Editorial
#MeTooPeriodistas: Nos toca ser la nota
Por Estefanía Camacho
El movimiento #MeToo destapó cientos de denuncias en los medios de México. Las comunicadoras rompieron el silencio.

Soy periodista. Desde niña en mi casa me enseñaron a escuchar a todos por igual y a analizar los dos lados de un tema. Matizar. Nada es blanco, nada es negro; vamos, tampoco es gris. También me enseñaron a siempre buscar justicia, que en la escuela de periodismo se transformó a buscar lo más cercano a la verdad, una de la mano de la otra, cuando lo piensas.

En la escuela de periodismo los profesores repetían que no había que confiar en nadie. Ni en tu madre cuando dice que te quiere, decía un profesor. Hasta que leí de feminismos y vi que sistemáticamente a las mujeres nos hacen enemistarnos. Y no es que haya que creerles a las mujeres sólo porque son mujeres, simplemente entiendes que, lo que viven ellas es muy probable que lo hayas vivido en primera persona o de manera indirecta. Es eso y las estadísticas de la ONU, el Inmujeres, la OMS, el DIF y decenas de organismos que prueban que las experiencias son más de lo que nos gustaría admitir. Entonces entiendes por qué creerle a una mujer que denuncia.

Aunado a eso, es como si existiera un "Manual de cómo violentar a mujeres" y todos los hombres repitieran los patrones.

Yo no sabía cómo era el acoso laboral hasta que me pasó. Abrí un buscador y tecleé el concepto y en qué consistía. Las acciones, los comportamientos. Le platiqué a personas conocidas para que me dijeran lo que yo ya sabía: estaba siendo víctima de acoso laboral en el mundo del periodismo. Meses después surgió el movimiento #MeToo en Estados Unidos y repetían lo mismo que yo pensaba -excepto que no era una gran actriz hollywoodense con un gran público a mi disposición.

Y lo peor: la traición de los medios. ¿A qué medio recurres para denunciar algo que estadísticamente ocurre en todos estos espacios periodísticos, según las Periodistas Unidas Mexicanas (PUM)? El 73 por ciento de las mujeres que trabajan en medios del país ha vivido acoso, hostigamiento o agresiones sexuales en su trabajo. Tanto fuera como dentro de las redacciones.

Aún como periodista los estigmas te persiguen a la hora de querer hablar. "Esta es mi carrera y no la quiero dejar". "Me van a juzgar a mí". "Me van a echar la culpa". "Nadie me va a dar trabajo por problemática". El gremio no sólo es pequeño, también todos se conocen y lo peor: son periodistas. "Todo se sabe. Todo se dice". A veces tergiversando los hechos y a veces sumando juicios, quebrando así los mismos principios periodísticos que nos enseñaron.

Algunos de los medios denunciados hasta pregonaban para su público que buscaban con rigor la verdad, la justicia social o laboral, pero nada de eso era cierto al interior de sus redacciones. Dicen que ofrecen noticias sin sesgos informativos, pero ¿Qué no la falta de mujeres en una redacción es un sesgo? ¿La violencia ejercida contra nosotras no es una tendencia? ¿La falta de agenda de género no es privar de esta información a los lectores? El no contar con una plantilla laboral equilibrada de reporteras y sus perspectivas ante los acontecimientos, ¿no es coartar lo que se publica? Lo que hemos visto al empezar este sexenio contra las mujeres (y las omisiones de los anteriores) amerita que las audiencias vean a más de nosotras contando desde la trinchera mediática lo que ellas tienen que decir.

Yo no estuve en muchas redacciones de las historias que oí, pero me las contaban ellas, las periodistas, y yo les creo: diarios nacionales que bloqueaban el ascenso de mujeres a puestos directivos; jefes de diarios digitales que acosaban a sus trabajadoras 20 años más jóvenes; hombres que ante un "no" se desquitaban en la redacción aprovechando las carreras recién iniciadas de las mujeres. Mensajes de texto a deshoras -nada nuevo en el ámbito periodístico, pero sí cuando son insinuaciones sexuales no correspondidas- y comentarios inadecuados en cuanto al aspecto físico, entre otras acciones, casi todas ilegales.

Y lo peor, al denunciar estas acciones con lo más parecido a lo que una redacción puede tener como departamento de Recursos Humanos la respuesta era minimizar el delito y es así como los agresores y acosadores no sólo permanecían en ese medio, también ascendían y nosotras renunciábamos.

Ser profesional no sólo significa ser buen editor, corrector, escritor, maestro, reportero o fotógrafo. También significa no acosar ni usar tu poder en algún puesto importante o círculo intelectual para abusar de alguien que sólo busca hacer su labor.

El #MeTooPeriodistasMexicanos, con lo que implican (casi todas) las denuncias desde el anonimato, es una respuesta de las mujeres ante la falta de un protocolo contra el acoso y hostigamiento laboral, a la falta de sensibilización en las redacciones, a la inequidad de género en puestos directivos de medios, a la normalización de la violencia en los periódicos (y en sus noticias) y a los círculos de hombres que encubren a otros.

Sobra decir que los periodistas estamos desprotegidos en todos los sentidos. En este gremio también se cumple la regla social a escala de que las mujeres quedamos en el último lugar para acceder a la justicia en México, el país que encabeza la lista de las naciones más peligrosas para ejercer esta profesión.

Algunas vivimos violencia con nuestras parejas, en nuestras casas. Vivimos acoso sexual de camino a nuestros centros de trabajo, en eventos con fuentes que cubrimos, como para, además, padecerlo en nuestros espacios laborales. Ese lugar en donde haces lo que amas. 

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