César Faz
"La oposición cree que les granizó y no se dan cuenta que en realidad les cayó todo un meteorito encima"
El consultor político César Faz analizó la política de seguridad de AMLO. Y matizó sobre el oficio de la crítica.

Pregunté por él antes de solicitar la entrevista. «Cefaz, ¡claro!, el creador de La Tanqueta», me respondió una fuente, quien además me confirmó que a pesar de todo «no milita en Morena».

«Esta gente debe estar a cuadro, movilizando votantes, traduciendo el obradorismo», compartió el consultor político independiente sobre Sebastián Ramírez, Antonio Attolini y Pablo Hernández, los protagonistas de su programa por internet y hoy aquellos «buenos amigos».

Con un estilo más suave que sus camaradas, él mismo es un tertuliano recurrente en mesas de Carlos Loret de Mola, El Financiero o Julio Astillero, donde se ha enfrentado a los célebres promotores de los contrapesos (Javier Lozano, Fernando Belaunzarán).

En diálogo con LPO, César Faz hizo la distinción entre Morena y el movimiento obradorista, «algo mucho más amplio, plural». Y a su vez, charló sobre la situación de la oposición frente al partido hegemónico, nunca como ahora tan debilitada en el Congreso de la Unión, y en estados y municipios.

El partido en el poder fue ayer el gran opositor. ¿Cuál debería ser el siguiente paso de Morena?

Sí hay un tema. Morena, a base de «sangre, sudor y suela», como decía Clouthier, creció de manera exponencial. Incluso más de lo que ellos mismos habían previsto. Eso abrió la puerta a todo tipo de gente: sin convicción, gente de dudosa reputación, y gente del viejo régimen (que no es tan problemático, al contrario es políticamente astuto). Pero es un tema de ausencia de cuadros.

Por lo que Morena tiene dos obligaciones esenciales: la preparación de nuevos liderazgos que puedan ocupar la administración pública. Y lo otro, que va de la mano, es mantener una contención ética en lo local. En lo estatal cuesta trabajo encontrar liderazgos admirables.

La preparación de nuevos liderazgos termina siempre en el dilema de la sucesión, y eso me recordó el affair Lenin Moreno con Rafael Correa que se llevó entre las patas a Julian Assange en Londres.

Es muy importante aprender de las lecciones en América Latina donde la sucesión siempre ha sido un problema. Ahí entra el asunto de Morena, el cual no sólo debe ser un generador de cuadros técnicos para gobernar sino el vehículo para seguir haciendo política a nivel de tierra. 

Es muy importante que los cuadros jóvenes de Morena, la gente que trabajó y luchó desde el inicio para llegar al poder, no deje de hacer política y que no se la deje a alguien más. Porque luego ese alguien repite la historia de Ecuador, donde un gobierno popular, progresista, terminó en manos de la derecha infiltrada en el seno del gobierno de Correa.

Más cerca tenemos el caso de Mancera en la Ciudad de México. ¿Y ves en Rafael Barajas, el Fisgón, a la persona que llevará a buen puerto esta contención ética en lo local?

De entrada le dieron un paquete demasiado grande para el Instituto de Formación Política, no nada más en términos abstractos. Hablo de un montón de dinero. Recordemos que se destinará la mitad del dinero de Morena, que es el partido que más presupuesto recibirá del INE, para esto. Dicho esto, no estoy seguro. Tiene un encargo muy difícil el Fisgón. Por lo poco que sé, se tratará de una breve instrucción histórica e ideológica sobre qué significa el movimiento. Pero no sé si les enseñarán a cómo liderar. También hay que entender, y hay que ser honestos con esto, que los políticos no se instruyen, no hay un escuela de políticos. Esa gente se hace a base de trabajo.

¿Cómo seguir con el análisis político y la crítica de la vida pública sin caer en el oficialismo de la 4T?

De entrada, creo que debe haber transparencia editorial. El análisis de quien lo emite debe ser transparente. No existen analistas imparciales, apartidistas y ajenos a alguna posición política. Cosa que, por otro lado, me parece natural e inevitable.

Y también hay otro tema. Se cree que ser crítico de algo es estar en contra de ese algo, cuando la crítica no es sólo eso. Tú puedes oponerte acríticamente a un gobierno, por consigna. Ejemplo, quienes dicen ahorita: «Nos están militarizando con la Guardia Nacional». Bueno, eso es una consigna, no un análisis crítico. Una consigna con agenda.

De ahí que puedas criticar algo y estar a favor de ese algo, después de todo una crítica es someter a la realidad a un análisis racional.

Eso me suena a las justificaciones de los intelectuales orgánicos del viejo régimen.

Es diferente tomar una postura a favor de un proyecto político, como es mi caso. Estoy decididamente a favor del nuevo gobierno. Pero no significa a favor y acríticamente de todo lo que hace el gobierno, y sus distintos actores. Y no tengo por qué opinar de todo, tampoco.

