Energía
Inquietud en Chevron: ya se preparan para demandas por revisión de contratos
Los criterios de Nahle. Las claves del nuevo TLCAN. Dudas sobre los aspectos negociados por Seade.

 La petrolera estadounidense Chevron está en proceso de estudios geológicos para su bloque asignado por la Reforma Energética en las aguas profundas del Golfo. En paralelo la compañía quiere tener 100 gasolineras para finales de este año. Planes y proyecciones sobre las cuáles ahora aparece cierta incertidumbre por la revisión de contratos petroleros que llevan adelante Rocio Nahle y Octavio Romero.

El comentario que domina en el sector petrolero es que uno de los principales criterios en estas revisiones es que las empresas extranjeras dueñas de bloques tienen que contratar industria mexicana, tanto empleados, como proveedores de materiales e infraestructura. Una vara exigente y que es un problema para empresas como Chevron, que traen múltiples elementos de su cadena de suministros desde el exterior del país.

El caso es que en las oficinas centrales de la empresa en California, ya se habla de posibles estrategias de litigio si fuera a haber alguna modificación unilateral en el contrato del Bloque 3 que Chevron tiene en conjunto con Pemex  e Inpex.  Evidentemente, por algún motivo, el mensaje constante de Alfonso Romo, de que se "respetarán todos los contratos" no termina de calar hondo. 

El nuevo marco jurídico del TLCAN es especialmente favorable para que aquellas empresas inconformes con el tratamiento legal puedan litigar. La clave es el capitulo 11 del acuerdo original que le da oportunidad a una corporación de demandar a un estado socio de la zona comercial si se aplican nuevas regulaciones o se afecta en exceso el statu-quo jurídico al momento de la firma de los contratos. Ese mecanismo rige para cuatro sectores: telecom, transporte, infraestructura y, ahora, hidrocarburos.

El Washington Post reveló días atrás que estos sistemas para litigar fueron una prioridad absoluta de parte de los negociadores de Donald Trump, especialmente por el cambio de gobierno en México. Obvio: una red de contención en caso de que exista un cambio drástico en las reglas de juego.

Esta situación deja un enigma en el aire. Supuestamente Jesús Seade, el jefe negociador de AMLO en el tramo final del ahora conocido USMCA, realizó una intensa presión para que el nuevo acuerdo le permitiera a México revisar contratos. Pero ahora el resultado es que el Estado mexicano es sumamente vulnerable a demandas de gran magnitud. La especulación general es que después de darle la confirmación de los primero (revisiones), se insertó a gran velocidad la posibilidad de realizar demandas. Un equilibrio extraño, que podría llevar al próximo gobierno a un callejón sin salida.

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