Negocios
Salinas Pliego quiere poner al sucesor de Romo pero su crítica a la ley anti-outsourcing le juega en contra
Quiere proponer un enlace que sea más efectivo en la relación con el sector privado. Llamadas no atendidas. Detalles de la salida del magnate regio.

 Ricardo Salinas Pliego intenta acercarle a Andres Manuel López Obrador posibles perfiles para el reemplazo de Alfonso Romo en la Oficina de la Presidencia. Así lo confirman a LPO fuentes de Palacio Nacional. El argumento del dueño de TV Azteca es que el presidente tenga un buen enlace con el sector productivo, alguien que tenga peso en la toma de decisiones, a diferencia de lo que siempre ha sucedido con Romo.

El hombre de Grupo Salinas para todo lo referido al cabildeo en la 4T es Jorge Mendoza, que alguna vez deslizó en privado que su hijo, de nombre Jorge también, actual titular de Banobras, sería un buen perfil para suceder a Romo.

Sin embargo esta ambición tendría inconvenientes porque Salinas Pliego se ha dedicado a criticar públicamente la reforma a las leyes de outsourcing que pretende López Obrador. Es entendible porque prácticamente todos los empleados de Elektra, propiedad de Grupo Salinas, están bajo ese formato. 

El presidente no está satisfecho con este mensaje. Algo que se ha evidenciado esta semana porque ningún allegado a Salinas Pliego ha podido incidir en esta reforma laboral.

El problema de la sucesión de Romo no es tanto de nombre, sino como de contenido. Esa oficina hoy por hoy es prácticamente intrascendente, muy lejos quedaron los tiempos de Aurelio Nuño o José Camilo Mouriño. Sin un cambio de formato, el nombre de su ocupante es lo de menos.

El final de Romo era esperado por el círculo presidencial.  Al magnate siempre se lo vio como un actor agenda propia, lateral a los objetivos centrales del Gobierno. Eso hizo que se le perdiera confianza. No fue lo único: el presidente recibió un informe reservado hace seis meses con datos sobre ciertos movimientos de la casa de Bolsa Vector, propiedad de Romo, que dan para múltiples sospechas. Especialmente cuando se cruzan ciertas operaciones con las reuniones y encuentros que tuvieron lugar por parte de Romo con hombres de negocios.

Contrario a lo que podría pensarse, para el empresariado la salida de Romo es positiva porque esperan un reemplazo que, más que sea alguien como ellos, que pueda ser un canal efectivo para resolver asuntos sensibles. Por eso la ambición de Salinas Pliego.

Ya desde el sexenio de Vicente Fox, donde Romo duró seis meses colaborando con el entonces presidente, el magnate regiomontano gustó de cultivar la imagen de ese hombre influyente en las sombras, que encauza cuestiones centrales pero siempre desde detrás de bambalinas.  La 4T dio por tierra con esa leyenda. Romo fracasó en prácticamente todas las cuestiones en las que quiso tener relevancia y se va del Gobierno con el consuelo final de su foto comiendo con López Obrador y con los halagos presidenciales, tan insustanciales como su rol en los últimos meses.


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