Entrevista
"Las redes han polarizado aún más la discusión pública"
El abogado chileno-alemán Axel Kaiser publica su último libro 'La neoinquisición, persecución, censura y decadencia cultural en el Siglo XXI'

Vivimos en la era de la llamada "corrección política" donde cierta ideología identitaria busca imponerse a costa de promover los grupos considerados víctimas del opresivo orden occidental. Al igual que en los tribunales de antaño, quien se declara en contra de sus postulados es identificado como el mal y señalado, exponiéndose a las turbas y los tribunales populares de las redes sociales y algunos medios, esa es la hipótesis central de 'La neoinquisición (Deusto). Persecución, censura y decadencia cultural en el Siglo XXI', el nuevo libro del abogado chileno-alemán, Axel Kaiser.

Doctor en filosofía, Kaiser aprovecha estos meses de cuarentena para leer y ver series. Repasa lo último de Jordan Peterson, 12 reglas para vivir; lee a Taleb y su Skin in the game, tan apropiado en estos tiempos y descubre Dios de Reza Aslan y una biografía de Karl Marx de Jonathan Sperber. Tampoco se pierde Billions, serie que muestra una pequeña noción de lo que es el mundo de las finanzas, "aunque hay partes que exageran", comenta y disfruta con Vikingos, Dark y la serie dedicada a Sigmund Freud, "está muy bien para ver cómo era la Viena de su época", añade. LPO entrevista a Axel Kaiser por videoconferencia, que espera venir a España a presentar el libro "en cuanto pase la pandemia".

- En su libro habla del término neoinquisión, el que no piense como la masa será llevado a la hoguera mediática. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

- Es producto de una evolución intelectual que es de larga data. Hay una línea recta comunicativa con los que fueron los pensadores influyentes de mayo del 68, el postmodernismo francés de la Escuela de Frankfurt y éstas tuvieron un clima de gran repercusión, sobre todo, en Estados Unidos, en Humanidades y de ahí pasaron a otras esferas intelectuales. Cuando se crean las redes sociales se viralizan las ideas que están detrás de esta corriente.

Su diagnóstico es que Occidente como civilización es una creación del hombre blanco, heterosexual, opresiva y la obra de la burguesía sirve para marginar a todo tipo de grupos y tenemos un pecado de origen. Se cultiva un sentimiento de culpa muy profundo, a mi juicio, infundado y se crean así las políticas de identidad. Consisten en afirmar que existen determinados grupos en la sociedad, tribus que están siendo oprimidas, de nuevo por el hombre blanco, que sería el dominador en base a una serie de instituciones, el lenguaje, obras culturales, etc. Y estos grupos oprimidos se rebelan. Así se configura una total imposibilidad de convivir juntos. En la medida en que tribaliza la sociedad en grupos de opresores y oprimidos se destruye la base de la convivencia democrática.

- ¿La superioridad moral siempre es de la izquierda?

- Son grupos de izquierda, según la evolución que ha habido durante las últimas décadas. Pero no es toda la izquierda. Muchos han sido víctimas y también han sido atacados porque no comparten los presupuestos de una izquierda que es más radical. Hay un sector en la izquierda que es muy duro, busca imponer su visión y por eso censuran a personas que van a dar charlas en la universidad, por ejemplo (parece referirse a la frustrada charla que el ex ministro brasileño Sergio Moro intentó dar en la Universidad de Buenos Aires). Por supuesto, que también existen políticas de identidad de la derecha vinculadas al nacionalismo, pero hoy son bastante marginales.

 Asegura que "la risa ha sido sustituida por la cultura del victimismo" ¿Se vive mejor así?

- No. No hace mucho podíamos acercarnos los unos a los otros con la risa. La corrección política elimina esto cuando el humor desaparece y muchos humoristas famosos se quejan porque ya no les dejan hacer chistes. Reirse de uno mismo y de otros es una forma de combatir el racismo y la discriminación. Si tratamos a todos con una hipocresía falsa, viviremos en una sociedad deshumanizada.

- En su libro también habla de las redes sociales como caldo de cultivo de la violencia, ¿cómo pueden ser beneficiosas las nuevas tecnologías?

- Es la pregunta del millón ahora mismo (risas). Existe un beneficio que nos permite articular movimientos de resistencia a regímenes tiránicos como el chino. Aunque también es cierto que sobrerepresentan a los extremos y tienen demasiada influencia en la prensa. Un efecto de las redes ha sido polarizar aun mas la discusión pública, muy pocos leen o siguen a personas que piensan distinto y eso no es bueno. Ahora el desafío consiste en cómo volver a pacificar la sociedad. La única manera es defender los principios de la democracia liberal. Eso de dividir a la sociedad en grupos para enfrentarse unos contra otros se tiene que terminar.

- ¿Qué soluciones o lecciones podemos sacar de la pandemia para aprender de esta deriva?

- La primera lección y más importantes es la importancia de la economía y del mercado, que una vez que se frenan se produce un desastre económico y social. El estado con sus regulaciones e impuestos hace exactamente lo mismo, solo que a una escala menor, produce pobreza e impide que las personas desarrollen sus actividades. La segunda lección que deberíamos sacar es la de valorar las cosas simples que antes no valorábamos, como por ejemplo, disfrutar de una cerveza con los amigos. Los millennials se convertirán en los 'pandemials' y tendrán que ver que no lo pueden tener todo, que la vida es complicada y deberán desarrollar la resiliencia porque lo que viene, sobre todo en materia económica, es muy complejo.

Esa revolución liberal de la que habla, ¿se podría dar en estos momentos en la política española?

- Debe venir de la mano del PP, Cs y Vox. Deberían evaluar su enfoque y abrazar una línea más liberal que es el origen del PP, por ejemplo, con algunas figuras como Esperanza Aguirre. Sería muy bueno que cambiase el Gobierno de Sánchez e Iglesias por uno de centro derecha que tiene mejores ideas, eso no quita que a veces también digan barbaridades. Pero, sin duda, la peor expresión del populismo retrógrado latinoamericano es Unidas Podemos. Ningún gobierno de derechas podría hacerlo peor. 

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