José Narro
"No buscaré ninguna candidatura si llego a la dirigencia del PRI"
José Narro analizó las causas de la debacle electoral del tricolor. La tecnocracia, Peña Nieto y Alito Moreno Cárdenas.

El diagnóstico es compartido por todos. El PRI atraviesa la crisis más profunda de su historia. También vive una de las internas más interesantes de su vida. Las preguntas de fondo son, quizás, el punto de inflexión que definirá el futuro del partido que hegemonizó el sistema político mexicano del último siglo. ¿El tricolor se debe reconstruirse en una franca oposición a la 4T o debe convertirse en un aliado de AMLO, como ya hizo el Verde? ¿Debe regresar a los clásicos postulados o persistir en la moderna tecnocracia que dominó al tricolor en las últimas décadas?

En una extensa plática con LPO, José Narro ensaya algunas respuestas a estos interrogantes en medio de su campaña para suceder a Claudia Ruiz Massieu en la dirigencia nacional del PRI. Las causas de la debacle, la lealtad con Peña Nieto, su amistad con Carlos Slim y la competencia con Alejandro Moreno Cárdenas, otros de los temas que responderá sin rodeos. 

Usted tiene una carrera política muy anterior al gobierno de EPN, pero también formó parte de su Gabinete. ¿Por qué cree que fue tan rotundo el desplome electoral en 2018? ¿Cuánto pesó la administración pasada en ese resultado?

Querría primero poner en dimensión lo que para mí son valores fundamentales. Fui colaborador de Peña Nieto, más de dos años fui su secretario de Salud. Compartí ahí aciertos y desaciertos. Pero en mi código de valores, siempre he pensado que la honestidad es el valor número uno. Y el segundo gran valor es la lealtad. Yo tengo lealtad con Peña Nieto.

Trabajé en varios de los gobiernos anteriores surgidos del PRI. Lo hice con Miguel de la Madrid, con Carlos Salinas de Gortari, con Ernesto Zedillo. Tengo una carrera antes que Peña Nieto, y también posterior, porque ahora estoy en esta búsqueda. 

Ahora bien, la lealtad no significa que uno no vea cosas que sucedieron. Fundamentalmente, diría que no supimos transmitir, no pudimos convencer que muchas de las cosas que sucedieron al país fueron muy buenas. Y son producto de la gestión de Peña Nieto. Tuvo un problema real para transmitir, para argumentar, convencer y defender lo que se hizo.

¿Cuáles fueron esos logros?

Primero hablaría de mi área, que es salud. Allí bajamos la tasa de mortalidad infantil, bajamos la muerte materna, logramos controlar los brotes epidémicos más importantes, se incrementó la cobertura de atención, mejoramos en materia de medicamentos a disposición, bajamos el número de nacimientos en niñas y adolescentes. Logramos muchas cosas.

Pero no fue nada más en Salud. En el sexenio se crearon cuatro millones de empleos con prestaciones sociales. Nunca se había logrado esa cifra en la historia del país. Pasamos del lugar 15 a ocupar el número 6 en turismo. La parte agro-industrial mejoró. Nos convertimos en un país exportador de alimentos. Las reformas estructurales...

Entonces, ¿esta debacle se explica por problemas de comunicación?

No. No nada más. También hubo temas muy sensibles, que todo el mundo lo sabe, como la impunidad, la corrupción, el desapego al estado de derecho y otro gran problema -que todavía sufre hoy el país- es la seguridad y la violencia. Todo eso nos golpeó mucho.

¿Cree que la disputa o grieta ideológica que se agravó en los últimos años entre la tecnocracia y el sector más tradicional del PRI también dañaron los cimientos del partido?

Sí. Se lo digo con toda franqueza. Pero no hay una sola causa que pueda explicar la derrota más estrepitosa del PRI en toda su historia. No hay una. Es un conjunto de asuntos y elementos.

Es cierto que hay banderas que se fueron quedando atrás, que no fueron arropadas desde el partido. El PRI, cuando es gobierno, lleva en su nombre gran parte de su problemática: es el revolucionario institucional. Es entonces un partido que sacrifica muchas cosas en aras de la institucionalidad.

Hubo una grieta ideológica en el PRI. Banderas que se fueron quedando atrás, que no fueron arropadas. Pero no hay una sola causa que pueda explicar la derrota más estrepitosa del PRI en toda su historia. Es un conjunto de elementos.

Una de las críticas más fuertes que se hacía entre los propios priistas -de forma pública en el final del sexenio- era cierta cerrazón de Enrique Ochoa, quizás uno de los emblemas de este grupo de tecnócratas. Decían que era sectario, que apartaba a muchos grupos, que los desoía. No buscaba una síntesis, pues. 

