América Latina
Castillo eligió a un equipo neoliberal para manejar la economía de Perú
Eligió a Pedro Francke, asesor del Banco Mundial y defensor del orden fiscal y las metas de inflación.

 Pedro Castillo será el presidente de Perú y con él se abren una serie de interrogantes sobre lo que será su gobierno en medio de una fuerte inestabilidad política que se arrastra del último lustro y una clara desconfianza de los factores de poder que temen un giro brusco del modelo económico.

El último antecedente de cierto temor del establishment a un gobierno que en la previa se presentaba como progresista fue con Ollanta Humala que contaba con una impronta nacionalista militar cercana a los primeros años de Hugo Chávez en Venezuela que llegó a decir que era "su hombre en Perú" pero que se diluyó cuando llegó al poder para aplicar el programa que siempre cuestionó.

Castillo es una figura resbaladiza y dificil de encasillar. Sus orígenes rurales y el perfil sindical lo acercan a los comienzos de Evo Morales pero su candidatura a presidente, al menos en la primera vuelta, indican que su programa de gobierno podría ser considerado de izquierda en un combinación entre ortodoxia económica y políticas sociales que lo acercan al Lula de 2002.

"El domingo veremos si el apoyo del establishment a Keiko terminó favoreciendo a Castillo.


Los comienzos de Castillo en política fueron en el partido Perú Posible, del ex presidente de centroderecha Alejandro Toledo, detenido por corrupción en Estados Unidos en 2019. El electo presidente peruano integró el comité de Cajamarca de PP hasta 2017 que decidió pasase a Perú Libre, de Vladimir Cerrón.

Ese año, Castillo adquirió mayor notoriedad cuando lideró una facción disidente del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (Sutep) desde donde encabezó una huelga docente.

Castillo es una figura resbaladiza y dificil de encasillar. Sus orígenes rurales y el perfil sindical lo acercan a los comienzos de Evo Morales pero su candidatura a presidente, al menos en la primera vuelta, indican que su programa de gobierno podría ser considerado de izquierda, al menos desde lo social.

Esto le valió una operación mediática en su contra en donde lo acusaron de mantener nexos con el Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), brazo político del grupo Sendero Luminoso, algo que tomó fuerza en esta campaña pero el candidato siempre se encargó de negar.

Perú Libre se define a sí mismo como un partido marxista-leninista -mariateguista y su líder y fundador, Vladimir Cerrón aseguró que debido al origen "provinciano" del partido, representa al "Perú profundo" que fue quien permitió inclinar la balanza ante una contrincante que recibió el apoyo del establishment político y económico del país.

Pedro Castillo y Vladimir Cerrón durante la campaña.

Si bien ha cambiado su programa de gobierno durante la campaña para mostrar una moderación relativa, entre sus objetivos iniciales, Castillo planteó indultar a Antauro Humala (militar y hermano del ex presidente Ollanta Humala que se encuentra preso desde 2005 por impulsar un levantamiento armado contra el entonces presidente Alejandro Toledo), propuso "Estado socialista" e "interventor", una "ley que regule los medios de comunicación", retirar a jueces, desactivar el Tribunal Constitucional, estatizar "sectores estratégicos", salir del Grupo de Lima, promover una Asamblea Constituyente para una nueva Carta Magna, entre otras medidas.

Sin embargo, en la previa de su consagración ocurrieron dos hechos que indican que su plan de gobierno puede ser bastante diferente. En primer lugar, y luego de la suba del dólar y otros movimientos económicos que indican desconfianza, Castillo publicó un comunicado que muchos asemejan a la famosa "Carta al pueblo brasileño" de Lula en la previa de su primer gobierno.

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Allí, el nuevo presidente dice: "Seremos un gobierno respetuoso de la democracia, de la Constitución actual y haremos un gobierno con estabilidad financiera y económica". Ni referendum constitucional, ni nacionalización de recursos, la primera decisión como presidente fue aclarar que dejará todo como está.

Seremos un gobierno respetuoso de la democracia, de la Constitución actual y haremos un gobierno con estabilidad financiera y económica

El segundo hecho relevante vino de parte de su principal asesor económico, Pedro Francke, asesor del Banco Mundial, defensor de la prudencia fiscal y las metas de inflación que se opone a la nacionalización de empresas.

El economista publicó un comunicado en sus redes sociales en donde aclara: "Reiteramos que no hemos considerado en nuestro plan económico estatizaciones, expropiaciones, confiscaciones de ahorros, controles de cambios, controles de precios o prohibición de importaciones".

Pedro Francke, asesor económico de Castillo.

LPO conversó con el analista peruano Carlos Meléndez y sostuvo que "todavía es prematuro hablar de una moderación del discurso económico de Castillo. El comunicado que publicó debe entenderse dentro de la actual disputa de conteo de votos y de tratar de dar señales a actores con veto económico, pero no como una evidencia definitiva de moderación. Tenemos que esperar recién a las definiciones ministeriales para ver cuál será el signo económico del próximo gobierno".

