Antonio Attolini Murra
"La no-confrontación de AMLO ante Trump es para que no se ridiculice a México como pasó con Peña Nieto"
El politólogo Antonio Attolini evadió hablar sobre la embajada de México en Washington. "La oposición debe ir al diván".

Polémico desde siempre, lo vi por primera vez a unos pasos de Televisa, durante la marcha del silencio un día antes del domingo 1 de julio de 2012. Aquella triste elección. Esta ocasión nos dio las coordenadas de un jardín secreto en San Ángel: la Plaza de los Arcángeles. «Un respiro para quienes estudiamos en el ITAM», confiesa.

Ante una bucólica fuente y en medio de una lluvia de buganvilias, Antonio Attolini podría ser la golosina edulcorada para sus haters. Pero el morenista es duro, no cursi. Sin pudor revela: «Para participar en el debate público no hay que ser bueno, no hay que ser objetivo, no hay que ser neutral. Hay que ser honesto y valiente. Es decir, para eso nos alcanza. Aclarar de inicio: éstas son mis fobias y mis filias, desde esta posición estoy hablando y con esta intención lo hago. Porque esto soy».

En diálogo con LPO, el jedi de la 4T compartió su análisis sobre las relaciones internacionales en la era del presidente López Obrador. Igualmente, opinó sobre la oposición a Morena, la cual -subrayó- existe y actúa desde el interior del partido, no fuera de él, ahí es «el abismo».

Dice Nación321 sobre ti: «El politólogo, internacionalista y analista mejor articulado, más entusiasta y más carismático de la 4T». Yo agregaría: polemista antisolemne. ¿Este es el perfil de «nuestro hombre en Washington»?

[Risas.] Mira, creo que Salvador Camarena exageró muchísimo. Le agradezco demasiado el enmarcado. Y estamos trabajando para que ese perfil de polemista sobre lo electoral quede atrás. A mí nunca me dio miedo construir el perfil sobre eso, por supuesto que hay adversarios. Por supuesto que hay visiones distintas de ver el país. No somos iguales al PAN, al PRI o al PRD. Es normal. Para eso hicimos un partido, para diferenciarnos. Pero yo creo que la grilla partidista debe quedar de lado, y empezar a plantear cosas de estado.

Ahora, lo que pasó con las críticas en redes por el texto de Camarena es que la gente creyó es que yo iba a ser embajador. ¡Y no! Por supuesto que no. La gente contestaba: «Antonio Attolini no tiene experiencia diplomática para tan importante representación». Pero por favor, ¡yo no voy a ser embajador de México en Washington!

La embajadora es Martha Bárcena, diplomática de carrera (40 años), y el mejor perfil que pudo tener el servicio exterior para poder representar los intereses del estado mexicano en el país más importante dentro de nuestras relaciones internacionales.

Bárcena Coqui toca la puerta de la Casa Blanca y se encuentra a Trump. No a Obama, no a Hillary, no a Biden, a Trump y su gente. ¿Ella es la correcta para esta misión?

Martha Bárcena es, yo creo, de los cinco o diez perfiles más sólidos de nuestro servicio exterior; el servicio civil de carrera más antiguo de México, data del siglo XIX, es baluarte, pionero y vanguardia en América Latina, y son de una formación exquisita, espectacular.

Y pocas personas pueden presumir una carrera tan consistente, pero sobre todo tan leal al estado mexicano como Martha. Además, ser mujer le da un toque distinto a esta representación. Es la primera vez desde 1821 que tenemos una embajadora. Nunca había tenido México una embajadora en Estados Unidos. Hace mucho, creo desde Sarukhán, no habíamos tenido un embajador de carrera. Habían sido nombramientos políticos, además tuvimos muchos en el sexenio de Peña.

Y también ella es una especialista en la relación bilateral México-EU, en seguridad internacional, en comercio internacional, y mantiene relaciones en ambos lados del país que hace que no la sientan ajena, extranjera, en ninguno de los dos países. Todos la reciben y tratan como muy familiar. Esa es una gran ventaja.

La política de no-confrontación que abandera AMLO ¿te parece la estrategia correcta? ¿Y qué la distingue de la polémica no-confrontación de Peña Nieto?

No. No. Peña Nieto era un gerente al servicio de los intereses corporativos de un grupo de empresarios, quienes creían que en la defensa de sus negocios se agotaba la relación bilateral. Peña por ello fue dócil, servil, sumiso e incapaz de poder traducir cualquier posicionamiento en algo que representara la defensa de la soberanía nacional.

Bueno, era incapaz de traducir cualquier cosa...

