Justicia
La Corte ya espera por AMLO
Por Milton Merlo
El juego de poder interno. La pelea salarial. Peña Nieto en el centro de la escena.

Pasadas las once de la noche del domingo electoral la Suprema Corte de Justicia emitió por Twitter un mensaje que pasó casi desapercibido, en el cual era felicitado Andrés Manuel López Obrador. Una manifestación inmediata y totalmente atípica a los modos del máximo tribunal y que su presidente Luis María Aguilar debió explicar a sus pares al día siguiente. Algunos integrantes del tribunal consideraron que había sido demasiado apresurado, especialmente si se considera que a 15 días de esa noche histórica todavía no hay encuentro programado entre el próximo presidente y la Corte.

Esa distancia sigilosa está alimentando un clima de ánimos enrarecidos que ahora se registra en los principales despachos del tribunal. Tensión que alcanzó su pico cuando AMLO le mandó a decir a Aguilar, a través de un prominente empresario, que ningún juez de la Corte podrá ganar más que el presidente. Hablamos de 108 mil pesos mensuales. El desasosiego de los ministros se entiende si se considera que se trata del tribunal mejor pago de América Latina, solo igualado, en algunos casos, por la Corte chilena. Y cada ministro tiene un staff de aproximadamente 50 personas.

Los jueces Eduardo Medina Mora, Jorge Pardo Rebolledo y Alberto Pérez Dayán (de la Sala Segunda) están configurando un primer grupo duro de marcada oposición para con el Gobierno que viene. Celebran reuniones reservadas, convocan a magistrados y jueces, conversan con figuras de la política. Pardo es el más molesto con el resultado electoral porque pensaba que iba encaminado a ser el próximo titular del máximo tribunal.

Este grupo cultiva la tesis de que AMLO podrá hacer profundas reformas legislativas a la Constitución pero que al final del día el destino de esas alteraciones se jugará en la calle Pino Suárez. Repiten el mantra de que el Congreso es la expresión de la voluntad popular pero que a veces la voluntad popular también puede violentar el Estado de Derecho. Y que la Corte debe ser la última frontera para evitar que eso ocurra. Una filosofía, por cierto, muy habitual en los altos magistrados de la región. Sin esa idea es imposible entender algunos de los principales conflictos de Brasil y Argentina de los últimos años.

Los ministros de corte conservador siguen de cerca con atención la buena predisposición de AMLO a la injerencia de actores externos para resolver situaciones internas (como Ayotzinapa) bajo el formato de "comisiones". 

·¿Que ocurrirá en su sexenio cuando los tribunales de segunda instancia ordenen comisiones para investigar a su Gobierno?, ¿Esas también las integrarán actores del exterior?", deslizó Medina Mora hace diez días en un encuentro con magistrados. Es un convencido de que este tipo de grupos a la larga son un boomerang que se estrella contra quienes los impulsan inicialmente.

Otro punto de incertidumbre: la Ley de Seguridad Interior. Los ministros ahora creen que AMLO quiere esa norma porque la podría necesitar por cuestiones de orden interno. Recuerdan que en la campaña siempre eludió hablar de ese cuerpo legal impulsado por el actual Gobierno y reclamado por la cúpula militar. El conocimiento de esa necesidad podría alterar ciertas visiones del tribunal. Más aún si crece la pelea por los recursos.

La Corte observa la transición con detenimiento. Recuerdan que en el 2000 Ernesto Zedillo quedó en un tercer plano tras el triunfo de Vicente Fox. Ahora descubren un fenómeno diferente: Enrique Peña Nieto mantiene un cierto nivel de centralidad que administra en sintonía con los gobernadores que le quedan al PRI. Esto le resulta de vital interés a los ministros porque esperan que Peña Nieto sea quien designe a un nuevo integrante del tribunal en la segunda quincena de noviembre. Confían en que esa nominación sea parte de un gran acuerdo entre Los Pinos y AMLO: una transición ordenada a cambio de ciertos asuntos estructurales.

Resta por conocer si dentro de esa gama de conversaciones se incluyen otros issues, como el discutido nombramiento del próximo Fiscal General o esa gran ambición de Olga Sánchez Cordero -que al mismo tiempo es inconfesable- de lograr que su amigo, el ministro liberal Arturo Zaldívar sea el próximo Presidente de la Corte.


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