Sobre Francke, Meléndez dijo: "es un economista heterodoxo pero con tendencias a hacer más cambios a nivel micro que macro. Tiene una larga trayectoria de intelectual-activista y es un cuadro orgánico del partido de Verónika Mendoza (Nuevo Perú). Alineado ideológicamente a este partido y por lo tanto disciplinado con la necesidad de hacer cambios al modelo, pero no bruscos sino ordenadamente".

El rumbo económico será la primera señal que todos los actores, políticos, sociales y económicos esperarán del próximo gobierno, ya que, lo que se destaca de Perú es su estabilidad macroeconómica a pesar de las sucesivas crisis políticas y la corrupción sistémica.

Francke es un economista heterodoxo, pero con tendencias a hacer más cambios a nivel micro que macro. Tiene una larga trayectoria de intelectual-activista y es un cuadro orgánico del partido de Verónika Mendoza (Nuevo Perú). Alineado ideológicamente a este partido y por lo tanto disciplinado con la necesidad de hacer cambios al modelo, pero no bruscos sino ordenadamente

Otro interrogante es el rol de Vladimir Cerrón. Se supone que al ser el padrino político de Castillo tendrá reservado un lugar en la nueva gestión. Médico formado en Cuba, Cerrón fue gobernador regional de Junín entre 2010 y 2018 en donde Castillo cosechó el 57 por ciento de los votos.

En el plano ideológico, siempre mostró cercanía con Nicolás Maduro, participó de un "Encuentro Latinoamericano de Gobiernos Locales y Democracia Participativa" en junio de 2019 y ha dicho en varias ocasiones que Venezuela no es una dictadura.

Si Cerrón tiene incidencia, su mano podrá verse en una política exterior más cercana a Venezuela, Bolivia y Cuba que de Jair Bolsonaro, Guillermo Lasso o Ivan Duque con quien comparte frontera. Probablemente, tenga intenciones de estrechar buenos lazos con Argentina para reforzar el liderazgo que Alberto Fernández pretende imprimir en la región.

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Melendéz consideró que "Cerrón es el poder detrás del poder. Castillo no hubiese podido tentar el poder sin él como jefe de Perú Libre, controla el aparato partidario, de técnicos, congresistas y operadores políticos, así que será clave en la designación de puestos en el Ejecutivo". "Quizás no tenga un rol visible -más allá de sus redes sociales- como para ostentar un cargo público en el corto plazo, pero será uno de los más poderosos en el proximo gobierno, casi tanto como Castillo", agregó.

El fundador de Perú Libre no es una figura sencilla para Castillo en esta nueva coyuntura. En agosto de 2020, el Quinto Juzgado Anticorrupción de Junín condenó a 4 años y 8 meses por los delitos de negociación incompatible y aprovechamiento del cargo cuando era gobernador de Junín.

Cerrón junto a Maduro en el "Encuentro Latinoamericano de Gobiernos Locales y Democracia Participativa" en junio de 2019.

El juzgado lo encontró culpable en el caso de obras de saneamiento en La Oroya y terminó detenido en el penal de Huamanca, pero el Poder Judicial luego varió su sentencia a 3 años y 9 meses y salió de prisión luego de pagar una importante suma de dinero como reparación civil y quedó inhabilitado en el ejercicio de cargo público por un año.

Entonces, ¿qué podemos esperar de Castillo? Por lo pronto, resulta complejo encuadrarlo como un exponente de la izquierda progresista de las que se conocen en la región. Se aleja de la agenda de género y está en contra de la legalización del aborto, el consumo de marihuana y el matrimonio igualitario.

Se identifica con el liderazgo de Maduro y Evo Morales y reivindica a Juan Velasco Alvarado, un militar nacionalista y de izquierda quien siendo jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas dirigió y ejecutó el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968 contra Fernando Belaúnde y ejerció el poder absoluto hasta 1975 durante el llamado Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Ese proceso, entre otras medidas, reformó la Constitución en 1979 que abrió paso para la recuperación democrática en 1980.

Todo indica que tendrá una narrativa dirigida a los más pobres y un discurso contra la corrupción a la que calificó como "el nuevo terrorismo de estado".

Se identifica con el liderazgo de Maduro y Evo Morales y reivindica a Juan Velasco Alvarado, un militar nacionalista y de izquierda quien siendo jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas dirigió y ejecutó el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968 contra Fernando Belaúnde

De todas formas, la suerte del nuevo gobierno estará atada a la posibilidad de tejer acuerdos con los partidos que tiene representación parlamentaria dado que Perú Libre tiene 37 de un total de 130 asambleístas y muchas de las medidas que pretenden llevar a cabo Castillo deben pasar por el poder legislativo y a partir de allí se podrá observar que tipo de gobierno llevará adelante el docente.

Ese "Perú profundo" que se manifestó en las urnas es la expresión del cansancio, el abandono y el enojo con una clase política que viene de décadas sin responder diversas necesidades. El presidente electo prometió representar a ese activo pero tendrá que lidiar con sectores que lo intentarán condicionar desde el primer momento para orientar su gestión hacia la moderación o la radicalización. No obstante, su primer objetivo a cumplir deberá ser terminar su mandato, algo que no consiguieron sus antecesores.

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