Texas
Beto O´Rourke, el Kennedy texano que apuesta al voto hispano para derrotar a Trump
Descendiente de irlandeses como el ex presidente, se convirtió en el rockstar demócrata en el corazón de Trump Country.

Resulta difícil entender cómo un irlandés de nombre Robert Francis O'Rourke se convirtió en el rockstar de los hispanos demócratas en pleno corazón de Trump Country, Texas, y en el nuevo favorito de los medios, pero basta echarle un vistazo al congresista demócrata y leer uno de los cientos de perfiles que los medios han publicado para entender. No sólo habla un español perfecto y es conocido desde niño como Beto, además O'Rourke tiene un parecido innegable a otro político de origen irlandés: John F. Kennedy.

Con escucharlo hablar se entiende cómo logró recaudar 38 millones de dólares en el último par de semanas, casi el triple que su rival, el actual senador junior del estado, Ted Cruz, quizás uno de los políticos más impopulares en el Congreso actual.

"Tengo amigos demócratas y amigos republicanos. Me llevo bien con casi todo el mundo, pero nunca había trabajado con un hijo de perra más miserable [que Cruz]", dijo hace unos años el entonces presidente de la Asamblea de Representantes, el republicano John Boehner. Lapidario.

"Si mataras a Ted Cruz en el pleno del Senado, y el juicio fuera en el Senado, nadie te condenaría", dijo en otra ocasión el senador republicano Lindsey Graham.

Sin embargo, como reza el viejo cliché sobre política estadounidense: los demócratas necesitan enamorarse, mientras que los republicanos se alinean (Democrats need to fall in love, while Republicans fall in line). Es quizás esta postura lo que les permitió ganar la presidencia en 2016, aún cuando no aprobaban al candidato, mientras miles de demócratas se negaron a votar por Hillary por ser "muy establishment".

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Son las 8 de la mañana en un parque en The Woodlands a las afueras de Houston, Texas. Cruzando la calle hay un distrito comercial donde los residentes de la zona compran sus joyas Tiffany y sus yoga pants Lululemon. No más de un centenar de demócratas texanos, especie que los medios llevan décadas convenciendo al mundo que no existe, se reúnen en espera de su candidato.

A pesar de su popularidad en los programas nocturnos, del video viral donde defendió a los jugadores afroamericanos que protestan en la NFL, de su perfil kennedyesque, y de los millones que ha recaudado únicamente de donaciones individuales ("ni un centavo de dinero corporativo"), O'Rourke no ha logrado rebasar en las encuestas a Cruz, por lo menos no de manera contundente. En la mayoría de los sondeos el irlandés aparece unos puntos detrás o en empate técnico con el senador.

Una pareja de texanos blancos de edad media me señala a Enrique, "deberías hablar con él". Enrique, de cuarenta y tantos, emigró de Ecuador hace 14 años para hacer su doctorado. Es ingiero civil. Trabaja para Exxon. Obtuvo la ciudadanía el año pasado y esta será su primera elección como estadounidense oficial.

"Me hice ciudadano para poder votar. Nada va a cambiar en este país sin un nuevo Congreso", dice a LPO. "Necesitamos a gente como Beto O'Rourke para que nos represente a nosotros, y no sólo los intereses de algunos".

Enrique explica que hasta el 8 de noviembre de 2016 no había sentido la necesidad de buscar la ciudadanía. "Con Trump todo cambió", agrega. "Beto va a ser mi primer voto".

Además de varios texanos, la mayoría blancos, con educación universitaria y rondando los 50-60 años, hablo con Ximena, chilanga de origen, llegó a Texas hace 15 años tras casarse con un estadounidense. Votó por Obama dos veces y por Hillary. "Siempre he sido demócrata. Mi esposo era republicano, pero el año pasado votó por Hillary", dice.

Me cuenta que desde 2016 la convivencia ha sido más difícil con sus amigos republicanos, y, como lo sugieren las encuestas, además de su esposo no conoce a ningún republicano que haya abandonado al partido con la llegada de Trump.

Cuarenta y cinco minutos más tarde llega el candidato en una minivan que él mismo conduce y que se vería perfectamente adecuada en el garaje de una madre latina de cuatro. O'Rourke baja de la camioneta y se acerca a la multitud que lo espera a la entrada del parque. Ignora el equipo de sonido que su staff acomodó adentro.

Delgado y de un metro noventa de estatura, se trepa con facilidad sobre uno de los postes de concreto que evitan que los autos suban a la banqueta. A gritos, invita a sus seguidores a que se acerquen a escuchar la palabra.

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"¿Están listos para votar?", pregunta el candidato. "¡¿Están listos para ganar?!", grita. Sus seguidores aplauden y más de uno confiesa que lo ama.

O'Rourke ofrece un breve mensaje de siete minutos en los que cubre las bases progresistas del demócrata moderno en el año 2018: sistema de salud universal, más dinero para la educación, derechos reproductivos y libertad de elegir para todas las mujeres.

Habla con claridad y de manera sencilla. Proyecta una frescura y sencillez difícil de explicar a sus casi 47 años, sólo dos menos que Cruz, quien porta cada uno de esos años ellos y hasta cinco más.

"Gracias a todos por ser parte de la campaña más extraordinaria que hemos visto en el estado de Texas", dice. "Ni un solo centavo de una PAC ni de ningún grupo de interés especial", dice con orgullo. Es decir, O'Rourke ha rechazado donaciones corporativas y de las llamadas PACs, figuras fiscales que se usan para inyectar dinero de donadores anónimos.

A la mitad de su discurso, Beto abre una llaga para muchos de los hispanos presentes. "En inmigración y nuestra conexión con el resto del mundo: este es el estado inmigrante por definición", dice. "Vamos a usar nuestra experiencia e historia y valores, y la verdad que conocemos, para ser poderosos, fuertes y positivos sobre quiénes somos en nuestras comunidades.

"Para asegurarnos que nunca más haya otro niño separado de sus padres en la frontera EU-México", dice ante la multitud. "Reuniremos a esos niños que meses después están preguntando dónde están sus papás, cuando los van a volver a ver", dice.

"Nos vamos a asegurar que lideraremos en esos asuntos con positivismo. Proteger a los dreamers del miedo a la deportación, porque son ciudadanos de este país. Vamos a reescribir nuestras leyes migratorias a nuestra semejanza. Reflejar nuestros valores, nuestra experiencia y nuestro orgullo como comunidad, como estado y como una nación de buscadores de asilo, de refugiados y de inmigrantes, cuya mera presencia aquí nos hace más fuertes, más exitosos y, sí, más a salvo".

Y ante una veintena de latinos, Beto brinca al español: "Le vamos a decir a las personas en este país, si queremos asegurar nuestras comunidades, no necesitamos muros, necesitamos tratar a cada persona con respeto y dignidad", exige.

Junto al parque, donde está una biblioteca pública y un centro comunitario, cientos de texanos están emitiendo sus votos adelantados para el Congreso, semanas antes de la fecha oficial del 6 de noviembre.

Muchos, visiblemente entusiasmados y amigables, traen pines y carteles con el nombre de Beto. Otros, más reservados, no traen nada, y prácticamente ninguno porta pines o flyers en apoyo al senador Ted Cruz, quien en unas horas aparecerá junto a Donald Trump a 50 kilómetros de aquí, en el centro de Houston. "Los demócratas necesitan enamorarse; los republicanos alinearse", recuerdo.

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