Senado
Martí quiere dar el golpe de knockout a Napoleón: ya opera para quitarle la Comisión de Trabajo del Senado
La debilidad de Gómez Urrutia al interior de la 4T se hace cada vez más evidente. Batres ya envío un mensaje a Luisa Alcalde. Los motivos.

Napoleón Gómez Urrutia se empecinó en sacar una ley contra el outsourcing que es incluso resistida por la mayoría de los funcionarios de la 4T. Los impactos económicos por la virtual prohibición de esa metodología de contratación es un escenario que no resulta nada atractivo en Palacio Nacional.

Pero la insistencia de Gómez Urrutia mantiene el tema en agenda. De hecho, la próxima semana se realizará un parlamento abierto para escuchar posiciones y debatir el tema. Las conclusiones de estas jornadas podrían derivar en modificaciones o en una suerte de apoyo a la iniciativa del sindicalista, que ya cuenta con el aval de la Comisión de Trabajo que preside.

Obstinado, Napo ya acumula muchos roces con diferentes actores del Gobierno, de tal modo que Martí Batres, como los tiburones, huele la sangre que se puede derramar. Por eso, el ex titular de la Mesa Directa, y ahora senador raso, empezó un cabildeo silencioso para quitarle al sindicalista minero la presidencia de la Comisión de Trabajo del Senado.

Malestar entre AMLO y Napoleón por el freno a la ley anti outsourcing

¿Qué ofrece Martí? Planchar definitivamente la iniciativa, con el apoyo de los senadores que integran esa comisión y que -dice- lo acompañarían en esa tarea. Es el mensaje que le envió a la secretaria de Trabajo, Luisa Alcalde, quien también cuenta un largo historial de roces con Gómez Urrutia.

El problema de Batres es evidente: necesitaría del apoyo de Ricardo Monreal, quien busca por estas horas otra vía más elegante para frenar el proyecto de Napoleón. Una operación que merece una crónica distinta.

Martí Batres, senador de Morena.

Los antecedentes con Luisa

Cuando López Obrador le ofreció la Secretaría de Trabajo a Luisa María Alcalde -en una cena que compartieron con sus padres Bertha Luján y el reconocido abogado laboral Arturo Alcalde-, el entonces candidato presidencial le consultó si veía con malos ojos que se incluyera a Napoleón Gómez Urrutia para la lista pluri del Senado.

"No tengo problema alguno. Confío en tus decisiones, Andrés", le respondió la todavía militante. No sabía que el histórico líder de los mineros regresaría con la ambición de poder intacta. Y que sus presiones comenzarían desde el minuto cero.

Apenas había asumido Alcalde, cuando Napoleón le envío una primera exigencia: quería seleccionar a uno de sus aliados para la presidencia del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje. Una forma poco sutil de interferir en sus propias disputas por la titularidad de contratos colectivos. La flamante secretaría se negó. La relación empezaba mal.

Los problemas se irían incrementando. Meses más tarde, cuando Alcalde firmó el Memorándum de Entendimiento con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Gómez Urrutia le pidió que su Confederación Internacional de Trabajadores (CIT) sea la firmante en representación de los sindicatos.

Luisa Alcalde, junto a Carlos Aceves del Olmo.

La CIT apenas contaba con un puñado de sindicatos. "Aunque no te caiga bien Aceves del Olmo, no puedes abrir un pleito con la CTM, que aún ostenta el 80% de los contratos colectivos de trabajo", le explicaron los asesores a Alcalde. La respuesta volvió a ser negativa.

Para descomprimir las broncas con Napoleón, la titular de Trabajo aprovechó la renovación del Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) para ofrecerle un asiento a Napoleón. El sindicalista jamás respondió el ofrecimiento, en un claro mensaje de molestia.

La relación del líder minero con varios players de la 4T empiezan a dejarlo en una posición de vulnerabilidad. En las próximas semanas, su posición dentro de la bancada de Morena podría quedar en entredicho. 

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