Argentina
España y México en el centro de la estrategia del peronismo para evitar otro default de Argentina
Alberto Fernández busca aliados como AMLO y Pedro Sánchez para balancear a Trump en la renegociación de la deuda con el FMI.

 "Tienen cuatro consigas, las repiten y ni miran el país del que hablan. Es imposible que volvamos a negociar con esta gente", describió la economista Cecilia Todesca la tensa reunión que junto a Alberto Fernández y Guillermo Nielsen mantuvieron hace quince días con los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El resumen de la hija del director del Indec fue uno de los pocos datos que llegó este mes a quienes integraban el círculo más cercano a Fernández antes que se convertiera en candidato presidencial y están alejados de los medios por orden de Santiago Cafiero, posible jefe de Gabinete en diciembre.

En charlas privadas, Todesca quiso dejar claro que el comunicado de Alberto rompiendo relaciones con el FMI fue la consecuencia de esa fallida conversación y no de un debate interno posterior. "Insisten en pedir restricción monetaria, no hay un peso en la calle y la inflación se fue a las nubes. No entienden que no funciona", se resignó, en diálogo con sus amigos albertistas.

Alberto advirtió al FMI que buscará un préstamo con China si no aflojan el ajuste

La áspera cumbre con Alejandro Werner y Roberto Carderalli, los técnicos enviados por el FMI, abrió un conflicto de Alberto con el organismo que dominará su gestión, si finalmente gana en octubre. Y sólo le encuentra salida con un apoyo internacional para reprogramar los vencimientos, impagables para todos los candidatos presidenciales, pero sin condicionamientos su política económica. Un objetivo demasiado grande.

"Si hay un respaldo de Europa y los otros países industrializados, [Donald] Trump puede ceder y patear los pagos para un segundo mandato. De lo contrario, el FMI entrará en conflicto con su principal deudor (Argentina), que representa el 60% de su cartera de créditos. Sería una crisis financiera innecesaria y de una escala impredecible", desafían en las oficinas de Alberto Fernández, no sin algo de temor, que irá creciendo día a día.

La vocación de chocar, explican, no es por populismo universitario, sino porque consideran improbable que los técnicos del FMI acepten otro plan que no sea bajar la emisión monetaria y esperar un rebote, aun cuando ya no funcionó. Sólo una presión política puede obligarlos a revisar el libreto.

Es lo que Alberto le pidió al presidente de España, Pedro Sánchez, con la esperanza de llegar con el mensaje al resto de Europa; y sería el principal tema de su reunión con el jefe de Estado de México, Andrés Manuel López Obrador, prevista para el 23 de septiembre, como anticipó LPO. En sus primeros vínculos con el mundo busca además referencias de la búlgara Kristalina Georgieva, que el 4 de octubre reemplazará en la presidencia del Fondo a la francesa Christine Lagarde.

La estrategia quedó transparentada con las declaraciones públicas posteriores del ex primer ministro socialista, José Luis Zapatero, quien también estuvo con Alberto en Madrid. "España, por lo que representa ante los organismos internacionales, puede apoyar para que Argentina no entre en situación de default", afirmó Zapatero.

Alberto Fernández y Pedro Sánchez en el reciente encuentro en la Moncloa.

Pero el peso lo tienen los Gobiernos y sobre todo el de Estados Unidos, con el 16,74 % del directorio del FMI y poder de veto sobre las decisiones más importantes, que requieren el apoyo de un 85%. Sólo las medidas menores se pueden tomar con el 70% de los votos.

La decisión de no enviar 5400 millones de dólares que Macri esperaba como parte del acuerdo, justamente, se debe a que no hubo una mayoría del directorio dispuesta a respaldar el giro después del encontronazo de Fernández con Werner y Carderalli.

Si bien Trump siempre definió al presidente argentino como su amigo, nunca logró que cumpliera con su principal reclamo: eliminar la base espacial de China en Neuquén, abierta durante el último Gobierno de Cristina Kichner y una provocación para la Casa Blanca en plena guerra comercial con el gigante asiático.

Lo pidió en el G20 y lo reclamó un comité de legisladores republicanos que visitó el país a entrevistarse con funcionarios del Ministerio de Defensa y luego informó en un comunicado oficial que había venido a combatir el"espionaje" chino en la región.

La semana pasada, tal vez molesto porque no llegaban los dólares del Fondo, Macri recibió al ministro de Defensa de China para ratificar su decisión de sostener el territorio cedido por su antecesora.

Alberto ya sabe el costo de sostener esas torres en la Patagonia y por eso, tal vez, haya dejado correr la versión de un crédito salvador de Xi Jinping si Trump tensa demasiado la cuerda. No podría ser gratis: la base espacial fue la moneda de cambio del swap de monedas con China en 2014, que le sirvió a Cristina para pasar sin mayores sobresaltos el default al que la habían llevado los fondos buitres en los tribunales de New York.

Si gana, Alberto enfrentará vencimientos por USD 23.400 millones en sus primeros cinco meses

Para sumar presión, Cristina y Sergio Massa, que ya planean una ley para controlar la deuda externa que toman los presidentes, vienen repitiendo a dúo que Lagarde es la responsable de la debacle financiera del país por conceder un crédito millonario y no evitar que la mayoría de los dólares se fuguen del país.

En su entrevista televisiva de este domingo, Massa calificó al FMI como "usurero del barrio", por prestar último y pedir cobrar antes que el resto de los acreedores, y abrió la puerta a una reprogramación de los vencimientos, incluso previa a la que pueda haber con los bonistas privados y el ministro de Economía Hernán Lacunza viene prometiendo hace quince días.

El cronograma de vencimientos inmediato que le espera al presidente electo es casi incumplible sin un nuevo endeudamiento o un shock exportador que nadie espera. En los primeros cinco meses de 2020 debe pagar USD 23.400 millones, la mayoría a bonistas privados que apostaron por Macri al inicio de su gestión y por estas horas se arrepienten.

  Mauricio Macri y Donald Trump en la última reunión del G20.  

Y para los otros tres años el FMI espera cobrar la mayor parte de los USD 57 mil millones desembolsados en los últimos 18 meses de la era Macri, intereses mediante. Las cifras estremecen, están publicadas en la secretaría de Finanzas de la Nación y en el bunker de Alberto las repasan a diario.

Las negociaciones con los acreedores, aseguran, empezarán el 28 de octubre, esperan que después de un triunfo contundente, con mayor diferencia que en agosto, necesario para mostrar un Gobierno popular y con cómodas mayorías parlamentarias.

La expectativa o necesidad es llegar a diciembre con parte de la deuda total reprogramada y empezar con más salud financiera un enero que asusta a los economistas de Alberto: vencen el congelamiento de combustibles y las bajas de IVA a productos de la canasta básica, suficiente para un nuevo pico de inflación incontrolable, de esos que hacen temblar a los presidentes. Incluso a los recién llegados.

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