Están dando batería a gente que está extraordinariamente molesta, no sólo en contra, con AMLO.

Ejemplo: estoy en desacuerdo en quitar recursos para mujeres vulneradas, y hay un millón de personas condenando esa situación. Pues en ese caso yo me puedo guardar mi crítica. No por un tema de gobiernismo, sino porque hay un conflicto político evidente. Y en esa situación, si tú estás con una de las dos partes, ¿por qué le daría municiones al enemigo?

Por honestidad intelectual...

Te lo dije, soy honesto al decir a favor de quién estoy. Todos tenemos una posición. Y cada quien tiene libertad o no de hacerla transparente. Creo que no de manera obligatoria, pero debería ser transparente. Yo decido que sí la hago transparente.

En un debate en Radio Centro, Sabina Bergman definió al último libro de Martín Moreno (Ladrón de esperanzas) como «un juguete para los odiadores de AMLO». Para mí, la mejor definición de la crítica de la oposición.

Están dando batería a gente que está extraordinariamente molesta, no sólo en contra, con el nuevo gobierno. En especial, con Andrés Manuel López Obrador. Y el señor así es, le gusta exacerbar los ánimos.

Y toda esta crítica es visceral, en ocasiones con toques racistas, clasistas. Francisco Martín Moreno ha hecho algunas de las peores expresiones no sólo contra AMLO sino contra sus votantes, llamándolos «cadena de iletrados», «hordas de ignorantes». Y él jamás llamó así al pueblo que votó a Calderón o a Peña, o a los gobernantes que le desagradaban menos. Y ahora, de la noche a la mañana, el pueblo se volvió estúpido, ignorante, bobo, y la democracia un peligro.

Es una crítica vacía, porque es prefabricada y predecible. Ya sabemos que esta gente va a salir a oponerse de manera, insisto, acrítica. Porque ya está fijada en piedra, como algunas veces que apoyamos también de forma acrítica. Y ninguna de las dos posiciones sirven.

Y por supuesto que está diezmada [la oposición]. Viene de emisores desacreditados a través de medios desacreditados, defendiendo posturas también desacreditadas. Eso se refleja en los índices de aprobación del presidente. Cuando dicen: «López Obrador es un polarizador». No lo sé. Polos se refiere a mitad y mitad. Y el país hoy está en 80-20, no en 50-50.

¿Compartes la opinión de que una auténtica oposición a la 4T no vendrá de otro lugar sino del interior de Morena?

Estoy convencido de eso. A la derecha le asusta mucho la palabra hegemonía, pero estas cosas a veces se forman de manera orgánica, dadas las condiciones políticas.

Es más probable ver una elección entre el Morena original y los Neomorena, a que el PAN o el PRI recuperen el estatus que tenían antes del 2018.

Y la verdad es que el debate político más interesante hoy se da al interior del obradorismo. Morena es un partido político. Pero quiero hablar de una cosa más amplia, del obradorismo, donde hay sectores liberales y conservadores (me refiero en el sentido de lo mocho, no de lo reaccionario como tal).

El obradorismo es un movimiento, y el movimiento tiene a su partido, que es Morena. Y sin duda, lo vimos en las discusiones de la Guardia Nacional, en el tema del NAICM (incluso dentro del Gabinete). Cosa que me parece muy sana, que no hay pensamiento único, contrario a lo que dicen por consiga que «este es un presidente autoritario», «el gobierno de un solo hombre». Y en el gabinete un día se están contradiciendo y en el otro también.

Y es más probable ver una elección entre el Morena legítimo, y el Morena original, y los Neomorena, a que el PAN o el PRI recuperen el estatus que tenían antes del 2018.

Un poco como en el capítulo de South Park donde Richard Dawkins crea un futuro sin religión, en medio de naves interestelares y todo eso, y donde las guerras se hacen entre quién es más ateo...

No lo he visto...

[Risas.] Un poco puede pasar así en el obradorismo, entre quién es más obradorista. Unos a otros diciéndose: «los obradoristas de verdad somos nosotros». O sea, sí se va a crear una cultura política en torno a la identidad obradorista.

Porque los partidos del viejo régimen -les encanta hablar como marca-partido- están completamente desacreditados. Ellos creen que están pasando por un mal momento y no saben que les cayó un meteorito en la cabeza. Creen que está lloviendo granizo y no, les cayó todo un meteorito. Suele decirse: «hubo un tsunami el 1 de julio». No. No hubo un tsunami, hay un tsunami y va a durar un buen rato. Imagínate que, en 2024, Morena ya esté gobernando 25 de los 32 estados, o por qué no 30 de los 32. ¿Con qué dinero podrán comparar votos el PRI y el PAN para parar esto?

Hablando de hegemonía, escucha esto. El senador panista Gustavo Madero me reveló: «Pon el nombre 'Felipe Calderón' a cualquier propuesta de AMLO y te vas a espantar».

