Seguridad
La caída de la Iniciativa Mérida, el plan de EU que prometió terminar con la violencia
LPO habló con Richard Miles, miembro del Consejo de Seguridad de Bush, y con Alejandro Hope, ex funcionario del Cisen.

A poco más de un mes de su ascenso al máximo cargo político de la nación, el presidente Felipe Calderón Hinojosa arrancó su sexenio disfrazado de soldado. Por primera vez desde que el civil Miguel Alemán tomó el cargo, un presidente de la República Mexicana vistió una casaca verde olivo y una gorra con las cinco estrellas del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

Las columnas de los diarios esa semana no tardaron en desmenuzar la movida. El flamante presidente se arropaba de verde olivo para legitimar su cuestionado triunfo en las urnas. Un presidente que se vio forzado a asumir el cargo a velocidad récord debido a las protestas de la oposición y las marchas y plantones de su principal rival en la elección, Andrés Manuel López Obrador.

Ante los acontecimientos posteriores, resulta de una inocencia desgarradora la alerta que lanzó Carmen Aristegui en su columna esa semana del 2007: "El debilitamiento de las fuerzas políticas mexicanas a raíz de una disputa desordenada, intervenida y violentada por la Presidencia de México, no sólo ha dejado al país dividido, sino que ha hecho irrumpir a la estructura militar como la única garante visible de la estabilidad nacional".

AMLO descartó reorientar recursos de la iniciativa Mérida a la Guardia Nacional: "Irán al desarrollo del sur"

Resulta difícil de creer que por esas fechas la estructura militar gozaba de una autoridad moral incuestionable, antes de que la mandaran a combatir sicarios. La imagen del Calderón soldado marcaría para siempre la etapa más sangrienta que ha visto este país desde la Cristiada.

Pero la era de la militarización que empezó con un espectacular operativo en Michoacán no entraría por completo sino un año y medio después, cuando George W. Bush y el Congreso de EU respondieron la solicitud de apoyo que hizo el presidente mexicano en marzo de 2007. El resultado fue la Iniciativa Mérida.

En su primera etapa entre 2008 y 2010 el plan incluyó una inversión equivalente a los mil 500 millones dólares y contempló tres objetivos prioritarios: 1) contraterrorismo, "contranarcóticos", y -eterna favorita de los congresistas de EU- seguridad fronteriza; 2) seguridad pública, y 3) construcción institucional. Más tarde, en la era del centrista Obama, cuando ocurría la carnicería, agregarían un cuarto punto de corte social: "La construcción de comunidades fuertes y resilientes".

Noviembre 2010: Carlos Pascual, entonces embajador de EU en México, entregó tres helicópteros militares Blackhawk al entonces secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna

Esta semana Andrés Manuel López Obrador anunció que dirigirá los fondos de la Iniciativa Mérida para el plan de desarrollo del sureste mexicano. "No queremos que haya cooperación para el uso de la fuerza, queremos que haya cooperación para el desarrollo, no queremos la llamada Iniciativa Mérida".

A doce años de que Calderón exigiera el apoyo de EU en la lucha contra el narco, LPO consultó a dos actores importantes de este plan inédito y controversial. Del lado estadounidense hablamos con Richard Miles, asociado senior del Programa de las Américas del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Miles pertenecía al Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca de W. Bush y formó parte del equipo que desarrolló la Iniciativa Mérida. Su experiencia en temas de seguridad es extensa y abarca 20 años entre el Departamento de Estado y como agente de inteligencia del Ejército de EU.

Del lado mexicano hablamos con Alejandro Hope Pinson, quien por aquellos años trabajaba en el Cisen y desde entonces se ha destacado como uno de los principales analistas en temas de seguridad y narcotráfico de México. El año pasado se unió a la campaña de Margarita Zavala como asesor de seguridad.

En tu opinión, ¿cuál es el legado más positivo de la Iniciativa Mérida?