No es por mencionar a una persona, porque si los problemas que tiene el PRI fueran por una sola persona, todo sería muy fácil. Ochoa ya tiene casi un año sin ser presidente del partido. Sí influyen los estilos, las formas, la visión ideológica, el estilo personal para resolver los problemas. Pero no es eso lo único.

Diría que el desapego del partido a las banderas tradicionales, sí lo veo y lo siento como una de las razones a la crisis del PRI. Pero quiero dejar claro que no digo que el problema fue Ochoa, porque el PRI tampoco era maravilloso previo a su llegada, aunque había un gran dirigente como Manlio Fabio Beltrones.

Recordemos que Beltrones deja la dirigencia tras las elecciones de 2016, digamos, no de la mejor manera...

No se va de la mejor manera. Y yo muchas veces he preguntando y me he preguntado... [Se detiene y piensa.] En estos días, debo ser honesto, digo qué bien hizo Beltrones, qué dignidad tuvo, qué altura. Porque el partido sufrió una derrota. La pregunta que uno se tiene que hacer es: ¿había perdido Beltrones o perdió el PRI? La respuesta es que perdimos los priistas, perdió el partido. 

Había personajes de la tecnocracia que celebraron la renuncia de Beltrones como una victoria propia. Sí había una división muy profunda.

Sí. Pero usted se dedica a esto. Yo no tanto: soy un aspirante a la dirigencia.

En algún momento se barajó su nombre para la candidatura presidencial de 2018. Siempre son difíciles los ejercicios contrafácticos, pero ¿supone que la elección del candidato para la sucesión pesó en el resultado?

Cuando doy una entrevista trato de ser lo más objetivo posible. Y siempre trato de decir mi verdad. Déjeme decirle: se valoraron muchas cosas. Se hizo una valoración de cómo estaba posicionado el partido. Lo que han dado en llamar "la marca" y que -de nuevo- yo no comparto esa definición. El PRI no es una marca, es un partido. La política no es una mercancía. Pero efectivamente había un desgaste que se atribuía a la institución.

La valoración fue que el candidato debía reunir ciertas condiciones. Y el elegido fue Meade. Yo no fui el beneficiario de ese análisis. Y estuve tranquilo. ¿Me hubiera gustado? Sí, claro que me hubiera gustado. Pero, al mismo tiempo, sabía que había valoraciones. Y uno de esos requerimientos era que fuera un candidato que no estuviera tan identificado con el partido, que sea más ciudadano y no militante.

Entonces será una pregunta imposible de demostrar. ¿Influyó la decisión del candidato? Seguro que sí. ¿Qué hubiera pasado con otro candidato? Imposible de saber.

El candidato presidencial debía reunir ciertas condiciones. Que no estuviera tan identificado como militante, que sea más ciudadano. El elegido fue Meade. Yo no fui el beneficiado. ¿Me hubiera gustado? Sí, claro que me hubiera gustado.

Hace segundos dijo que le hubiera gustado ser el candidato presidencial en 2018. Si llegara a la dirigencia del PRI, ¿sería la plataforma para buscar la postulación en 2024?

No, de ninguna manera. Que le quede claro. Es contundente mi respuesta. Se lo digo convencido. El partido tiene problemas, muy serios. Los he reconocido antes, pero hoy los estoy viviendo cuando hablo con los militantes. El partido tiene un grave problema. Quien llegue a dirigir no puede distraerse. Es deshonesto llegar al partido para estar después en una boleta electoral. Se lo repito: de ninguna manera debe permitirse.

Tratar de conciliar y convocar a la mayor parte de los grupos, requiere que quien presida el partido no aspire a estar en las boletas electorales. En ninguna. Ni en el 2021, ni en 2024. Sería un error. No se puede. Cuando uno está en un interés posterior, las decisiones están marcadas de antemano.

¿AMLO está metido en la interna del PRI?

Sigo con mucho interés la agenda pública. En consecuencia sigo de cerca las declaraciones del Presidente de México, que ganó las elecciones de forma contundente. Tiene una de las legitimidades más altas de la historia. Le tengo que decir con claridad: espero que no tenga una intervención. Y segundo: AMLO ha dicho que no lo hará.

López Obrador insistió varias veces en las presuntas irregularidades en la compra de medicamentos y puntualmente lo acotó en su último escrito al período que usted comandó esa secretaría. ¿Es factible entenderlo como un mensaje político contra su candidatura para la dirigencia del PRI?

He sido señalado o mencionado en dos de sus conferencias de prensa. Desde el primer día que se mencionó este tema, hice declaraciones muy claras. El Secretario de Salud de México no compra medicamentos.