De qué se sorprende. Eso es totalmente racional. Si yo te digo: «mañana nos vemos», vas a pensar una cosa; si llega el Chapo Guzmán y te dice: «mañana nos vemos», vas a pensar otra. Te estoy diciendo lo mismo, pero las implicaciones son totalmente distintas. Por ello hay quien dice por ahí: «si lo hubiera hecho Peña», pues sí. Evidentemente. En alguien en quien no confió y en alguien en quien sí creo, voy a tener dos opiniones distintas por el mismo mensaje.

Habría que esperar para hacer un corte de caja. Todavía no han pasado ni seis meses de que se conformó el nuevo gobierno.

Lo que es auténticamente peligroso, más allá de estas fantasías y fetiches liberales, es no poner freno a la violencia. Porque no sólo perderemos la paz, vamos a perder el país.

El perfil del Presidente y la crítica sobre su persona no es el mismo que se hace sobre el Gabinete. ¿Qué te parece este grupo que compone el Gobierno Federal?

Evidentemente unos me gustan más que otros, reservaré cuáles sí y cuáles no. Porque es evidente que a estas alturas no han terminado de tomar el control del Gobierno Federal. Nadie lo hace. Normalmente estas cosas toman de un año a dos, dependiendo de la habilidad política de cada titular de las dependencias.

Habría que esperar para hacer un corte de caja. Todavía no han pasado ni seis meses de que se conformó el nuevo gobierno. Entonces sería injusto valorar si son los correctos o no, quizá podríamos valorar lo que deberían haber logrado a estas alturas.

Ejemplo: no podemos valorar la estrategia de seguridad del nuevo gobierno en seis meses, deberíamos darle cierto tiempo lógico. ¿Cuál es? Vamos a esperar a mitad de sexenio, o hagamos un corte al primer año, otro corte al segundo año, otro al tercero. Vemos si se modifican tendencias o no. Pero esta gente ya está con: «el primer mes de López Obrador fue el más violento de los últimos tres sexenios». Pues sí. Ya sabemos, señores, que México venía en un estado de decadencia absoluta. Por eso pasó lo que pasó el 1 de julio de 2018.

Y con Peña Nieto en franca retirada...

Además, sí. Ese gobierno al final sólo estaba triturando hojas y evidencia de tantas cosas que hicieron.

Y qué hay de la economía, ¿también es muy pronto para tener una visión de la 4T en esta materia?

Se pueden considerar algunos puntos de análisis. Algunos. No puede concluirse si ya funcionó la estrategia post-neoliberal. Eso aún no. Lo que sí puede analizarse son medidas en específico, como la redistribución del ingreso vía los programas sociales.

En ese sentido, a tropezones pero creo que el nuevo gobierno va avanzando. Esto será más claro pronto. Aunque por lo que tengo entendido, y he visto y platicado en público y en privado, hay una tendencia creciente rápida. Parece que se está haciendo bien. Habrá que esperar para estar seguros, pero deberá reflejarse en mayores ingresos a pequeños comercios. En incentivar las economías locales, porque la gente está gastando más.

AMLO ha sido demasiado inteligente al reconocer que todas estas declaraciones altisonantes y ofensivas de Trump responden a asuntos internos. Y son bluffs.

Restaría hablar de la política internacional. ¿Cómo ves la diplomacia desplegada por la 4T?

Ahí hay tres asuntos. El primero con respecto a la relación con Estados Unidos, con mucha diferencia la más importante y la más delicada, y donde creo que se han hecho las cosas muy bien. Nomás hay que ver quién está sentado en la Casa Blanca. López Obrador ha sido demasiado inteligente al reconocer que todas estas declaraciones altisonantes y ofensivas de Trump responden a asuntos internos. Y siguen siendo como bluffs, por lo que no caer en la provocación es inteligente.

El segundo tema es Venezuela, donde se actuó igualmente con mucha prudencia de no sumarse al Grupo de Lima y a la política de intervención de un país soberano. Venezuela es un desastre político, social, humanitario, económico, pero el desastre actual puede palidecer con una hipotética desestabilización local que afectaría gravemente a toda la región. Un poco como lo que pasó en Medio Oriente. EU no es precisamente el país más responsable en su política exterior, y no ser aliado de eso me parece que es inteligente. Y de desatarse un conflicto internacional, el papel de mediador de México sería viable; si tomamos posición por un bando, dejaría de ser viable.

El tercer asunto: el tema con España. Las conquistas. No está muy claro qué haya pasado. De inicio, más que una pifia diplomática del gobierno mexicano, digamos que no se respetaron las formas con el asunto de la carta y cómo se revela, el momento en el que lo revela López Obrador, poco antes de unos comicios importantes allá... Pero hay indicios de que esto ya se había tratado desde el primer mes del nuevo gobierno y que fue España quien reveló la carta. Lo que obligó a López Obrador a apresurar el asunto de la disculpa. Aparentemente lo querían sacar después. No sabemos. No nos consta. Pero en general, ni para España ni para México es un atino diplomático. Es un desastre.


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