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Alito busca cerrar con Del Mazo y Pavlovich para desembarcar en la conducción del PRI
Se inicia la carrera por la dirigencia nacional. Acuerdo con AMLO y aval de Salinas de Gortari. Osorio Chong, el gran adversario.

La Asamblea Nacional del PRI de la semana que viene será la primera escala hacia la renovación en las autoridades del tricolor que atraviesa su etapa más oscura desde la madrugada del 1 de julio del año pasado. En este sentido el gobernador de Campeche Alito Moreno Cárdenas está acelerando sus conversaciones, porque parte de la tesis de que el próximo dirigente nacional será encumbrado por los gobernadores que le quedan.

Alito ya tiene el aval de Alejandro Murat, gobernador de Oaxaca. Este último tiene una relación muy cercana con Alfredo Del Mazo. Mientras que Moreno Cárdenas ya entabló conversaciones con Claudia Pavlovich, desde hace meses distanciada de la actual conducción de Claudia Ruiz Massieu. En el esquema de Alito, el futuro del tricolor pasa por asegurar el aval de los gobernadores del Edomex y de Sonora. Asegurando ese respaldo, entiende su desembarco en el PRI nacional como ineludible.

En San Lázaro, su aliado inamovible no es otro que Enrique Ochoa Reza, quien también guarda una amistad de años con Murat y que -refieren fuentes en el recinto- está convencido del plan de renovación que implicaría el gobernador. En el Senado encuentran resonancia en Sylvana Beltrones, hija de Manlio Fabio, aunque de momento guarda un calculado silencio.

La ecuación de Alito cierra con dos terminales de poder decisivas. Una es el Palacio Nacional. El gobernador tiene excelente relación con Andrés Manuel López Obrador y ha convencido al presidente de que es la mejor opción para construir un PRI que pueda ser socio en la gobernabilidad de Morena. Ese nexo está muy aceitado por otro gran aliado: Manuel Velasco. Este último sostiene su apuesta de llegar a la Segob antes de que termine el año.

Velasco intenta destrabar la Guardia Nacional en el Senado con la promesa de llegar a Segob

La otra terminal es interna, y se trata de Carlos Salinas de Gortari. El gobernador siente fascinación por el ex presidente, lo cual quedó demostrado el año pasado cuando invitó al priista a una cena en su estado con todas las atenciones, en un jolgorio que se extendió hasta entrada la madrugada. Su jugada es que Salinas opere con su sobrina para terminar de aplanar la transición.

Todo este plan pareciera tener sólo un adversario de peso (Ivonne Ortega y José Narro son de momento actores periféricos), y se trata del senador Miguel Ángel Osorio Chong. Esta semana, el hidalguense instaló entre sus operadores mediáticos que no está dispuesto a dejar que Alito sea dirigente. No se trata tanto del gobernador: Osorio no tolera la idea de que el PRI se encolumne de lleno detrás de Morena, pues es partidario de una idea de  oposición racional.

La diferencia entre ambos son las expectativas: Alito suele decir en privado que con AMLO cambió el régimen político de México y que Morena podría gobernar tres sexenios consecutivos. Osorio cree que ese optimismo es demasiado prematuro y asume que el Gobierno sufrirá en el mediano plazo el desgaste lógico ante malos resultados en seguridad y economía. La sucesión comenzó.


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