Francisco Parra
"En México no hay un cambio de régimen, solo de color político"
El director de Ortega y Gasset México señala que AMLO habla de un cambio de régimen de manera coloquial.

La Constitución española cumple este mes 40 años. Un periodo que iguala las cuatro décadas de dictadura franquista a la que puso fin, dando paso al periodo democrático más extenso de la historia del país.

Con las libertades públicas florecieron espacios como la Fundación Ortega y Gasset - Gregorio Marañón, que pretendía recuperar el espíritu liberal de estos intelectuales en una España inculta y necesitada de saber después de cuarenta años de censura y el exilio de sus mentes más brillantes.

Francisco Parra dirige la sección en México de esta institución y conversa en exclusiva con La Política Online sobre la Transición, que conoce bien tras vivir 15 años en España, su influencia en México y América Latina y los posibles paralelismos con una cuarta transformación que despierta tantas ilusiones como recelos.

¿Qué comparación se puede hacer sobre lo que supuso la Constitución para España en aquel momento político y lo que pretende ser la Cuarta Transformación en México?

Hay un mundo de diferencia porque España venía de un régimen autoritario de 40 años de dictadura, un (proceso) constituyente, unas elecciones generales en 1977, la aprobación de la Constitución y la aprobación del referéndum el 6 de diciembre de 1978. Hay un cambio de régimen, una constitución que viene a abrir una vida democrática en España, distinto a lo que se había vivido anteriormente con la Guerra Civil y los cuarenta años de la dictadura franquista.

Ahora bien, ambos momentos podrían asemejarse en el entusiasmo que hay por parte de la gente. El de aquí no es un cambio de régimen, es el mismo sistema político, mismo sistema de partidos, mismo régimen electoral que está vigente, no cambia, los derechos y las libertades desde hace mucho tiempo están plasmados en la constitución (mexicana).

Ahora, qué similitudes pueden tener la Cuarta Transformación y la Constitución del 78 (dependerá de) la decisión de Andrés Manuel López Obrador de emprender una cruzada para intentar reformar la Constitución. Ha hablado de que pretende hacer una constitución moral, que no sabemos exactamente lo que es, pero en todo caso no está hablando de un constituyente sino de encargarle a tres o cuatro personas la redacción de esa constitución moral para hacer frente a la corrupción.

Señala la gran influencia de la Constitución española de 1978 en América Latina.

Los países de América Latina, México incluido, han experimentado procesos de transición a la democracia y durante los años 80 y principios de los noventa tomaron como modelo la experiencia española.

Creo que la forma en cómo se ha estudiado aquí la Transición española ha generado no solamente un caudal de académicos y estudios al respecto sino que hay un paradigma. Tanto la Constitución, como los Pactos de la Moncloa, el hecho de cómo se fueron poniendo de acuerdo las diferentes élites políticas españolas a pesar de que eran diametralmente opuestas ideológicamente, creo que eso fue una enseñanza para los países latinoamericanos. De ahí que hubiera bastante interés en estudiar la transición española hacia la democracia. Es un modelo político y también económico; su ingreso a la Unión Europea también se estudia como modelo a seguir.

Al día de hoy, a pesar de todos los problemas y la crisis económica en España en 2008 con la burbuja inmobiliaria, creo que sigue siendo para nosotros un modelo a seguir, un modelo de éxito y eso es lo rescatable en estos momentos.

 El de aquí no es un cambio de régimen, es el mismo sistema político, mismo sistema de partidos, mismo régimen electoral que está vigente, no cambia, los derechos y las libertades desde hace mucho tiempo están plasmados en la constitución 

¿Encuentra similitudes entre los momentos políticos que viven ambos países?

Lo que se vive ahora en México tiene que ver con un tema también fundamental en España: la corrupción. Ahí sí creo que hay una coincidencia actual en los procesos políticos que se viven en España y en México. Pero no solo en España y en México sino en el resto de los sistemas políticos. La corrupción aunada a la impunidad es lo que esta exacerbando que los ciudadanos se expresen de una manera irreconocible para los académicos y los estudiosos: la irrupción de Vox (partido de extrema derecha, en las recientes elecciones autonómicas en Andalucía); el Brexit en Gran Bretaña; Trump en Estados Unidos o el tema de Brasil.

En esta misma lógica, estudiándolo con matices, sí creo que hay un descontento y un desencanto por parte del ciudadano respecto a lo que significan los partidos tradicionales. En este momento hay una similitud en cuanto a que hay una sociedad que se comunica a través de redes sociales medios digitales y no es la misma sociedad de hace años que se informaba a través de los telediarios y la prensa escrita.

Hay un denominador común, el enfado, el enojo de los ciudadanos y su manera de expresarlo a través de opciones electorales distintas a los partidos tradicionales. Eso también es perceptible en México con el triunfo de Andrés Manuel (López Obrador).

