Comercio exterior
La desaceleración de Brasil golpea a la industria argentina y prolonga la recesión
Los industriales están preocupados porque la demanda del país vecino no repunta en línea con las expectativas.

La salida de la recesión se posterga, una vez más por la conjunción de causas domésticas como extranjeras. A las renovadas caídas de la industria y de la construcción en el mes de marzo, se suman noticias de Brasil poco alentadoras. Su economía en febrero se desaceleró 0,7% respecto de enero y arrastró las expectativas de crecimiento para este año no solo allí, sino también en la producción manufacturera local.

Es que los industriales argentinos contaban con la tracción de la economía vecina para hacer frente a la caída del mercado interno; sin embargo, las expectativas no se ven corroboradas por la realidad: entre fines de octubre -cuando Bolsonaro fue electo- y su asunción el primero de enero, el sector privado sostuvo brasileño sostuvo sus expectativas de crecimiento en 2,5% para 2019; pero la postergación de las reformas, la caída del poder adquisitivo y la tragedia de la represa minera de Brumadinho obligaron a los consultores a rever sus proyecciones que cayeron al 1,49%.

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"La situación es preocupante para Argentina ya que, con un mercado interno deprimido, las apuestas recaían sobre el impulso de Brasil para afianzar las exportaciones manufactureras", destacó en un informe Matías Carugati, economista en jefe de la consultora Management and Fit.

Desde la UIA no desconocen la magnitud de la caída de las expectativas, pero lo matizan porque es habitual que las proyecciones de crecimiento que informa el Banco do Brasil se pinchen con el correr del año. Por cada punto porcentual que crece Brasil, nuestra economía crece un cuarto de punto.

'La situación es preocupante para Argentina ya que, con un mercado interno deprimido, las apuestas recaían sobre el impulso de Brasil para afianzar las exportaciones manufactureras', destacó la consultora Management and Fit.

De hecho, del cada tres dólares que exportamos al Brasil en 2018 uno fue de productos industriales y el 70% de estas exportaciones industriales correspondió a la industria automotriz.

"El último dato de actividad (febrero) da cuenta de un crecimiento en el orden del 2,5% anual, pero con un retroceso del 0,7% respecto al mes anterior. Entre las razones se encuentran, por un lado, un consumo limitado por la pérdida del poder adquisitivo y el alto nivel de desempleo y, por otro lado, el freno en la actividad minera a causa del derrumbe de la represa en Brumadhino. La decepción respecto a la lenta recuperación económica y las tensiones políticas para lograr las reformas en las jubilaciones inquietan al mercado. De hecho, el deterioro de las expectativas acumula diez semanas a la baja, y no se descartan nuevas correcciones", precisa el informe de Management and Fit.

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La industria registró en marzo una caída del 4,3% respecto de marzo y anotó una caída del 13,4% interanual, y así entró en duda la leve recuperación observada entre diciembre y febrero. De prolongarse esta caída, seguirá sin sentirse cualquier recuperación estadística proveniente de la cosecha. Al fin y al cabo, la actividad manufacturera representa prácticamente el 15% del PBI nacional. Y el último REM del Banco Central tomó registro de esta desmejora en las expectativas de nivel de actividad. Para 2019, se espera que la recesión se acote al -1,3%.

Por el frente externo, no solo el menor crecimiento de Brasil dificulta la salida de la recesión. Las discusiones arancelarias entre Estados Unidos y China también suman incertidumbre al tipo de cambio de todos los mercados emergentes. En el caso argentino, esta volatilidad se magnifica por el escenario político y la estrecha situación financiera. Y esto también golpea a las posibilidades de recuperación del sector. 

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Así lo explicó Matías Surt, economista de Invecq Consultora Económica, en su informe semanal: "Si bien es destacable que la dinámica industrial se encuentra en uno de sus peores momentos, no fue así hasta el primer trimestre del año previo, donde la estabilidad cambiaria funcionaba como impulsor de proyectos de largo plazo y la economía sostenía un importante crecimiento en su conjunto. Queda claro que la inestabilidad cambiaria evidenciada en el tercer mes del año volvió a tener un rol fundamental que atentó contra la débil recuperación de la economía".

"Es por eso que, la estabilidad cambiaria será de vital importancia para poder mejorar las perspectivas macro y afianzar a los segmentos más afectados por la volatilidad, procurando sobre todo una mejora en el poder adquisitivo. Este objetivo se vuelve un desafío en año electoral donde la tendencia a la dolarización de carteras y, por ende, la demanda de dólares, son altas y, a su vez, la concreción de inversiones de largo plazo se vuelve más restrictiva. Seguir de cerca el manejo del BCRA sobre el mercado de cambios en conjunto con la oferta de las exportaciones en el trimestre será determinante a la hora de encausar el sendero de recuperación", concluyó el informe de Invecq.


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