Estados Unidos14.02.2017
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La caída de Flynn, marca la primer derrota de Bannon
Por Milton Merlo
El gabinete profesional logró la primer baja en el entorno que controla el Salón Oval.

El mejor análisis en Los Pinos referido a la salida de Michael Flynn de la Casa Blanca lo aportó, en las últimas horas, Frank Guzmán, que acompañó a Luis Videgaray a Washington. Mientras el canciller hablaba, Guzmán tenía la posibilidad de observar en vivo el funcionamiento del entorno directo de Donald Trump. 

Según esta tesis, Flynn (que es acusado de negociar en secreto con altos oficiales rusos) no deja el cargo por las quejas de los demócratas, por las revelaciones del Washington Post o por los empresarios amigos de Trump: Flynn queda fuera de juego por la influencia de James Mattis (jefe del Pentágono) y John Kelly (Seguridad Nacional). Ambos ex comandantes en la zonas más calientes del mundo no pudieron aceptar que un asesor negocie con el Kremlin temas de defensa y mucho menos justificarlo ante los altos mandos de Washington.

Es la primera batalla que el gabinete le gana a los entornistas del Salón Oval. Esta idea es la que motivó la última aparición de Enrique Peña Nieto para decir que ningún estado le impondrá nada a México. En Los Pinos empiezan a registrar que frente a ciertas corporaciones Trump deberá ceder o al menos moderarse. Ahora el desafío es aprender a capitalizarlo. La salida de Flynn es una derrota para el microclima de la Casa Blanca (tenía todo el respaldo de Steve Bannon) y la demostración de que el gabinete comienza a tomar vuelo propio.

La caída de Flynn es la primer batalla que el gabinete le gana a los entornistas de Trump que lidera Bannon. Una fisura que la administración de Peña Nieto podría capitalizar si juega sus fichas con inteligencia.

Por ideología, procedencia y costumbres, los hombres elegidos para el gabinete de Trump son los que cualquier líder republicano elegiría. El problema es que el magnate descubrió la política recientemente entonces optó por el pragmatismo y así como la economía la manejan empresarios millonarios, la seguridad está en manos de generales condecorados, de fuerte predicamento en su ámbito natural. Un ámbito que apoyó a Trump cuando casi nadie lo respaldaba en una campaña que ahora parece lejana.

Esa imagen de figuras fuertes, de ganadores en diferentes campos contrasta con el mundo de la Casa Blanca. Frente al éxito económico y el prestigio profesional del gabinete aparece un grupo de amateurs en la política como Bannon, Kellyane Conway, Jared Kushner, Stephen Miller y Peter Navarro, que hasta ahora venían imponiéndose como se demostró cuando descarrilaron la negociación con México.

Se trata de asesores que comparten un fuerte sesgo ideológico y una visión permanente de "cómo debe ser el mundo" pero que en la realidad sus logros personales no son para nada sorprendentes (basta con repasar cómo era el equipo de Barack Obama).

El pragmatismo del gabinete - que el Senado confirma a paso lento - es la principal autopista de Trump hacia el realismo y la moderación, hacia entender que existen ciertas convenciones sobre las cuáles ya es muy difícil hacer cambios drásticos. Entender la lógica de ese staff, sus jugadores clave y las estructuras de poder que lo rodean (el llamado "Deep State") es la tarea urgente del Gobierno de Peña. Puede ser la clave para evitar la "película de terror" de la que habla Agustín Carstens.

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