Editorial
El detestable show de Donald Trump
Por Beatriz Navarro
La crisis humanitaria que se viene: "En la era de Trump, ser inmigrante será sinónimo de criminalidad hasta que se demuestre lo contrario".

Donald Trump, cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. El sistema electoral estadounidense, al igual que cualquier nación democrática, manifestó su preferencia. Designó la realidad que quiere entender, una realidad simplista que se adapta a su propio sistema de valores.

Desde el 2010, Chris Hedges, nos advertía en su ensayo Empire of illusion: The end of literacy and the triumph of spectacle sobre los retos de las decisiones políticas en la era del entretenimiento La realidad es complicada. La realidad es aburrida. En este mundo, lo que realmente importa, es la consistencia de nuestro propio sistema de valores. La habilidad de amplificar mentiras; repetirlas y tener subalternos que las repitan… proveer mentiras y narrativas míticas con auras de verdad sin resolver. Irónicamente, leía este ensayo en el 2012, cuando intentaba entender la poderosa influencia del mundo del espectáculo en el resultado de las elecciones presidenciales en México.

Para hacer América Genial de nuevo, el empresario y conductor de un reality show, hoy presidente electo, considera que resulta indispensable deshacerse de los mexicanos problemáticos, que traen drogas, que traen crimen. Que son violadores. Disculpe usted si soy demasiado enfática, pero quería recordarle la emblemática declaración de manera textual y en español [1].

Habiendo dejado claro que los mexicanos son el problema, Trump se compromete entonces a la deportación de 3 millones de “inmigrantes criminales ilegales”. Su promesa según expertos, es físicamente imposible, ya que, de acuerdo a cifras oficiales del Departamento de Seguridad Nacional no hay suficientes inmigrantes criminales ilegales para deportar. De hecho la cifra oficial aproximada es de 1,9 millones de inmigrantes sujetos a deportación (agregando a ambos: documentados e indocumentados). Es más, si la administración de Trump realmente limitara sus esfuerzos a la deportación de criminales convictos, podría ser mucho más indulgente que la administración de Obama.

No debemos olvidar que, al igual que Trump, cuando Obama asumió el cargo, priorizó la deportación de inmigrantes indocumentados con condenas penales, (incluso por delitos menores), deportando a 2,5 millones de inmigrantes indocumentados de 2009 -2014, según el Pew Reaserch Center. ¿Qué pasa cuando deportas a tanta gente en un periodo tan corto? Vale la pena recordar la crisis humanitaria del 2014 en la frontera sur de los Estados Unidos, donde cerca de 51,000 niños migrantes que viajaban solos desde El Salvador, Guatemala, Honduras y México fueron retenidos.

Como respuesta a esta crisis, Obama cambió de rumbo y se centró entonces en la deportación de inmigrantes condenados por delitos graves. Incluso dentro de la iniciativa de presupuesto al Congreso para el ejercicio fiscal de este año, Obama incluyó una petición de $15,297 millones para reforzar la seguridad fronteriza y la política migratoria, además de una partida de $1,000 millones para apoyo en programas de seguridad, gobernabilidad y desarrollo económico a El Salvador, Guatemala y Honduras. Desde entonces las deportaciones cayeron a menos de 250,000 en 2015.

En su primera entrevista televisiva como presidente electo, Trump no atenuó su lenguaje. No le importa mucho si son dos o tres millones, le importa aclarar que deportará a los criminales, problemáticos, a esa gente. Le importa aclarar que sí habrá muro y que aunque está dispuesto a aceptar alguna valla en algunos lugares “soy muy bueno en temas de construcción.” Reafirma que América va primero y que va a sacar a los criminales una vez que refuerce la seguridad en la frontera. Punto.

Detengámonos un momento en este hecho. Más allá de que el Presidente electo no tiene clara las cifras, y no le importa hacer promesas con base en mentiras, es claro que no tiene como cumplir. Ante esta realidad existen dos posibilidades:

(i) Maquillar la verdad.

Aceptar que no podrá llegar a su cifra estimada y terminar diciendo “son menos de dos millones pero los deportaremos a todos.” Lo cual, no es alentador en absoluto, México y Centro América ya tienen experiencia con una cifra similar que resultó en crisis humanitaria. Aunado a esto, muchos de los “criminales” son personas que han caído en custodia después de haber sido detenidos por patrullas fronterizas o policía locales. En la práctica esto es precisamente un incentivo para la elaboración de perfiles raciales. Alguien “parece ilegal” y por una violación de tránsito o incluso por aventar basura en la vía pública, podrá ser objeto de deportación.

(ii) Amplificar la mentira.

El gobierno de Trump ha prometido restaurar los programas que daban a las policías locales más facultades para hacer cumplir la ley de inmigración. No va ser difícil para esta administración deportar a tantas personas como sea posible y después, simplemente afirmar que lo está haciendo porque son criminales. Los agentes de inmigración no estarían en desacuerdo, al ser de nuevo prioridad recibirían mayor presupuesto.

El lenguaje importa y cambiar la narrativa de inmigrantes indocumentados a inmigrantes criminales ilegales ha sido la bocina amplificadora del discurso xenófobo de Trump. ¿Cómo determinar quién es criminal ilegal? En la era de Trump, ser inmigrante moreno, será sinónimo de criminalidad hasta que se demuestre lo contrario.

¿Qué esperar ente este escenario? Considerando que el voto popular lo ganó Hillary Clinton, no es descabellado pensar en una resistencia al discurso supremacista y esperar una constante resistencia a lo largo de esta administración. Esperar que nada sea inmediato.

Pero como mexicana mi posición es distinta. Los mexicanos de aquí son los mexicanos olvidados de allá. Muchos de origen indígena, de humildes zonas rurales, de comunidades apartadas. Muchas mujeres y niñas víctimas de violencia de género. Para hacer frente al futuro será necesaria una sociedad civil organizada y un sector privado participativo. El gobierno mexicano ha mostrado hasta el momento que carece de voluntad política para defender con todo el poder del estado la dignidad de los mexicanos en el exterior. Son demasiados intereses mezclados. Peor aún, carece de recursos suficientes para la reinserción al mercado laboral de esta población desamparada que retorna a su propia tierra. Es más, no hay registros, ni un sistema de cartillas de identidad. Muchos no cuentan ni con actas de nacimiento.

No mentiré, la posibilidad de aberrantes escenarios para los mexicanos en retorno es factible. La realidad se antoja complicada.


[1]When Mexico sends its people, they’re not sending their best. They’re not sending you. They’re not sending you. They’re sending people that have lots of problems, and they’re bringing those problems with us. They’re bringing drugs. They’re bringing crime. They’re rapists. And some, I assume, are good people.”



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Mi querida Bea, Estábamos leyendo mi hermana Carmen y yo anoche, que aunque insultó a las mujeres, el 53% de las blancas votaron por Trump, junto con una amplia población blanca de ciudades pequeñas y el medio rural, y algo más asomoroso todavía, que el 29% de los latinos hayan votado también por Trump, lo cual quiere decir que así como hay varios Mexicos, también existen varios Estados Unidos, y mucha ignorancia en ambos países. Hay Y hay mucho qué discutir, y tú misma recordaste los millones que deporto Obama, y por lo visto, Hillary no resultó demasiado convincente,ya que ni las mujeres quisieron darse el gusto de tener a una dama en la presidencia y peso más el racismo y el desprecio a los diferentes.Saludos Luis Angel Martinez .Diez