Internacional
Visita de líder separatista vasco genera fricciones entre AMLO y Sánchez
Arnaldo Otegui, líder de la izquierda vasca fue recibido por senadores de Morena. Los nexos del Gobierno con el separatismo.

 Nuevo punto de fricción entre España y México. El protagonista en esta ocasión es Arnaldo Otegi, líder de la izquierda independentista del País Vasco, de gira en México esta semana. El político ibérico se reunió el martes con el presidente del Senado Martí Batres, alimentando así los temores de Madrid respecto a la posición del gobierno mexicano sobre sus tensiones territoriales. Un episodio que se produce mientras en España se celebra el juicio del "procés" a los líderes catalanes que declararon la independencia; la crisis institucional más grave desde el inicio del periodo democrático.

España y México comparten múltiples interses económicos y para Madrid siempre ha sido un aspecto central que el gobierno mexicano no aliente separatismos. Cuando el movimiento catalán alcanzó su máximo nivel de ebullición en 2018 apareció el excanciller Luis Videgaray para decir que México no reconocería la legalidad de esa supuesta independencia. El entonces jefe de gobierno Mariano Rajoy agradeció el gesto.

Otegi ha exhibido esta semana sus estrechas relaciones con la izquierda mexicana y la acogida que su mensaje político tiene en poderosos sectores de Morena. "La República Catalana y la República Vasca serán una realidad", afirmó en uno de sus actos el coordinador de Euskal Herria Bildu (segunda fuerza en el parlamento vasco).

El propio Batres reflejó el encuentro en un mensaje en Twitter donde afirma que el vasco "comentó la importancia de que la izquierda no olvide las grandes preocupaciones económicas de la gente". Una foto institucional en la que ambos dirigentes aparecen entre las banderas de México y Euskadi y escenifica la cercanía del abertzale con el gran mensaje de la 4T.

Otegi es una figura tremendamente controvertida en España. Fue miembro de la banda terrorista ETA desde los años setenta y condenado en 1989 por el secuestro de Luis Abaitua, director de la fábrica de Michelin en Vitoria (siempre negó su participación). En total ha pasado 14 años en la cárcel por diversas condenas, la última de 6 años y medio por tratar de reconstruir un partido político ilegalizado siguiendo órdenes de ETA. Está inhabilitado para ejercer cargo público hasta el año 2021.

A mediados de los noventa abandonó la organización, se pasó a la política y se consagró como el principal líder de la izquierda independentista en Euskadi. Siempre ha sido muy criticado por no condenar los atentados de la banda. Sin embargo jugó un papel clave en el fin de la violencia al liderar una estrategia de rechazo a las armas y apuesta por la acción política. El aislamiento de la banda sumado a las continuas detenciones policiales desembocaron en el fin de los atentados (2011) y la disolución definitiva de ETA en el año 2017.

En ese último acto en el sur de Francia donde se escenificó el desmantelamiento de ETA participaron varios observadores internacionales, entre ellos Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que ahora es el principal valedor de Otegi en México. El ex candidato presidencial le ha acompañado en todos sus actos durante esta visita.

Los vínculos de Morena con los separatistas preocupan mucho en el gobierno español. Desde la victoria de López Obrador, en Madrid son conscientes de que existen sensibilidades en el heterogéneo partido hacia los independentistas vascos y catalanes. También entienden que difícilmente se va a producir un apoyo tan explícito a la unidad de España como el expresado por el anterior presidente Enrique Peña Nieto. Pero se quiere evitar a toda costa un gesto explícito que debilite la posición del estado en el plano internacional. Por el momento no se ha producido, pero el recibimiento a Otegi a tan alto nivel es un varapalo importante.

Más aún después de todos los esfuerzos recientes del gobierno español por acercarse a México y estrechar la relación política y económica. Primero fue la presencia del Rey Felipe VI en la toma de protesta del presidente López Obrador, seguido de tres viajes oficiales: el propio presidente Pedro Sánchez, el ministro de Fomento (infraestructuras) y la titular de Industria. Todos con el foco puesto en las relaciones económicas y con resultados discretos. La sombra de la corrupción sigue sobre la IP española y está por concretarse su participación en los grandes proyectos de infraestructura. El escenario es todavía más incierto con unas elecciones generales anticipadas el próximo mes de abril.

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