¿No cree que la cuarta transformación vaya a tener un calado político de una magnitud similar a la Constitución española de 1978?

Para hacer un cambio de régimen se tiene que reformar la Constitución. El presidente actual habla de un cambio de régimen de manera coloquial, pero no se sabe exactamente a qué hace referencia. Lo que ha habido es un cambio de gobierno, un cambio político, como cuando en España gana el PP o el PSOE. Cuando (AMLO) habla de un cambio de régimen se refiere al cambio de color político.

Ahora si realmente quiere un cambio de régimen tendrá que modificar la Constitución, tendrá que haber un congreso constituyente y eso implica otra serie de cosas. ¿Qué tipo de régimen? Podemos optar por un régimen semiparlamentario, por un primer ministro que acompañe al Jefe del Estado...pero él hace hincapié en renovar moralmente a la sociedad mexicana y sacarla de estos momentos complicados en los que se conjugan corrupción e impunidad.


Hay un denominador común, el enfado, el enojo de los ciudadanos y su manera de expresarlo a través de opciones electorales distintas a los partidos tradicionales. Eso también es perceptible en México con el triunfo de Andrés Manuel 

En España se está hablando permanentemente de una reforma constitucional ¿Cómo le sientan los cuarenta años a la Constitución española vistos desde México y América Latina?

La primera reforma a la constitución fue hace 25 años (en 1992) para permitir que los europeos pudiesen votar en elecciones locales. (Posteriormente solo se ha retocado en una ocasión más, para restringir el endeudamiento de los ayuntamientos) A día de hoy creo que hay temas que son debatibles, como es el papel del Senado en el estado español, el régimen electoral (algunos partidos, principalmente de izquierda, señalan que el reparto de escaños les perjudica). En fin, creo que hay bastantes temas que se pueden revisar y resolver.

El tema de las autonomías, los procesos de Cataluña o País Vasco son mucho mas complejos y más complicados porque eso atentaría contra la unidad del estado español. Otro tema que continuamente sale a debate y que no creo que lo esté demandando la mayoría de los españoles es el fin de la monarquía. Creo que es algo que ahora mismo los españoles no se plantean. Los españoles se plantean temas sobre resolver problemas económicos, de sanidad, problemas del día a día. Creo que hay temas que podrían asumirse y tratarse en la Constitución y otros que se escapan de lo que el ciudadano está pensando y deseando.

Uno de los temas mas básicos del orden constitucional es la separación de poderes. ¿Cómo analiza lo que está sucediendo en estos primeros días de gobierno, esa pugna entre el poder judicial, el legislativo y ejecutivo aquí en México?

En los últimos años se había avanzado mucho en la autonomía del poder judicial y también del poder legislativo. Creo que este nuevo gobierno, en una primera instancia, ha dado pie a que se piense que el presidente concentrará el poder y será, como era antes el poder presidencial priista, metaconstitucional, que se imponía sobre los otros dos. Él en cambio ha prometido que no va a ser así, esperemos que lo cumpla y que los poderes se mantengan autónomos.

¿Los acontecimientos de los últimos días apuntan en esa dirección?

Lo que hay por el momento es una opinión diferente entre los distintos poderes. Eso en una democracia se debe entender como algo sano. Otra cosa sería que se pasara a tomar iniciativas o presionar a alguno de los poderes para hacer cambiar las decisiones que alguno tome, llámese legislativo o judicial.

De momento creo que es una escaramuza, creo que es sano que haya diferencias entre los poderes sin que ello lleve a una crisis institucional. Si esto se produce, entraríamos en una zona de más riesgo para que se tomen medidas unilaterales imponiéndose a alguno de los otros poderes. Pero no hemos llegado a ese momento, no es la situación actual.

Y que las propuestas para la SCJN sean personas incluso afiliadas al partido del presidente. ¿Hace pensar que es necesaria una reforma del sistema judicial?

El tema de las propuestas de los integrantes de la suprema corte creo que ha sido un problema de todos los partidos y de todos los presidentes, de intentar imponer a gente afín. Pero lo hacen en Estados Unidos y en otras democracias consolidadas.

Si es verdad que hay un debate (de reforma de la judicatura), tampoco se puede resolver en los primeros 30 días de gobierno de López Obrador. Es un tema que debe estudiarse con mayor serenidad para que las propuestas puedan llegar, los estudiosos del derecho lo puedan revisar y que a partir de ahí se pueda generar una propuesta de modificación.

Al día de hoy obviamente es imposible pensar que se reforme la Constitución para hacer una designación distinta de los miembros de la Suprema Corte. Habrá que esperar y tampoco hacerlo de manera rápida y expedita, no es lo más recomendable.

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