19-S
Grieta en la Ciudad: el terremoto de brillantina
Por Jesús Pérez Gaona
¿Qué puede ofrecer la 4T a personas que rechazan ser damnificadas? "Llega el sismo y ante él no valen/ las oraciones ni las súplicas", escribió Pacheco.

Parece que fue hace lustros, pero no. Apenas se cumplen dos años desde el terremoto. Al iniciar la primera legislatura del Congreso de la CDMX me reuní con una diputada que me compartió que el war room de Juntos Haremos Historia en la capital conoció las últimas semanas de 2017 un diagnóstico del CEN de Morena sobre la campaña electoral que estaba por iniciar: gran parte del dinero que la solidaridad internacional brindó a la Ciudad sería usado por el PRD para la candidatura de Alejandra Barrales y sus respectivos aliados.

A la morenista no sólo le preocupaba el infame desperdicio de gestos tan nobles, sino que a Miguel Ángel Mancera le alcanzara con eso para reelegirse a través de su candidata. «El papa Francisco, Ronaldo, Zuckerberg, Brie Larson y Katy Perry donaron recursos para que los caciques, operadores y golpeadores de 'Por la CDMX al Frente' trabajaran a gusto», dijo. Afortunadamente, aunque derrocharon fuera de lo permitido por la ley, no les alcanzó.

Roberto Rock, conocedor de los pasillos del poder, recordó en sus estampas sobre el sexenio peñanietista que en el análisis que compartió el expresidente sobre su derrota en las urnas también se culpó al dinero, el cual -todos fuimos testigos- fue derrochado en favor de José Antonio Meade. «Los problemas que se resuelven con dinero resultan baratos», un aforismo de la cultura política del Grupo Atlacomulco, donde creció el priista.

«Al enterarse de los resultados de la elección presidencial Peña Nieto pidió una copa de vino y arremolinado en su sillón solo musitó: 'nos faltaron gobernadores'», se lee en La historia detrás del desastre. Gobernadores, en un país donde los votos y las autoridades que deben vigilar las elecciones se venden y se compran, no significa otra cosa que dinero.

Los sismos durante seis años

Pocas semanas después del 19 de septiembre me reuní con una compañera responsable de montar un albergue improvisado y temía algo similar: pese a la impopularidad del Gobierno de la CDMX, la balanza podría inclinarse en favor del mancerismo, con lavado de cara mediático y todo, aun cuando no pisó uno solo edificio derrumbado sin un fuerte aparato de seguridad y siempre al abrigo de una carpa montada en el lugar. No cometió el error de su cuate, Miguel Ángel Osorio Chong, al que corrieron a pedradas de Chimalpopoca.

La fórmula del dinero ganando elecciones perdió en 2018, no sin que ello implicara un rompimiento. Al menos en la capital, vimos quebrarse aquella normalidad ante el reclamo por justicia en Atenco. Vimos cómo se abrió más la grieta en la oposición callejera contra las reformas estructurales, los cuatro jinetes del apocalipsis: la energética, la educativa, la de telecomunicaciones y la fiscal. Y se agudizó finalmente con el combo de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa y el reportaje de la Casa Blanca.

El «mal humor social» ante el gasolinazo -y los saqueos en consecuencia- fueron una probadita de una molestia que no siguió los cauces legales de las ONG's y la sociedad civil, la misma comunidad bienpensante que se enfadó ante las más recientes acciones de la marea verde. Aquel episodio fue olvidado, y su relación es imposible para quienes se fumaron la teoría de conspiración de que los saqueadores no tenían otro motivo para hacer lo que hacían más que servir a los intereses del PRI.

Este verano la brillantina tocó el rostro del Jefe de Policías, mientras sus oficinas eran destrozadas con la misma furia con la que se pintó consignas en el Ángel de la Independencia: «México feminicida». Un mensaje idéntico al que grupos feministas dejaron en 2017 en el edificio de cuatro niveles derrumbado donde una empresa elaboraba ropa para Foley's, Shasa y New Fashion.

«¿A cuántas dejaron sepultadas?», se leyó en los muros del lugar, ya limpio de escombros. «La vida de una costurera vale más que todas sus máquinas», recordaron con graffitis. Espontáneamente mujeres jóvenes adoptaron el lugar como su herida propia, en memoria de las costureras que ahí trabajaban y murieron enterradas, como lo hicieron en 1985 (igualmente costureras y en una zona cercana). Se habló incluso de migrantes subcontratadas. El temblor no sólo repitió en el día sino que ahí mató a las mismas personas: mujeres trabajadoras.

El sismo nace de adentro para destruir todo lo que pusimos a su alcance, escribió José Emilio Pacheco.

«¿El temblor? No, fue la corrupción, aunque se enoje Peña Nieto, porque la corrupción y el machismo matan», me habría corregido mi amiga activista. Así lo demostró la invención de «Frida Sofía», la historia de cómo influir destructivamente en la indignación popular y fracasar en el intento. Una invención que -ya sea de Azcárraga o de la Marina, o de ambos- mereció para ser noticia nacional de un criterio paternalista, autoritario e irresponsable, hasta ahora sin consecuencias (Danielle Dithurbide es la nueva estrella de Noticieros Televisa).

Si López Obrador supo traducir en votos el enojo y el hartazgo de los mexicanos, deberá hacer algo similar aunque no para ganar una elección. ¿Qué puede ofrecer la 4T a personas que rechazan ser damnificadas? ¿Habrá algún programa social, alguna promesa de Gobierno, alguna firma de funcionario que dé respuesta a la exigencia feminista de justicia y seguridad?

«Llega el sismo y ante él no valen/ las oraciones ni las súplicas./ Nace de adentro para destruir/ todo lo que pusimos a su alcance», escribió José Emilio Pacheco. «El estrago es su única lengua./ Quiere ser venerado entre las ruinas».

Algo se rompió en la ciudad, algo de nosotros crujió luego del 19 de septiembre de 2017. Un abismo se abrió entre nosotros y la autoridad. Un abismo, una grieta. Ya no somos los mismos, la ciudad ya no es la misma, lo único que parece ser idéntico es quien está a cargo de la reconstrucción y de la seguridad.

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