Medios
Las fake news: El otro virus
Por Hernán Gómez Bruera
Los mexicanos estamos siendo víctimas de otro virus, a veces igual de perjudicial y peligroso: el virus de la desinformación.

México no solo está enfrentando un virus altamente contagioso. También estamos siendo víctimas de otro, a veces igual de perjudicial y peligroso: el virus de la desinformación y las noticias falsas.

Hace tiempo que las fake news se volvieron parte de nuestra vida cotidiana. Si bien puede ser entendible que estas sean utilizadas en la disputa política, especialmente en medio de campañas electorales, llama la atención que en medio de tragedias colectivas como la que hoy estamos viviendo (y como ya lo habíamos observado en los sismos de 2017), se diseminen tal cantidad de falsedades.

Las noticias falsas pueden ser producto de un trabajo periodístico de mala calidad, donde no se verifica la información; surgen a menudo del ímpetu de ciertos medios por ganar a como de lugar la nota a sus competidores, e incluso del esfuerzo deliberado de ciertos medios para monetizar sus páginas a partir de los clics que reciben cuando dan a conocer información sensacionalista.

Al replicar mensajes falsos en redes sociales o cadenas de whatsapp, los ciudadanos también son responsables de que estas noticias se esparzan. Es evidente, sin embargo, que también existe un interés deliberado en ciertos grupos por por infundir pánico y caos social, aunque no siempre sea sencillo saber de qué manera operan y qué intereses persiguen.

El virus de las fake news se ha esparcido con total impunidad ante la crisis sanitaria que estamos viviendo. Desde las folclóricas y humorísticas notas de un supuesto estudiante del Tec de Monterrey o un médico español que decía haber encontrado la cura para el coronavirus y terminó siendo un actor porno, hasta las que tienen que ver con remedios caseros para prevenir el contagio.

De esos supuestos remedios, han circulado decenas: que si comer ajo regularmente ayuda a prevenirlo, que si tomar agua cada 20 minutos ayuda a evitar que el virus "incube en la garganta", que si mantener la boca constantemente húmeda con líquidos calientes, que si hacer gárgaras de agua con sal, que si mezclar suavitel y vinagre para fabricar un supuesto desinfectante casero que, a pesar de su inverosimilitud, circuló profusamente en redes sociales.

Frente a lo asintomático del virus comenzó también a correr una cadena en las redes sociales donde se decía, por ejemplo, que aguantar la respiración por 10 segundos sin toser ayudaría a detectar "la fibrosis causada por el coronavirus".

Este tipo de información resulta por demás perjudicial porque puede poner a la gente en peligro. Como aquella historia de que los secadores de manos de los baños públicos pueden matar el virus o las que sugieren el uso indiscriminado y absurdo de antibióticos para tratar el virus, e incluso prevenirlo. A su vez, han circulado noticias en que se mal informa acerca de supuestas curas contra el coronavirus, la cual estaría siendo ideada en Cuba y que en realidad no es más que un antiviral que serviría para tratar terapéuticamente varios virus.

La obsesión de algunos medios por llegar primero explica muchas de las fake news. Tal y como sucedió con la supuesta muerte del empresario José Kuri, difundida por muchos medios y periodistas, y que finalmente fue desmentida por su propia familia.

Otra noticia mencionaba un supuesto oficio proveniente de una clínica del IMSS, en Coahuila, donde se afirmaba que había 34 casos positivos, la cual resultó ser apócrifa. Lo mismo cuando se informó que los hospitales privados del país no estaban autorizados a realizar pruebas para detectar casos de COVID-19, lo que fue desmentido por el subsecretario López Gatell.

Igualmente falsa fue esa esa imagen que circuló, supuestamente de una sala del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que estaría repleta de gente debido al desvío de vuelos de Estados Unidos y que México estaría recibiendo con los brazos abiertos. Puras falsedades. Periodistas consagrados llegaron a tuitear la imagen en sus propias redes sociales, sin que se les ocurriera recurrir a un principio básico del periodismo que es verificar la información.

Otras noticias falsas han tenido una evidente finalidad política, como un supuesto acto en apoyo a AMLO durante esta crisis por el coronavirus convocando el 21 de marzo a las 11 a.m. en el Zócalo en contra del "golpe blando del coronavirus". La Secretaría de Seguridad Ciudadana, así como la Alcaldía Cuauhtémoc, señalaron no tener conocimiento del evento y Morena negó haber convocado al acto.

La circulación de información falsa no siempre llega a los medios. A veces simplemente se disemina en cadenas de whatsapp. Hace tan solo unos días, por ejemplo, un funcionario del Gobierno de la Ciudad me hizo llegar un documento que llevaba por título "Protocolo al entrar en casa", seguido de otro supuesto "protocolo para salir de casa", donde se detallaban una serie de meticulosas recomendaciones como desinfectar las patas de tu mascota o quitarte la ropa cuando llegues a tu casa, meterla en una bolsa e inmediatamente ponerla a lavar, junto a una serie de prescripciones que, a pesar de no coincidir con el discurso de las autoridades, parecía en primera instancia creíble porque llevaba el logo de la secretaría de Salud, el INDRE y la Dirección General de Epidemiología. Solo más tarde el mismo funcionario antes mencionado me hizo saber que era falso, lo cual pude corroborar al consultar directamente a las autoridades sanitarias federales. Aún así, la información llegó a la mesa de varias redacciones, e incluso algunos medios la utilizaron.

No es fácil saber de dónde y con qué objetivos surgen las noticias falsas. Ante ello es poco lo que se puede hacer. Lo que sí podemos, sin embargo, es ponerles un alto a su difusión para evitar que el virus de la desinformación crezca. El gran problema de las fake news es que el público menos informado no suele distinguir entre información que le llega a través de una cadana de whatsapp, que lee en Facebook o que ve en radio y televisión. Incluso cuando se le pregunta a la gente dónde leyó, vio o escuchó determinada información falsa es frecuente que ni siquiera lo recuerden. Por eso una vez que la mentira se ha instalado, no resulta nada sencillo desmontarla.

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Despues de leer la nota, me queda como decia José Agustín "un triste, cómodo y cálido sentimiento". Es fácil de explicar, un breve escaneo por los medios de información, incluyendo los digitales, confirma la manipulación intensa a la que estamos sometidos todos los días. Hoy, en tiempos de "pandemia", vaya que si se han dan vuelo: noticias falsas, contrainformación, rumores, chismes, leyendas urbanas, curas milagrosas, remedios caseros et., etc., etc., lo inverosímil de esta granada información a la que podríamos llamar anarquía informativa, o sea, la logica de grupos interesados en desatar conflictos sociales, sosteniendo causas de las más le?ítimas hasta las más risibles.