Covid-19
AMLO y Trump: destino común
Por Milton Merlo
La relación se equilibra por la ambición electoral de ambos. Operadores en las sombras.

La relación entre Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump atraviesa el mejor de los momentos. El acuerdo en la OPEP y la venta de respiradores para hacer frente al Covid-19 tienen como antecedente de semejante sinfonía el estallido de Culiacán del 2019, cuando ambos presidentes tuvieron una conversación extensa. Fue la primera crisis de gravedad desde que AMLO despacha en Palacio Nacional. En esa ocasión, contrario a lo que se podía anticipar, Trump no fustigó a México por liberar al hijo de Joaquín Guzmán Loera sino que, al contrario, se mostró colaborativo y receptivo.

Los momentos de zozobra parecen acercar a dos jefes de estado que tienen una visión del mundo muy similar: ambos son conservadores en lo político y nacionalistas en lo económico. Ambos también anhelan un mundo que ya no es y que les recuerda a diario que tal vez llegaron algo tarde al poder. Una filosofía que se refleja tanto en la cruzada diaria de Trump contra la globalización como en la fijación de López Obrador por construir una refinería en Tabasco. La matriz es similar.

El último acto es fascinante desde la óptica bilateral. López Obrador le ofrece una reunión en persona a Trump en paralelo a queNancy Pelosi, figura central de la política del país vecino, alimenta la idea de que el mandatario mexicano jugará en favor de la reelección de los republicanos en noviembre. 

Pelosi habla de un acuerdo electoral entre AMLO y Trump detrás de la negociación en la OPEP

La relación entre ambos se comenzó a cimentar antes de que López Obrador fuera electo. El disparador fue una reunión reservada en 2018 entre el entonces canciller Luis Videgaray y la diplomática Martha Bárcena, actual embajadora en Washington. Cuando ya la suerte electoral estaba echada, Videgaray le explicó a su interlocutora cómo funciona el entorno de Trump y cuáles eran los fundamentales para un vínculo armónico.

La misma colaboración mostraría el hombre más rutilante del sexenio anterior con el actual canciller Marcelo Ebrard. Gestos que explican por qué mientras diversas figuras del gobierno de Enrique Peña Nieto padecen expedientes explosivos, Videgaray lleva una existencia apacible en Boston, lejos de cualquier tribulación.

En dicho esquema aparece también Bernardo Gómez, directivo de Televisa, quien facilitó la reunión entre AMLO y el yerno de Trump, el asesor senior Jared Kushner. Esa reunión primero iba a realizarse en Palacio Nacional porque López Obrador quería enseñarle algunos murales, pero Kushner insistió en que el encuentro fuera en la residencia de Gómez. No hubo protocolo que pudiera cambiar ese deseo.

Todos estos actores son claves en una relación que ahora luce más equilibrada. Trump obligó a México a cerrar la frontera sur con Centroamérica, impuso condiciones tarifarias respecto al acero y torció en cierta medida la política inicial de López Obrador de no perseguir a capos del narcotráfico.

Ahora los favores regresan. EU intermedió por México en el acuerdo de reducción de la producción petrolera alcanzado en la OPEP, facilitó ventiladores ante la inminente crisis sanitaria y, de modo más sigiloso, controlará ciertos efectos explosivos que pueden tener las declaraciones de Genaro García Luna en una corte de Brooklyn.

Aunque nadie en Palacio Nacional lo admitirá en voz alta, Trump y López Obrador tienen un destino común. Ambos necesitan recuperar sus economías para sostener sus proyectos de poder. El primero la reelección y el segundo la contienda de medio termino, donde se ponen en juego las reformas de la llamada Cuarta Transformación.  

Ese plan explica que en sus ultimas conversaciones, con Ebrard siempre presente, se reitere de forma constante un issue: tras el aislamiento, quieren que ambas economizas funcionen de modo medianamente normal al mismo tiempo. Asumen que por separado cualquier activación será estéril.

En el plano local esta conjunción es un tablero de ajedrez para el círculo rojo mexicano. López Obrador cree que le conviene un segundo mandato de Trump y así también lo creen sus grandes contradictores del empresariado nacional, aquellos que alimentan la teoría de que la hegemonía política del presidente solo tiene dos límites: la realidad y Trump.


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