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Preocupado porque crecen las protestas, el gobierno de España infiltra los cacerolazos de Madrid
Con Podemos en el poder, temen que de las protestas en Salamanca surja un nuevo movimiento de "Indignados" pero de la derecha.

 Los cacerolazos contra Pedro Sánchez pasaron a convertirse en una preocupación real para el Gobierno de España, y también para la Policía Nacional, a mediados de la semana pasada, cuando un numeroso grupo de personas convirtió la calle Núñez de Balboa de Madrid en el epicentro de unas manifestaciones que, en plena alerta sanitaria y pese al elevado riesgo de contagio del Covid-19, se han ido reproduciendo primero en la capital, y luego en las principales ciudades de España.

La rapidez con la que se ha difundido esta modalidad de queja ha provocado una movilización inesperada de policías, y no solo de antidisturbios: según las fuentes consultadas por LPO, el Cuerpo Nacional ha decidido enviar a agentes de las unidades de información a las concentraciones que se están celebrando en todo el país.

El objetivo, explican a LPO España altos mandos policiales, es conseguir identificar a los organizadores e impulsores de estas manifestaciones, con el objetivo de detectar cualquier tipo de "acción coordinada" a nivel nacional. Una meta, admiten, que no está resultando nada fácil: "Tanto en redes sociales como en las propias concentraciones, la gente solo alienta a acudir, pero nadie convoca". Una estrategia que, reconocen, "no es nueva" y, además, "dificulta más cualquier tipo de actuación".

En ese sentido, las fuentes consultadas aseguran que existen "importantes similitudes" en la organización de estos cacerolazos callejeros con los acampes del 15-M de 2011: "En ambos casos, no hay un convocante claro. Tampoco son manifestaciones o reuniones que se hayan solicitado a las diferentes delegaciones del Gobierno, por lo que tampoco se han podido prohibir". Se trata, por tanto, de "concentraciones no autorizadas, pero tampoco prohibidas de forma explícita, y para las que, por tanto, no constan órdenes de desalojo". Una circunstancia que "limita y dificulta" la actuación policial.

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Ante esta tesitura, la Policía Nacional ha optado por una doble movilización: la de los antidisturbios -unos 200 solo en Madrid- y la de los agentes de información. Los primeros de ellos se han desplegado en las principales ciudades del país "no para cargar", sino para "garantizar la seguridad" en esas manifestaciones: "Como en el 15-M, nadie ha ordenado desalojos o cargas. En esta ocasión, se busca regular esas concentraciones, evitando que haya retenciones de personas que no garanticen el cumplimiento de las distancias de seguridad obligatorias por la crisis sanitaria". De hecho, añaden, "solo se imponen sanciones y se identifica a aquellos que desobedecen a las autoridades, se detienen en las marchas, e incumplen con las distancias de seguridad".

En cuanto a los agentes de las unidades de información, su objetivo es claro: "Deben detectar a los cabecillas de esas manifestaciones, tratar de saber quién las organiza, y determinar si existen conexiones con otras concentraciones". En ese sentido, añaden, también se está realizando un seguimiento de las redes sociales, donde, de momento, "se identifica a mucha gente que alienta estas protestas, pero es cierto que es más difícil especificar quién las convoca".

De lograrse esa identificación de los organizadores, "con pruebas suficientes", se podría proceder a una sanción: "Aquel que convoca una manifestación sin autorización puede llevarse una multa, pero poco más". Algo que no cambia pese al estado de alarma: "En el decreto no se prohíben las manifestaciones, por lo que existe cierta incertidumbre jurídica, y no se puede ir mucho más allá". El problema, añaden, "es que ahora es más difícil controlar todas estas manifestaciones".

En ese sentido, recuerdan que, a principios de la semana pasada, con las primeras protestas en Núñez de Balboa, "la Delegación del Gobierno de Madrid miró para otro lado y no mandaron efectivos hasta el jueves". Para entonces, sin embargo, ya era demasiado tarde: "Lo que empieza en Madrid, se extiende rápidamente por toda España. Pasó con el 15-M y ha vuelto a pasar ahora". Pese a las enormes diferencias entre ambos movimientos y sus participantes, "nuestra actuación está igual de limitada, y eso es algo que todo el mundo percibe"

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