Citlalli Hernández Mora
"El PAN se está convirtiendo en el comité de reelección de Trump"
La senadora morenista Citlalli Hernández habló con LPO sobre por qué la agenda del oficialismo es progresista, el viraje hacia la ultraderecha de Acción Nacional, y las peleas internas en su propio partido.

«Perdón por la expresión pero hemos tratado de campechanear entre nuestra agenda personal y la agenda del presidente López Obrador, que es la prioritaria». Así comienza la senadora de Morena en este diálogo exclusivo para LPO que se publica en medio del arresto de Genaro García Luna en Texas por colaborar con el Cártel de Sinaloa, y de la polémica por la solicitud de Morena para que Ricardo Monreal separe a Lilly Téllez de la bancada.

Los pendientes legislativos de Citlalli Hernández son los irrenunciables de la izquierda mexicana: una iniciativa que prohibiría las terapias de conversión, la Ley de Amnistía, la regulación de plataformas digitales («pensando en los trabajadores»), la prohibición del fracking, entre otros.

«No quiero convertirme en una senadora que tenga récords cuantitativos -agrega-. Prefiero proponer cosas con mayor calidad, y que puedan tener todo el acompañamiento y el proceso, es decir, ser entendidas, explicadas, que se debatan en la opinión pública. Con la mayoría que tiene Morena, una de las condiciones que hoy tenemos en el Senado y en la Cámara de Diputados, podríamos pasar con la mano en la cintura varias cosas, pero si no terminan en el terreno social no cumpliríamos nuestro objetivo».

Tienes muchos enemigos en la oposición, pero más que a ti es a tu agenda a la que temen.

Estoy convencida de que la nueva integración legislativa y política debe poner acento en temas que se ha evadido en otro momento, aquellas mayorías legislativas (ya sea del PRI, o del PAN en el Gobierno). Somos, de origen, de izquierda. Y aunque estamos gobernando para todas y todos, y aunque Morena está conformado de una manera plural, quienes fundamos el partido tenemos claro que nuestra agenda es progresista, desde una óptica más social.

Y al final estamos hablando de derechos, y estamos hablando de personas, y esas personas que promueven el odio a veces lo hacen desde la subjetividad, desde las creencias o desde la ignorancia.

En ese sentido, junto a lo que está haciendo el presidente, hay nuevos elementos en la discusión pública. El diálogo de lo público estaba en manos de una élite política, de una élite económica y de una élite comunicacional. Parte de los cambios de la 4T es que hay nuevos integrantes en la conversación pública...

Tú eres una de las nuevas voces...

Sí. Pero pareciera que quienes habían tenido la hegemonía -hasta de la opinión- no comparten la idea de que haya nuevos integrantes en la conversación.

Porque incomoda sobre todo a una parte de los conservadores del país.

Las nuevas agendas. Las nuevas voces. El foco en demandas sociales... Porque el tema del aborto es un tema que hace tiempo se ha pedido. El pensar y priorizar a los indígenas. El pensar en la población LGBTTTI. El pensar en la violencia hacia las mujeres.

Las agendas de las minorías siempre han estado ahí, el caso es hoy sí hay quien las atienda desde el estado, desde el gobierno, desde el parlamento. Y al poner el foco, a quienes nunca les ha gustado, o quienes siempre lo han invisibilizado, hoy alzan la voz para atacar esa agenda, mediante un discurso de odio preocupante. Una especie de ultraderecha que opina con discursos homofóbicos, machistas, clasistas, xenófobos.

Por eso siempre digo que nuestra labor tiene que ir en dos sentidos: no sólo en lo que hacemos en el espacio legislativo, sino en cómo lo comunicamos. Debemos comunicar que queremos gobernar para todos, desmantelar las mentiras sobre lo que hacemos y sobre lo que somos, ante una estrategia de ese sector de la reacción de deslegitimizar, de atacar, de generar odio, porque siempre han tenido el poder o siempre han tenido cubiertos sus beneficios y privilegios, y hoy eso se ve amenazado.

La oposición, me dijo el Fisgón hace tiempo, se desconectó del Consenso de Washington tras la llegada de Trump al poder. Incluso en casos como el de Enrique Krauze están en contra de la actual agenda de la Casa Blanca, contrario a su costumbre. Sin embargo, con la amenaza de calificar a los cárteles de la droga como «terroristas» parece que están encontrando un puente hacia el trumpismo.

El PAN se está convirtiendo en el comité de campaña de Trump en México. Es lamentable, vergonzoso y además peligroso...

¿El comité de campaña de la reelección de Trump?

Sí. El comité de campaña de la reelección de Trump. Porque están combinando sus filias y sus fobias nacionales con el aplaudir una amenaza o una intervención norteamericana. Pero tampoco me sorprende. El PAN siempre ha hecho el trabajo sucio a los intereses más perversos de la política norteamericana.