Sí, bueno. En realidad, era humillación tras humillación. Y Andrés Manuel no es Enrique Peña Nieto. Un dirigente social con 40 años de lucha, que al mismo tiempo está construyendo programas de desarrollo bilateral, trilateral y multilateral.

Por lo que la no-confrontación es el triunfo de la política, de la diplomacia, y prosperar en objetivos compartidos que no pasan por la descalificación barata que sólo sirve para saciar el morbo de los medios de allá y los medios de acá.

La no-confrontación significa lograr que no se hable del muro, que no se hable de México en términos de ridiculización. Se respeta a México. Los neoliberales arruinaron al país pensando que era la sucursal de una franquicia al servicio de todo menos el interés nacional. Lo decía Germán Martínez: «Por fin tenemos un presidente, y no un gerente». Esa es la diferencia.

¿Logrará México que Trump acceda a lo que Ebrad bautizó como el plan Marshall para Centroamérica?

Claro. Se está trabajando en ello. Un programa que de entrada exige 5 mil millones de inversión por parte de EU, bueno, pues eso se llama legitimidad, se llama política, claridad estratégica, gestión correcta de la crisis. Con mucho rejpeto [imita a AMLO]. No habrá confrontajión.

¿Y cómo ves la no-confrontación con Trump frente a la no intervención en Venezuela?

No intervención no significa indiferencia. Por principio lógico es una condición necesaria para poder construir una mesa de negociación. A ver, dime, quién se sentaría a negociar con una contraparte sobre un problema tuyo, en donde la contraparte ya tuviera una solución previamente consensuada y lo que busca solamente es imponerla. Pues no es negociación. Eso es lo que está planteando México.

«Señores, sentémonos a negociar», dice México. «No, no, no», responden en el Grupo de Lima y Luis Almagro de la OEA, «es que aquí tenemos una serie de propuestas para Venezuela, consensuadas entre todos -menos Venezuela- que queremos imponer a una soberanía, y si no amenazamos con el desconocimiento internacional».

En mi pueblo a eso le llamamos golpe de estado...

Es que esa es la nueva modalidad de la derecha internacional, al menos en América Latina. Son los golpes judiciales. Y el acoso legal en contra de Dilma, de Lula, de Cristina, de Correa, tiene ese tufo. O sea, no nos hagamos tontos. Y nosotros estamos ofreciendo una salida pacífica en Venezuela. Que estamos solos, pues sí. En los mejores momentos de nuestra diplomacia internacional hemos estado solos también.

«No al dictador Maduro, estamos con el pueblo venezolano. PAN». Sobre esta campaña, tu escribiste: «la esquizofrenia política que te orilla a la irrelevancia».

Sí. Eso es un posicionamiento político por parte de un partido mexicano, tratando de abrevar legitimidad y proyecto de una crisis en el extranjero. De pena ajena.

Mira, nosotros les llamamos la reacción. No consideramos que los otros partidos hayan podido ni siquiera construir una entidad de oposición. No hay proyecto. No hay programa. No hay liderazgo. No hay voluntad política. Y la llamamos así porque la reacción sólo responde, salta, reacciona, no propone. En la coyuntura, gritan, se rasgan las vestiduras, lloran, patalean, alertan sobre amenazas a la democracia, y además con un cinismo...

Y lo que yo le recomendaría a la reacción sería una larga sesión de diván con un psicoanalista. Tienen que ir a hablar de lo que pasó. No lo superan. Y por el bien de México la reacción debe elevarse.

La forma de alzar vuelo de la reacción es exigiendo #YoSíQuieroContrapesos.

Pues claro, mira, esta gente pasa por la peor derrota electoral que han tenido en su historia. Y ahora se asustan, por las mayorías alcanzadas por un partido político, y apelan a que eso es antidemocrático, a que tienen que ser escuchados aunque en los votos esa voz no la obtuvieron.

Contrapesos, claro que hay contrapesos. Están en Morena. Ahí tienes a Malu Micher y a Lilly Téllez, las dos senadoras de Morena discutiendo sobre la interrupción del embarazo (y el heteropatriarcado). Ahí tienes a Pedro Haces y a Napoleón Gómez Urrutia, líderes sindicales, cada uno construyendo una central obrera. Y ambos como contrapeso a Germán Larrea, Ahí tienes a Félix Salgado Macedonio y a Germán Martínez, cada uno con su historia, en Morena. Ahí tienes a Jesusa Rodríguez como contrapeso al modelo de capitalismo industrial, al ecocidio.

La oposición está en Morena. Donde vale la divergencia de opiniones es ahí. Por ello debemos entender a Morena como un movimiento social, y que las contradicciones están al interior del partido. Fuera de Morena es el abismo.

