EU
Biden, ante un país al límite
Por Milton Merlo
Encuentra una nación fracturada y con los estados alterados. Trump sigue siendo una figura de peso en el partido republicanos y más allá.

 La polarización que desde hace años anima la política de América Latina, y más recientemente de Europa, es el signo predominante del país que Joe Biden encuentra desde hoy miércoles, tras asumir la presidencia en Washington DC.

2020 fue un año de turbulencia absoluta en el país vecino, con protestas de corte racial en decenas de ciudades, choques de manifestantes con la policía y el corolario final: la irrupción en el Capitolio de una turba enardecida los días pasados. En comparación, las democracias de México, Argentina o Brasil lucen de mayor densidad a la hora de canalizar el ánimo general.  Especialmente si se considera que en estos países el descontento se expresa en las urnas, se anuncia un ganador de la elección y se termina la jornada sin mayores inconvenientes.

En la noche de ayer martes, los principales anchors de CNN o MSNBC prácticamente dedicaron sus emisiones a enterrar a Donald Trump, se auto-felicitaron por la aguerrida cobertura de corte crítico durante cuatro años y dieron casi como un imposible un eventual regreso del magnate que en las próximas horas iniciará su exilio en Florida. Pero los números duros advierten otros escenarios.

La semana pasada el portal de noticias Axios realizó una medición en conjunto con la firma Ipsos. El resultado es que Trump sigue siendo una figura absolutamente central en el Partido Republicano. Por eso a pesar de que coqueteó con el abismo tras la toma del Capitolio, los senadores de ese partido en su mayoría guardaron un silencio táctico. Recién en las últimas horas el coordinador de los senadores republicanos Mitch McConnell condenó la actitud de Trump frente al caos.

Es una dicotomía llamativa. Trump es una estrella en las bases del partido  pero sin embargo cuando trató de hacer campaña en Georgia, en los primeros días de enero, el resultado fue desastroso: se peleó con el gobernador republicano de ese estado, los demócratas ganaron las dos bancas y ahora tienen el control del Congreso. De hecho, hoy miércoles, horas después de la asunción, esperan confirmar a siete miembros del nuevo gabinete sin mayores pesquisas de qué han hecho o qué quieren hacer. 

Como describiera la semana pasada James Fallows en el semanario The Atlantic, Trump es la expresión de un movimiento centrado en un malestar que aparece a los dos lados del arco político en Estados Unidos. Mientras ese fenómeno sociológico esté tan vigente en la vida pública del país, arriesgar el eclipse de su figura suena cuanto menos anticipado.

En contraste, Biden se propone recuperar el centro habitual, normalizar al país y bajar los decibeles de la conversación pública.  El enigma a develar es si esa sociedad - en movimiento permanente, como la definiera el periodista Tom Wolfe - está lista para lo que Biden quiere proponer.

El nuevo presidente ha armado un equipo integrado mayormente por burócratas clásicos de Washington, ex funcionarios de los gobiernos de Barack Obama, diplomáticos o consultores de firmas de cabildeo y lobby dedicados a conseguir simpatías en los dos partidos. Todo lo contrario del staff de Trump, plagado de financieros, figuras del entretenimiento o familiares y amigos de la vida.

Biden, y en esto no es muy diferente a Trump o Andrés Manuel López Obrador, tiene más una meta de pasado que de futuro. Quiere volver a la matriz del mundo que se construyó a inicio de la década del 90: globalista, abierto en lo comercial, con instancias multilaterales de importancia como la ONU o el Acuerdo de París  y con un esquema  de cooperación permanente. En este plano, al igual que su propio país, el mundo podría reservarle desafíos que demanden un esfuerzo colosal.

Los periodistas Peter Baker (The New York Times) y Susan Glasser (The New Yorker)  han escrito uno de los libros más comentados por estos días el círculo rojo de la política estadounidense. "The man who ran Washington" es la historia de James Baker III uno de los operadores políticos más rutilantes del partido republicano en los gobiernos de Ronald Reagan y George Bush padre. 

En una de sus múltiples entrevistas con los periodistas, Baker denosta a Trump y habla de acuerdos bipartidistas, de pragmatismo a ultranza al momento de gobernar y de responsabilidad a escala global. Baker es la misma generación que Biden, el mismo modo de entender la política. No por nada el nuevo jefe de la CIA  elegido por el demócrata - William Burns - fue promovido en reiteradas ocasiones por Baker cuando este fungía como secretario de Estado.

También se le pregunta a Baker por el sentido del poder. "El poder es para que las cosas sucedan y que cuando sucedan se sostengan en el tiempo", responde. La frase encierra el máximo enigma sobre la era que se inicia hoy miércoles en Estados Unidos: si Biden será solo un paréntesis de moderación y profesionalismo para un eventual regreso de ese país identificado con Trump  o si está llamado, definitivamente, a colocar a su país nuevamente en su rol clásico de la historia reciente.

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