El PAN se está convirtiendo en el comité de campaña de Trump en México. Es lamentable, vergonzoso y además peligroso. Están combinando sus filias y sus fobias nacionales con el aplaudir una intervención norteamericana.

¿A qué te refieres?

Te pongo un ejemplo. Con Vicente Fox se aprobó el Plan Mérida y el ASPAN, la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte. Y con Felipe Calderón se sentaron las bases para implementar una política de seguridad que no benefició en nada al país: ni debilitó al crimen organizado, ni afectó el flujo de drogas. Por el contrario, lo que ocasionó fue más sangre, muerte, desaparecidos, violaciones de derechos humanos, y trataron de construir un enemigo interno que era el narcotráfico.

Y el enemigo interno resultó otro.

Si vemos los discursos del PAN, desde entonces traen el discurso del narcoterrorismo o de la narco-guerrilla, desde hace rato. Tratando de construir a un enemigo fuerte para que Estados Unidos pueda intervenir. Y hoy están regresando a esa lógica.

Hay un sector del PAN que parece representar a intereses extranjeros y no a los nacionales. Y creo que si pudieran, traerían de nuevo a Maximiliano con el pretexto de que: «Andrés Manuel no sabe gobernar». La narrativa que están construyendo. Con toda libertad y con toda responsabilidad, te digo que la derecha mexicana más recalcitrante está articulada con la derecha continental.

Bolsonaro, Duque, Lenín, Piñera, Trump.

Es la derecha que mete a la cárcel de manera injusta, la derecha que da golpes de estado, la derecha que fomenta el odio. La que tiene hoy al continente en una disputa hegemónica. Y a mí me parece que es preocupante, están tratando de construir una narrativa para que EU intervenga en México.

Por otro lado, creo que la labor del canciller y la política internacional de México se está llevando de una manera muy acertada. Ha sido muy buena. Acostumbrar a un vecino tan poderoso, a uno de nuestros socios comerciales más importantes como EU, acostumbrarlo a que hay una nueva lógica de gobierno, a que somos soberanos, a que no queremos ser patio trasero pero sí queremos una relación bilateral de respeto, de cooperación, ha sido un reto que ha asumido muy bien este gobierno.

En la política norteamericana estaban acostumbrados a que México se sometiera a la lógica de Washington. Hoy, sin pelearse con Trump, el presidente ha generado las condiciones para decir con mucha claridad que queremos cooperar pero con respeto a nuestra soberanía. Sólo piensa que en el concierto internacional, bajo esta administración, México ha tenido posiciones totalmente distintas a las que ha tenido Washington: Venezuela, Evo Morales, Cuba, otros temas de interés internacional.

No sé si algunos compartirían que el PAN reviviría a Maximiliano para volverlo a coronar, pero es un hecho que Felipe Calderón está convirtiéndose en un protagonismo de la lucha anti-4T frente a la ausencia de figuras opositoras que le hagan sombra a López Obrador.

Creo que responde a una posición que no ha sabido leer el sentido de la población, y que trata de seguir pensando con una lógica electoral. El PAN está tratando de decir que todo está mal y demeritar lo que estamos haciendo en la Cuarta Transformación y no se dan cuenta que no tienen la legitimidad para hacerlo. En la lógica más elemental, la misma gente está diciendo: «si lo dicen el PAN y el PRI, quiere decir que mejor le creo a Andrés Manuel». Porque Andrés Manuel tiene una autoridad moral en el imaginario colectivo.

Al sector que sí cae en el odio por sentido común ante su privilegio de clase, su privilegio empresarial, su creencia religiosa, Calderón los está aglutinando a la ultraderecha y al discurso más cercano al fascismo.

Pero no están sabiendo cómo construir una oposición responsable ni racional. En el tema de la revocación de mandato vimos aquí en el Senado cómo votaron divididos. Había quienes decían sin un argumento firme que era la antesala a la reelección de Andrés Manuel, pero hubo otro sector del PAN que dijo que por supuesto que no y que no debían dudar de la revocación de mandato. Parte de los principios originarios del PAN.

Entonces, como todos los partidos después del 1 de julio de 2018, el PAN tiene conflictos internos. Un golpe duro al sistema de partidos...

¿Y esto lo está aprovechando Calderón para México Libre?

Como el PAN no está sabiendo leer a la gente ni a la nueva conformación política, lo que está haciendo Felipe Calderón es tratar de aglutinar a través del odio y del miedo a un sector que nunca ha visto a Andrés Manuel como una opción firme para el país. Con un discurso basado en la mentira, diciendo que Andrés Manuel es autoritario, que está poniendo en riesgo la autonomía de algunas instituciones, que no hay crecimiento económico, que se va a comer a los empresarios, con todo este discurso él sí está leyendo a un sector; sobre todo, al sector al que le quiere llegar. Al sector que sí cae en el odio por sentido común ante su privilegio de clase, su privilegio empresarial, su creencia religiosa, y a mí me parece preocupante porque él es el que está aglutinando a la ultraderecha y al discurso más cercano al fascismo. Ese sector puede fortalecerse y puede pasar lo que pasó en Brasil. Después de Lula y de Dilma llegó un fascista: Bolsonaro.

