Editorial
El regreso de Andy
Por Andrés Wainstein
Crece la desconfianza de AMLO hacia sus aliados y colaboradores. Se recuesta sobre su círculo más pequeño. Su hijo Andrés ya volvió al juego.

 Se puso como Don Quijote con los molinos de viento. Parece una burla, pero es la caracterización que surge desde las entrañas de Palacio Nacional para definir lo que podría ser una nueva etapa en la psicología política de la 4T. "Si antes AMLO era muy desconfiado, ahora directamente ve enemigos por todos lados", dijo uno de sus asesores en un pintoresco restaurante de la Ciudad de México, y dejó absortos a sus invitados.

La pelea con un tuitero desconocido -si acaso existe- es el costado más frívolo de esta preocupación que empieza a crecer en un sector del obradorismo. Pero no deja de ser elocuente. De Salinas de Gortari a los padres de niños con cáncer. De Felipe Calderón a los menores con comorbilidades por la vacuna del Covid. De Claudio X González al tuitero Aldo Aldrete. Algo no está bien.

AMLO furioso con la sucesión anticipada: "Me tienen harto, ya no les importa la 4T"

En Palacio han convencido a López Obrador de que ese tuit que mostró en la mañanera es en realidad sólo el fronting de una campaña orquestada en contra de su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller. ¿Quién está detrás de esa embestida contra la primera dama? En los últimos meses todos los fantasmas parecen estar dentro de la propia 4T.

Pero la verdadera preocupación transita por otra carretera. ¿A quiénes está escuchando López Obrador? Las señales indican que son muy pocos los que tienen acceso a un diálogo con cierto nivel de franqueza. La mesa donde se analizan las decisiones políticas es cada vez más chica e impenetrable. Y quienes acceden son aquellos que ven conspiraciones por todos lados.

¿A quiénes está escuchando AMLO? Las señales indican que la mesa donde se analizan las decisiones políticas es cada vez más chica e impenetrable. Y quienes acceden son aquellos que ven conspiraciones por todos lados.

Hay un caso reciente, y emblemático, que quizás ponga algo de luz. Apenas pasó la elección de medio término, a López Obrador le llevaron la información sobre otra presunta campaña que estaban por lanzar los consultores políticos -extranjeros según le dijeron- de la coalición opositora. La idea central de esa campaña era instalar, una vez más, que AMLO buscaba de forma obsesiva la reelección.

Según esta información, esos mismos spin doctors estaban detrás de otra estrategia paralela y complementaria: cambiar el eje de discusión sobre la revocatoria de mandato. Argumentaban que militar abiertamente contra su mandato sólo legitimaría el proceso y reforzaría la idea de que AMLO es un demócrata con amplio apoyo popular.

Al contrario, el consejo que les daban a los líderes opositores es que había que vaciar de sentido la revocatoria e igualarla con las consultas del NAIM y del juicio a los ex presidentes, procesos con muy poca participación que quedaron reducidos a una suerte de juego interno para los militantes de Morena.

La convergencia de estos dos ejes se encontraba -¿cuándo no?- en la figura de Hugo Chávez, un líder que también llevó a los venezolanos incansablemente a las urnas y que tuvo varios referéndum constitucionales, con los que lograba acomodar el límite de reelecciones presidenciales posibles.

Toda esa información explica, finalmente, por qué el Presidente decidió abrir el juego de la sucesión de forma tan anticipada. Una osadía que durante semanas -o meses- se ha discutido en las mesas políticas de México. ¿Por qué había dado ese paso de una forma tan intempestiva? ¿Un movimiento brillante o una equivocación sorprendente?

En la lectura de AMLO, hablar de la sucesión y poner a correr a los suspirantes de la 4T destruiría este plan orquestado para acusarlo de chavista. Pero la señal que leyeron los suspirantes, desde luego, fue que se abría la puerta para empezar a correr hacia la presidencial. Y ahora sí hablamos de problemas, porque allí arrancaron los madrazos.

Mario Delgado a veces comenta que se siente muy sólo en sus pláticas -whisky mediante- con AMLO. Ya no está Scherer, ya no está Romo. César Yáñez nunca estuvo. Monreal fue acusado de traición en la CDMX. Ebrard es resistido por los "puros".

Este caso expone otra vez el problema de fondo: no existe ninguna instancia de análisis político con sus aliados, y la iniciativa de la 4T parece sujeta a permanentes amenazas de campañas que se están orquestando en algún lugar recóndito de México. Una combinación explosiva.

Mario Delgado a veces comenta que se siente muy sólo en sus pláticas -whisky mediante- con AMLO. Ya no está Scherer, ya no está Romo. César Yáñez nunca estuvo. Monreal fue acusado de traición en la CDMX. Ebrard es resistido por los "puros". Hasta Sheinbaum intenta desmarcarse de Jesús Ramírez y Jenaro Villamil, que le echan sus bots al canciller en las redes sociales. "Me tienen todos hartos, ya no piensan en la 4T", soltó AMLO enojado con la sucesión que él mismo anticipó.

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Y en ese desorden, Andrés López Beltrán, el hijo más político de AMLO, tomó la decisión de regresar a la operación política de la 4T. Quienes lo conocen dicen que su objetivo será incidir en medio de este descontrol.

Su anhelo tiene base en la CDMX. Por eso su amiga Paola Félix tuvo un ascenso en el Gabinete de Sheinbaum y mantuvo también el control del siempre deseado Fondo Mixto de Promoción Turística. Su amigo José Luis "El Puma" Rodríguez fue rescatado tras ser apartado del Congreso. ¿Son mensajes que ya marcan su preferencia hacia 2024?

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