La idea de un partido vertical, unívoco, autoritario, se acabó. No por casualidad Morena ganó con el 53% de la votación y mantiene niveles de aprobación del 80%. Realmente queremos representar a toda la sociedad, con todo y sus contradicciones. A los demás, de todo corazón, que les vaya bien. Van a caminar 40 años solos en el desierto.

Ahí tienes a Yeidckol Polevnsky y Ricardo Monreal en pugna por la gubernatura de Puebla...

Sí. Claro que hay contrapesos. Y el contrapeso es Morena frente a los intereses creados de las empresas, de los medios, de la delincuencia organizada. Por supuesto que hay contrapesos, sólo que ellos no lo son. La oposición se construye, no se decreta, porque esta gente es muy güevona. Hay que trabajar, estudiar, caminar, hablar con la gente, construir un programa, pensar a largo plazo. Ellos sólo hacen oposición de abajofirmantes.

Uno de los adalides de los contrapesos en México es Enrique Krauze, hoy en el ojo de la tormenta.

¿Cuál contrapeso? ¿Cuál contrapeso? Enrique Krauze ha sido el validador ideológico de una visión muy conservadora de la historia. Los elogios a Porfirio Díaz. El revisionismo histórico. La construcción de figuras y liderazgos históricos que los aíslan de su construcción comunitaria. La construcción de mitos fundantes que validaron el modelo de desarrollo priista y panista.

Enrique Krauze es un capo cultural, como los hay en muchos países. Es una figura que representa cómo la cultura se vuelve al servicio del régimen, en términos de supervivencia financiera. Letras Libres no sobrevive por sus suscriptores sino por la publicidad oficial. Ahora sabemos también que por negocios que hacen a costa de desprestigiar a diestra y siniestra. Editorial Clío es eso: un instrumento del régimen para el revisionismo histórico afín al neoliberalismo, es decir, no con honestidad intelectual.

No lo creo. Hay mucho rencor, no creo que caminen solos y por tanto tiempo...

¿Sabes qué es lo que más les molesta? Que todos los millones de pesos invertidos para inventar una conspiración política internacional en contra de Andrés Manuel, la terminó tirando un señor de 65 años grabándose seis minutos en el Puerto de Veracruz con un iPad. «Aquí Andrés Manuelovich esperando el submarino ruso que me trae oro de Moscú». ¿Te acuerdas?

La otra vez me decían en Facebook que si el canal de Andrés Manuel fuera medido en rating este tendría más que el final de «La usurpadora» en el Canal 2.

¿Y eso qué carajos es?

¿No te acuerdas de la telenovela? No. Bueno, el perfil de Facebook de Andrés Manuel es el más potente de cualquier político en América Latina. Esa es la comunicación directa con la gente y le cuesta cero pesos. Si acaso los centavos que le cuesta cargar el iPad a César Yáñez o a quien le grabe ahora, en contraste con la campaña de la trama rusa en México.

¿Lo que sucede con Krauze podría ser la parábola de lo que ocurre con el resto de la oposición?

Insisto. El problema es que les molesta. Que se asuman como lo que son: pistoleros al servicio de un régimen. Todo el mundo lo sabe, lo entiende. Pero ellos han construido una visión de sí mismos tan rara...

Por eso les digo que tienen que ir al diván. En terapia se van a sentir bien: «eso eres, eso haces, a eso te dedicas, con eso te sientes cómodo, muy bien». Eso es lo que te van a decir en psicoanálisis.

La idea de ego con la que han construido su imagen ante el espejo ha sido la de puros, santos, buenos, objetivos y además moralmente superiores. Cuando los revelamos como mercenarios cuya atención está en una cuenta de banco más que en otra cosa, pues todo se les cae.

«La política hace extraños compañeros de cama», dice el dicho. En esta trama anti-AMLO empresarios que lo asediaron, hoy lo «aconsejan».

El Consejo Consultivo Empresarial es la alta burguesía nacional. Las empresas que tienen sus negocios en México y reinvierten en México. Son parte del bloque político que ha construido Andrés Manuel y con ellos está buscando tutelar la Cuarta Transformación. Someterlas al régimen y hacerlas actuar conforme a las nuevas reglas del juego.

Las preferimos trabajando por la Cuarta Transformación que conspirando estrategias golpistas en la periferia. El error de los regímenes de transición en América Latina: dejar a la clase empresarial fuera del cambio. Andrés Manuel entiende bien lo que Gramsci llamó un «nuevo bloque histórico». Una nueva correlación de fuerzas. Y en esa nueva relación de poder las empresas están sujetas, no exentas. Analízalo. Sí es distinta la relación entre Azcárraga y Peña Nieto, a la relación entre Azcárraga y López Obrador.

 

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