Entonces, por supuesto que es preocupante, yo no le tengo el mínimo respeto a Felipe Calderón y por supuesto que es el peor presidente que tuvimos en la época moderna. Hizo muchísimo daño a la democracia desde el fraude electoral y después a la estabilidad, a la seguridad, a los derechos humanos. Todos perdimos a alguien durante esa falsa guerra contra el narcotráfico.

Pasemos a Morena. ¿En qué momento estamos del cambio de dirigencia y de liderazgo en el partido más importante para la 4T?

El 1 de julio hubo un llamado social a modificar el sistema de partidos. Y creo que no lo han entenido en los distintos partidos y en la dirigencia de Morena, donde no se ha reflexionado dos cosas: cómo seguir construyendo un partido sin el liderazgo de Andrés Manuel presente, y para qué queremos un partido.

¿Cómo seguir construyendo un partido sin el liderazgo de Andrés Manuel?

Yo te podría decir que yo preferiría que estuviera Andrés Manuel en el partido. Tendríamos la estabilidad. Habría rumbo, habría claridad. Pero creo que Andrés Manuel por algo no se ha metido. Y hasta amenazó con salirse. Porque no podemos seguir con las mismas prácticas, ni dependiendo de liderazgos tan fuertes, ni sometiendo desde el poder presidencial a los partidos.

AMLO no quiere regresar a dirigir Morena.

No, y está bien. Yo creo que está bien, que se dedique a gobernar. Él no es el dirigente de un partido, él es el presidente de un país, y tiene que trabajar para todas y para todos. Somos quienes nos quedamos en el partido los que tenemos que definir qué sigue y cómo acompañamos al presidente.

¿Para qué quieren un partido?

Cuando conformamos a Morena teníamos como objetivos llevar a la presidencia a Andrés Manuel y al Proyecto Alternativo de Nación, para construir un nuevo modo de hacer política, y acelerar la revolución de las conciencias. Nunca vimos al partido como un espacio electoral, siempre lo vimos como una herramienta de transformación social. Y después del triunfo, ninguna dirigencia ha sido capaz de convocar a la reflexión de los simpatizantes sobre un «para qué», para qué queremos construir el partido.

Morena tendría que estar a la vanguardia, respondiendo a los ataques de la derecha, y no hay un partido capaz de responder a Marko Cortés. No hay un partido capaz de salir a las calles y de desmentir las mentiras que han difundido Felipe Calderón y la ultraderecha.

Para ganar elecciones...

Me parece que es limitado y es un error creer que queremos a Morena para seguir ganando elecciones, solamente, o para tener una maquinaria electoral. Y creo que en las dirigencias no se ha entendido el mensaje del 1 de julio. Y el llamado que ha hecho nuestra generación es a pensar qué hay más allá del neoliberalismo. Nuestra generación es víctima del neoliberalismo. Simbólicamente, Andrés Manuel ha dicho que el neoliberalismo murió. Y lo que hemos dicho en mi generación es que debemos tomar estos seis años como un impasse para construir y delinear un proyecto de nación a mediano y largo plazo. Lo hizo la derecha hace 30 años y no importó si llegaba el PRI o el PAN, si quitaban o ponían, lo hicieron durante décadas.

De otra manera, de una manera ética, tendríamos que pensar qué proyecto de nación queremos después de Andrés Manuel, porque él nos propuso un proyecto de seis años, el inicio de una transformación. Nuestra generación tiene la obligación y la responsabilidad de responder qué proyecto de nación queremos a 10, a 20, a 30 años. Y estar preparados para ello, pensar en ser los próximos secretarios de estado, los próximos gobernadores, los próximos diputados, senadores, asesores, no por ambición sino por continuidad de otro modo de hacer política.

¿Yeidckol Polevnsky estará pensando en ello? ¿Bertha Luján? ¿Mario Delgado lo tendrá en la agenda de la Asociación Nacional de Legisladores Constituyentes de la Cuarta Transformación (ANLCT)?

Creo que ninguna dirigencia ha estado a la altura del partido, de la responsabilidad, del movimiento. Y sostengo sin ánimo de personalizar pero Yeidckol Polevnsky -como secretaria en funciones- tiene detenido, inmovilizado el movimiento, durante un año se detuvo la construcción del Instituto de Formación Política, no ha generado la más mínima orientación hacia la militancia. Es más, el partido tendría que respaldar al presidente. Tendría que estar a la vanguardia, respondiendo a los ataques de la derecha, y no hay un partido capaz de responder a Marko Cortés. No hay un partido capaz de salir a las calles, o de desmentir las mentiras que han difundido Felipe Calderón y la ultraderecha. Está inmovilizado el partido.

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