Editorial
Tenemos que hablar de Scherer
Por Hernán Gómez Bruera
La renuncia de Omar Cervantes en Segob abre otra vez el interrogante sobre el rol de Hugo Scherer en la 4T.

La renuncia de Omar Cervantes como vocero de la Secretaría de Gobernación, tras darse a conocer un audio donde se aludía a la participación de "los Scherer" en la elección para gobernador de Nuevo León y su favoritismo hacia el candidato del PRI, Adrián de la Garza, ha hecho estallar un tema que desde hace tiempo está en boca de muchos: el polémico y misterioso papel que ha jugado Hugo Scherer en este proceso electoral.

Hace algunos días una secretaria de Estado alertó al presidente que el consejero jurídico, Julio Scherer, y su primo, el consultor político, operaban a favor del candidato priísta en Nuevo León, luego de dar por muerta a la candidata de Morena, Clara Luz Flores. Algunos creen, incluso, que desde un inicio los Scherer se habrían "infiltrado" en la campaña de Clara Luz con el propósito final de apoyar al candidato priísta.

Divulgar el audio del ahora ex vocero de Segob -que bien pudo ser una frase aislada cómodamente elegida-- puede haber sido el recurso que encontró Hugo -  quien comúnmente opera por medio del espionaje telefónico -- para aparecer como la falsa víctima de una operación de desprestigio promovida desde Gobernación. Frente a un escenario como este, Cervantes tuvo que pagar los platos rotos.

Entre los morenistas ha generado una creciente molestia que Hugo asesore de forma conveniente a candidatos de varios partidos, al tiempo que utiliza su cercanía con Palacio Nacional para sus propios fines. En esta contienda lo mismo ha llevado a perfiles de Morena, como Alfonso Durazo en Sonora o Clara Luz Flores en Nuevo León, que a candidatos panistas como Mauricio Kuri, en Querétaro o la muy controvertida Maru Campos en Chihuahua.

Preocupa especialmente que Hugo pueda estar utilizando su apellido e influencia para influir en decisiones que no tocan a un consultor político. Diversos testimonios revelan que ha tratado de intervenir, tanto en los procesos internos de Morena como para venderle a los candidatos -del partido que sea- la posibilidad de tener una buena relación con el presidente.

Distintas versiones dan cuenta, por ejemplo, de cómo este afamado consultor -que se maneja con grandes sumas de efectivo, tiene aversión a los aviones comerciales y se desplaza exclusivamente en vuelos privados- opera hábilmente, y no tiene empacho en meterse hasta la cocina del partido para favorecer sus intereses.

En Chihuahua, por ejemplo, intentó convencer a Rafael Espino de pelear en la contienda interna en contra Juan Carlos Loera. Más tarde, sin embargo, terminó por saberse que Scherer trabajaba para Maru Campos y posiblemente estaba buscando promover a un candidato menos competitivo que le despejara el camino a la panista.

Es tal la preocupación frente al poder de Hugo y Julio Scherer que algunos señalan que Santiago Nieto decidió no ser candidato en Querétaro, entre otras razones porque calculó que los dados podrían estar cargados de entrada a favor de Kuri, el candidato panista.

Sabemos que en México, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos o España, la mayor parte de los consultores políticos fácilmente saltan de un partido a otro. Llama la atención, sin embargo, que las campañas de una fuerza como Morena -que se ha planteado ser diferente- puedan ser instrumentadas por una figura tan emblemática del antiguo régimen.

Nada puede estar más alejado del pensamiento de la 4T que un perfil como este, ideólogo de las grandes campañas de Solidaridad en tiempos de Salinas; estratega de Manlio Fabio Beltrones, asesor de Colosio y de Labastida, y quien llevó las campañas e imagen institucional de varios gobernadores panistas y priístas como Ignacio Peralta, Claudia Pavlovich, Tomás Yarrington o, más recientemente, Cabeza de Vaca.

Pero lo que realmente desconcierta a varios en Morena es que un perfil como este le hable al oído a Claudia Sheinbaum, a quien se acercó hacia finales de su campaña electoral en 2018 y sobre quien -para bien o para mal- ejerce cada vez mayor influencia. De manera por demás inexplicable, la jefa de gobierno ha ayudado a Hugo Scherer a posicionarse dentro del partido, poniéndole a su servicio la confianza que tiene en ella un sector de la izquierda.

Pocos saben cuál es el papel que juega el dúo Scherer en el escenario político actual. Tampoco es claro si Hugo opera de la mano de Julio y con su consentimiento. Con todo, en los pasillos de la política estos dos nombres se pronuncian cada vez más -casi siempre en voz baja- y seguramente serán claves en la sucesión presidencial. Ninguno suele hablar con la prensa y los medios pocas veces se refieren a ellos. Figuras como estas, sin embargo, merecerían mucha más atención. 


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