Miles: Creo que fracasó en los objetivos que buscaba alcanzar: reducir la violencia y el narcotráfico. Pero creo que sí estableció una relación muy profunda y amplia entre México y EU en términos de seguridad y justicia. Ya son diez años que tenemos una relación muy cálida entre altos mandos -y no sólo altos, también entre oficiales de medio y bajo rango. Lo mismo ves entre servicios de seguridad e inteligencia. Es una de las razones por las que, a pesar de que tienes a un populista de derecha en la Casa Blanca, y a uno izquierdista en México, la relación es mejor de lo que se podría predecir. Si hace tres o cuatro años hubieras dicho que AMLO iba a ser presidente y Trump también, la gente hubiera dicho "oh, será un desastre, no van a hablarse". Por el contrario, en el nivel bilateral no está nada mal, y parte de esto es porque tienen casi media generación de altos mandos mexicanos y estadounidenses que han trabajado juntos muy de cerca, y esto sirve como buffer. Nuestra relación con México, gracias a la Iniciativa Mérida, es mucho más estrecha que con Canadá o cualquier otro país en la región. No tenemos una relación así con Brasil, ni con Argentina o Chile. Tantos contactos a tantos niveles. Ese es el gran cambio de la Iniciativa Mérida. La confianza es tan profunda que puedes tener dos presidentes que no se simpatizan y no afecta la relación bilateral.

¿Qué opinas de las declaraciones del presidente López Obrador respecto de la Iniciativa Mérida?

Hope: Hay mucho que desempacar en la declaración de AMLO. Primero, entra en contradicción con lo que declaró Alfonso Durazo, que habló de dedicar recursos de la iniciativa a la Guardia Nacional. En segundo lugar, creo que hay una confusión en los montos involucrados. De 2007 a la fecha se han erogado más o menos 3 mil millones de dólares. De ese total alrededor de la mitad se envió a México entre 2007 y 2011. Los últimos ocho años han disminuido de manera paulatina los montos. Este año fiscal se presupuestaron 80 y tantos millones y se dedicaron 60 millones más, en total 145 millones. Para el 2020 la administración Trump está solicitando 76 millones de dólares. Aun si el presidente lo quisiera dedicar a temas de desarrollo, pues no da para mucho. Además, la Iniciativa Mérida ya tiene un componente social. Es el pilar cuatro, que no es muy grande, pero ahí está. Construir comunidades fuertes y resilientes.

Otro punto importante es que la Iniciativa Mérida nunca se trató de dinero. La asistencia no fue el punto nodal. Se buscaba -desde la perspectiva mexicana- que EU aceptara corresponsabilidad con el problema de delincuencia organizada, particularmente el narcotráfico. Una expresión material de ese principio de corresponsabilidad. Algunas de las partes más importantes de la IM nunca tuvieron una expresión presupuestal. En particular el intercambio de inteligencia y la institucionalización de ciertas formas de cooperación entre agencias. Si el presidente quiere asistencia económica para el sureste tiene que tomar en cuenta que, dadas las realidades políticas en EU, cualquier programa de asistencia en México va a necesitar de manera ineludible un componente de seguridad. Algo que se parezca a Mérida, aunque ya no se llame Mérida.

 En la era Peña Nieto-Obama la Iniciativa Mérida adoptó el cuarto punto de la estrategia: la construcción de comunidades resilientes  

Richard, ¿qué tan importante fue el aspecto de la corresponsabilidad? Uno de los puntos que más destacó Alejandro Hope en su análisis de Mérida.

Miles: Una de las razones por las que funcionó la iniciativa fue para compartir la responsabilidad. Fue un cambio extraordinario para las relaciones México-EU en lo que respecta a seguridad. Antes de la iniciativa las relaciones entre las Fuerzas Armadas de cada país y las agencias de la ley no eran buenas. En ocasiones eran hostiles. Desde entonces tenemos cooperación. Reconocimiento de que ambos gobiernos estaban lidiando -en muchos respectos- con problemas similares.

¿Cuáles son los problemas principales de la iniciativa?

Hope: Tiene muchos problemas. Uno en específico: los problemas con cómo se mide el avance en la cooperación. Las métricas han sido un dolor de cabeza continuo desde que inició esto, de ambos lados de la frontera. ¿Se debe medir por el nivel de violencia en México? ¿Por métricas más tradicionales de combate al narcotráfico-decomisos, detenciones, extradiciones? ¿Se debe medir por métricas de fortalecimiento institucional, y en ese caso cuáles? Ese ha sido el problema de fondo cuando los funcionarios de EU van al Congreso a defender el programa.

Dicho todo lo anterior, creo que, si el presidente quiere reorientar la cooperación, sería más útil construir sobre Mérida que descartarlo. Montar otros programas de cooperación sobre la arquitectura institucional que ha creado Mérida.

¿Existe un enfoque distinto para abordar la crisis de violencia que enfrenta México desde hace doce años?