Luego, se dijo en otra oportunidad que este servidor podría haber sido "omiso" y que podría haber sido "cómplice", porque probablemente había recibido indicaciones. Hice entonces una aclaración. Sí recibí instrucciones de comprar medicamentos. Y sí los compré. Son los medicamentos que me indicó mi esposa. Capaz que desatiendo una instrucción y me va como en feria.

Esos son los únicos medicamentos que compré. Los propios. Los institucionales yo no tengo nada que ver. Rechazo contundentemente esa acusación.

Se habla de la operación de Manuel Velasco, como el puente entre AMLO y Alejandro Moreno Cárdenas. ¿Le preocupa ese rol que estaría jugando Velasco?

Uno no puede desprenderse de las relaciones. Ni se puede renunciar a una biografía. En esa biografía, uno tiene amigos y no tan amigos. Compañeros y adversarios. Para asegurarnos que no se tenga una injerencia desde el Ejecutivo, habría que preguntarle a AMLO. Para saber el rol de Manuel Velasco -a quien conozco desde que era muy pequeño- habría que preguntarle al propio Velasco. Yo no sé.

Pero puedo decirle: los priistas no vamos a permitir la injerencia de nadie que no lo sea. No se debe permitir. Parte de los problemas que hemos tenido en el PRI se resumen en una palabra: simulación. No podemos seguir simulando. No podemos hacer como que hacemos. Tenemos que decir y hacer las cosas en una sola dirección.

¿Definiría a Alejandro Moreno Cárdenas como el candidato de la simulación?

No. Yo no digo eso. Eso lo dice usted. ¿Ya ve? Así son los periodistas. [Risas.] Yo digo que la simulación hay que erradicarla. No es la única, pero es una de las causas fundamentales de los problemas del PRI.

Que quede claro. Quien llegue a dirigir el PRI no puede distraerse. Es deshonesto llegar al partido para estar después en una boleta electoral. El partido tiene problemas, muy serios.

Hablaba de las biografías. Usted tiene una amistad de muchos años con Carlos Slim. Y el vínculo entre AMLO y el dueño de Carso se deterioró mucho en los últimos meses. ¿Cree que esa amistad de alguna manera puede jugarle en contra?

Claro que conozco a Carlos Slim. Sí me siento muy amigo. Si usted voltea, ahí hay una butaca de los yankees. Esa me la regaló Slim cuando dejé de ser rector de la UNAM. Compartimos ese gusto por el beisbol.

Pero, le prometo bajo palabra de decir verdad, que desde que tomé la decisión... Es más, antes de tomar la decisión. Diría que hace cuatro meses que no he visto al ingeniero Slim. ¿Soy cercano? Sí, soy su amigo. Tengo el gusto de que en su familia me reciben como amigo. Los hijos, los nietos, los yernos. De ahí a cualquier otra cosa, hay una enorme diferencia. Él no tiene que ver en mis decisiones políticas, ni yo tengo que ver en sus decisiones empresariales.

¿Qué tipo de oposición debería hacer el PRI frente a la 4T?

Quiero ser presidente del PRI porque creo en la democracia y en la política. No puedo imaginar a la democracia ni a la política mexicana sin el PRI. Sin un PRI fuerte, claro, y bien definidas las tareas que debe hacer, que son distintas a la de un gobierno, incluso aunque sea un gobierno emanado del PRI.

Me importa fortalecer la vida democrática. Para eso, se requiere de oposiciones. Claro, que sean maduras, sensatas, flexibles, francas, honestas y capaces de construir acuerdos. La política es la búsqueda de acuerdos y de consensos amplios. Una oposición que sepa decir "no, así no, Presidente" -cuando haya que hacerlo- y acompañar cuando sea constructivo. Por ejemplo, ¿quién puede estar en contra de la lucha contra la corrupción? Sólo un corrupto.

¿Cómo evalúa, hasta ahora, la gestión de AMLO?

Es muy temprano para hacer una evaluación. México es un país muy grande. Debemos entender que la tarea es muy compleja. Gobierno y oposición debemos comprender que cuatro meses es un período muy corto para hacer una valoración real. Todo lo que pueda decir, sería demasiado coyuntural.

Usted viene de la vida universitaria, del universo de la educación. ¿Qué opina de la propuesta de AMLO de derogar la reforma educativa?

La reforma educativa es pertinente para México. No necesitamos regresar adonde estábamos, sino mejorar la reforma que se hizo. Qué bueno que avanzamos, pero el trabajo está incompleto. Siempre lo dije. Además, conceptualmente es imposible volver atrás. Yo no podría volver a vivir mi juventud de nuevo. Es una fantasía. Puedo imaginarla, puedo recrearla, pero regresar no se puede.

Por otra parte, hay que tener respeto por el estado de derecho. Hay mecanismos para derogar la reforma educativa. No es permisible ni aceptable que simplemente a través de un memorándum se pueda derogar.


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