Gobierno
El Estado que plantea AMLO
Por Gilberto P. Miranda
El presidente inicia su sexenio con una reconfiguración del mapa político donde tiene reservada una centralidad indiscutida. Nuevos partidos y nuevas estrategias.

 López Obrador dice la verdad. Ante un clima de polarización creciente, tal aseveración es polémica instantánea. Hay que tomarla en un sentido literal: el hombre que será Presidente de México a partir del próximo sábado cree en lo que dice, y dice lo que cree. Así lo aseveró el académico Mauricio Merino, quien compartió una lúcida charla a periodistas y líderes de opinión y periodistas el pasado martes a convocatoria de Consejo Nuevo León.

Este factor aparece como una excepcionalidad: es un político que dice lo que piensa, es decir, en el que el doble discurso no es común. El juicio sobre sus posturas o propuestas es un segundo debate. También, dice Merino, aparece como uno de los líderes políticos más relevantes en la historia de México, característica que no deja de tener sus riesgos, pues su personalidad avasalla de tal forma que las discusiones pueden acabarse centrando más en lo que dijo o dejó de decir, que en el problema público en sí mismo.

El largo camino al primero de diciembre de 2018 está a punto de culminar (uno de casi dos décadas para el propio Andrés Manuel). Se habrá cerrado una etapa e inmediatamente dará comienzo otra en la historia nacional. A partir de ese momento, comenzará oficialmente la administración del Presidente López Obrador, y estará a merced de aquello que Benito Juárez llamó: el fallo tremendo de la historia.

Repasemos entonces 5 claves del arranque de su gobierno:

1. La irrupción y fuerza de Morena está transformando el sistema de partidos. En la más reciente encuesta de Alejandro Moreno para El Financiero, realizada a días del inicio del nuevo gobierno, se registra una realidad contundente: Morena es el partido con mayor simpatía en México. 22% de los mexicanos declaró apoyar al partido de AMLO, por apenas un 9% al PRI, 6% al PAN y 2% al moribundo PRD. Para dimensionar, en 2016 apenas un 8% declaraba su simpatía por Morena, mientras que el PRI tenía un 27% y el PAN un 12%. Entre fines de los ochenta y durante los noventa, México transitó de un régimen de partido hegemónico a un régimen plural con tres partidos principales. El escenario actual parece dibujar un partido principal, acompañado de dos partidos de mediana simpatía cuyos bonos van a la baja y el resto de partidos pequeños. Los resultados de las elecciones venideras, en particular las intermedias de 2021, definirán la transformación del sistema de partidos. Un dato importante cierra el estudio de Alejandro Moreno: la verdadera mayoría, en términos de identificación, son los apartidistas: han pasado del 40% en 2016 al 57% a fines de 2018.

2. La oposición se está reconfigurando, y podrían no ser los partidos. Ante el desprestigio y debilitamiento de los partidos tradicionales, la oposición al gobierno de AMLO podría venir de otros espacios. Un ejemplo evidente son los Gobernadores: Enrique Alfaro desde Jalisco ya pronunció un fuerte discurso contra los coordinadores estatales del nuevo gobierno, y Silvano Aureoles ha roto el pacto educativo desde Michoacán. Esto también, señaló Merino, es síntoma de un problema que viene: la tensión del federalismo y de la repartición de los recursos federales. Sectores de la Iniciativa Privada y grupos conservadores que sientan sus intereses afectados podrían ser otros polos de oposición.

3. Su agenda inicial está clara. Los proyectos que AMLO y su equipo han puesto a consulta, a pesar de los cuestionamientos metodológicos, marcan con claridad buena parte de su agenda prioritaria: la cancelación del aeropuerto de Texcoco; la construcción del Tren Maya en la península de Yucatán; de la Refinería Dos Bocas en Tabasco; del Tren del Istmo de Tehuantepec y la renovación portuaria de Salina Cruz y Coatzacoalcos; además de ampliar la cobertura de Internet gratuito son los temas de infraestructura. En política social están el aumento a la pensión de adultos mayores, la siembra de un millón de árboles maderables y frutables (que será en sí misma un programa de empleo) y las becas a jóvenes sin trabajo ni estudio, así como a jóvenes de bachillerato. En seguridad, se consultará en marzo la conformación de la guardia nacional.

4. Habrá un enfoque progresista impulsado desde la SEGOB. Aunado a lo anterior, el nuevo Presidente parece haber dado cancha abierta a la Ministra Olga Sánchez Cordero para encabezar transformaciones profundas que están ligadas al objetivo de pacificación y justicia transicional, como lo son la legalización de la mariguana y probablemente de la Amapola. También, el proceso de justicia transicional que tendrá que comenzar con una Ley de Amnistía. De esta manera, la SEGOB se quedará como brazo político y operador del proceso de paz, perdiendo todas las facultades de seguridad, que serán trasladadas a la nueva Secretaría de Seguridad Pública y a las Fuerzas Armadas. No debe descartarse que la Ministra también promueva en el corto plazo el avance de los derechos de las mujeres en temas como la interrupción legal del embarazo.

5. La concepción del Estado está dando un giro. En lo político, López Obrador tiene claro que el poder político debe regresar al Estado y no depender de poderes fácticos o de los mercados. En lo social, se plantea la ampliación de un Estado de Bienestar con temas como las pensiones a adultos mayores, la creación de infraestructura, los programas de empleo y las becas a jóvenes sin oportunidades de estudio ni trabajo. El nuevo Presidente parece querer recuperar terreno y marcarlo para dejar claro aquello que es del ámbito público.

Llegamos así al umbral de un nuevo sexenio, donde la consecución de la paz, la erradicación de la pobreza y la lucha contra la corrupción serán los grandes retos a vencer. Comenzamos.

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