Miles: Creo que sí hay otro enfoque para lidiar con la crisis de seguridad, pero es uno que va a tomar mucho tiempo y que demanda mucha paciencia por parte de ambos gobiernos. Creo que el Gobierno de EU reconoce que la estrategia de ir tras los líderes de los cárteles ha sido exitosa para capturarlos, pero no para reducir la violencia. Hoy es tan sencillo como hace doce años conseguir heroína o cocaína en las calles de EU.

¿Qué métricas deberían considerarse para determinar los avances de Mérida?

Hope: Por ejemplo, de fortalecimiento institucional. De desempeño del sistema de justicia penal. No sólo cuánta gente condenas, o mandas a la cárcel. Hay métricas que sugieren que ha funcionado la reforma penal, en ese sentido el respaldo de Mérida es importante. Medidas específicas para el componente social, el impacto sobre las cadenas criminales, qué tanto ha impactado o no. Hay muchas maneras de entrarle, ninguna es sencilla y ninguna va a satisfacer a todo el mundo.

¿Existe interés en EU por explorar otros esquemas de lucha contra el narcotráfico en México?

Miles: El más reciente envío de fondos de la Iniciativa Mérida me parece que va destinado a la reforma judicial, a proveer asistencia para entrenar jueces y fiscales y abogados; para reducir la corrupción y construir un sistema judicial más eficiente. He visto algunas mejorías en los estados mexicanos en cuanto al número de casos procesados, pero ha sido muy pequeña. Hay mucho por hacer en el sector judicial. La excepción a eso es que el interés del Congreso de EU en el combate a la heroína es muy, muy alto. Sé que están trabajando duro en ese sentido ambos gobiernos. De hecho, el Congreso duplicó lo que la administración Trump había solicitado para ir tras la heroína y el fentanilo.

Diciembre 2009: John Brennan, quien posteriormente sería director de la CIA, y Carlos Pascual entregan aeronaves militares para la lucha contra el narcotráfico. 

¿Cómo cambió el panorama de los servicios de inteligencia con la llegada de la administración de AMLO?

Hope: No lo sé. Mira, el Cisen cambia de nombre y de administración. Entiendo que también amplían su mandato, lo dedican de manera más explícita a temas de seguridad, se empiezan a mezclar temas de seguridad pública y seguridad nacional. Todavía están en flujo estos cambios. Mis mayores temores tienen que ver con el aparato de inteligencia de la Policía Federal. ¿Qué va a pasar ahora que se transfiera a la Guardia Nacional, y si va o no a sobrevivir ese aparato?

Me preocupa que se salgan analistas y policías que no podrían tener recelo hacia una institución dominada por el Ejército. Muchos de ellos son civiles, y pudieran ocurrir deserciones masivas.

¿Puede el presidente mexicano disponer de estos fondos como mejor le parezca?

Miles: Estas solicitudes presupuestarias son elaboradas con la cooperación de las autoridades mexicanas, claro, pero al final del día el que decide en qué se debe de gastar es el Congreso de EU. Hay cierto espacio para programas sociales, de educación y entrenamiento, por lo que el Gobierno de México tiene cierto espacio de maniobra. Pueden decir "mira, no necesitamos otro helicóptero, preferimos entrenamiento". Pero no es una olla de dinero que puedan decir "bueno, creo que voy a gastar esto en Chiapas". No es tan simple. Por supuesto habría un desacuerdo entre ambos gobiernos y el Congreso de EU tendría que decidir. No creo que ellos aprobarían que se invirtiera en desarrollo social, a menos que estuviera ligado a frenar la producción de drogas, o para construir instituciones, trabajo en prisiones, reforma penal. Pero no creo que estarían de acuerdo con programas de creación de empleos en el sur de México.

¿Cuál sería el mayor triunfo de la Iniciativa Mérida los últimos doce años?

Hope: El hecho de que EU reconozca que es corresponsable del problema. Piensa cómo era la situación hasta los años 90. EU, de manera unilateral, certificaba si los países estaban cooperando o no con el combate al narcotráfico. La fluidez de la cooperación en varios temas es considerablemente mejor, en parte gracias a este reconocimiento de EU. Mayor cooperación en temas de seguridad fronteriza, entre agencias de inteligencia, se han creado más canales de comunicación entre los dos gobiernos. No es un tema menor.

Ahora, ¿ha cambiado la ecuación de la seguridad en México? Ciertamente. ¿Ha tenido un impacto significativo sobre los flujos de droga a EU? Probablemente no. ¿Ha modificado el submundo criminal? Sí. En parte ha ocurrido por la política mexicana, y en parte sí [por Mérida]. Creo que se requiere una aproximación matizada al tema. No es blanco y negro.

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