Opinión
El amparo: aporte de México para el mundo
Por Erick del Río
Desacreditar la figura del amparo, sin conocer las vidas que se han perdido para obtenerlo, es desacreditar nuestros propios derechos.

Estos últimos días el concepto de amparo ha aparecido mucho en distintos medios, sin embargo, pocos son quienes entienden su trasfondo y su importancia, no sólo en México, sino en el mundo. El concepto de amparo fue discutido por primera vez en un México muy distinto del país que es hoy en día; fue propuesto por Manuel Crescencio Rejón en su proyecto de Constitución para Yucatán, cuando ese territorio se había separado de México, a raíz de las distintas disputas internas entre federalistas y centralistas.

Más tarde, durante la guerra contra Estados Unidos, el concepto de «amparo» fue retomado por Mariano Otero, quien, en 1847, en un voto particular propuso reformar la Constitución de 1824 para proteger a los ciudadanos de las matanzas y violaciones de derechos por parte de autoridades. El amparo quedó establecido en el artículo 25 de aquella Constitución de la siguiente forma: «Artículo 25.- Los tribunales de la Federación ampararán a cualquiera habitante de la República, en el ejercicio y conservación de los derechos que le concedan esta Constitución y las leyes constitucionales, contra todo ataque de los poderes legislativo y ejecutivo, ya de la Federación, ya de los Estados, limitándose dichos tribunales a impartir su protección en el caso particular sobre que verse el proceso, sin hacer ninguna declaración general respecto de la ley o del acto que lo motivare».

Es decir que el amparo, en su mera concepción, fue pensado como un derecho, en el lenguaje de la época garantía, de los individuos a ser protegidos de las arbitrariedades del Estado. Ningún otro sistema de justicia en el mundo lo había propuesto hasta entonces. Además, se debe mencionar que, aunque muchos consideran al amparo Verástegui como el primordial debido a que fue el primero en ser aplicado exitosamente, demasiados indicios en el Archivo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación nos llevan a deducir que, en realidad, los primeros amparos concedidos tienen que ver con asuntos de leva o reclutamiento forzado. ¿Por qué se puede suponer? Porque México estaba en guerra en aquellos años y muchos de los expedientes más antiguos de amparo y minutas en los libros de actas del Tribunal, tienen que ver con asuntos de leva.

¿Quiénes los solicitaron? Las familias, principalmente madres y padres, de los jóvenes que eran reclutados a la fuerza o secuestrados por el ejército; si les suena parecido: violencia, desapariciones forzadas, padres buscando a sus hijos y etcétera, no es pura coincidencia, pues son problemas que han aquejado a nuestro país desde hace mucho tiempo.

Desacreditar la figura del amparo, sin conocer sus implicaciones, así como las vidas de tanta gente que se han perdido para obtenerlo, es desacreditar nuestros propios derechos. Vulnerarlo es vulnerar nuestros mecanismos de protección contra los daños que nos puede ocasionar el Estado. Es cierto que muchas veces los actos judiciales podrían prestarse para corrupción, ¿pero, sólo suponerla conlleva forzosamente cambiar nuestros derechos? Esto bien parece los viejos métodos de control de siempre.

Por cierto, los expedientes más antiguos de amparo son parte del acervo de «Memoria del Mundo» de la UNESCO, porque se reconocen como un aporte excepcional de México para el mundo en materia de DDHH.

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