Discurso
Las cálculos del Presidente
Por Gilberto P. Miranda
AMLO trabaja a diario sobre su base dura de votantes a través de una serie de antagonismos que lo sostienen en el centro de la escena.

 Con apenas medio año en la presidencia, no hay semana que los posicionamientos y acciones de AMLO no desaten pasiones, a menudo contrarias entre querientes y malquerientes. A esto habría que sumar la sui generis forma de conducir la comunicación del Estado Mexicano. Podría decirse que la estrategia es la propia sensibilidad del presidente ¿Se gobierna el país diariamente desde "la mañanera"?

Resulta complejo dilucidar la manera en que se construyen y toman las grandes decisiones públicas, existiendo una evidente tensión entre la política y la técnica, siendo esta última satanizada por ser identificada con regímenes anteriores tildados de "neoliberales".

La estridente salida de Carlos Urzúa de la Secretaría de Hacienda -una de las carteras más importantes del aparato federal- precisamente desnudó esa tensión entre tomar decisiones "basadas en evidencia" y las que obedecen al criterio político.

En este punto es importante salir del maniqueísmo. No todo técnico es "tecnócrata", en el sentido peyorativo del término, ni la técnica por sí misma resuelve los problemas públicos sin solidez ideológica en el proyecto y el arte del liderazgo político. Balance entre ambas dimensiones es el escenario ideal, para citar a Max Weber: "la política se hace con la cabeza, no con otras partes del cuerpo, ni con el alma".

¿Qué cálculos políticos está realizando el presidente para tomar sus decisiones? Imposible conocer su fuero interno, pero su discurso y acciones podrían ofrecer alguna guía:

Cálculo 1: La base es sólida y crecerá. AMLO está consciente del poder detrás de una narrativa antagónica. No es casualidad que el término "fifís" se haya vuelto parte del léxico político nacional y que se haga referencia a los "adversarios" y "conservadores". La rivalidad unifica, pero conlleva sus riesgos. Si por 3 presidenciales en fila se logró más del 30% de la votación nacional, con el control del aparato federal y cada vez más posiciones políticas en los estados, ese número podría crecer.

Cálculo 2: Que griten arriba si los beneficios se sienten abajo. AMLO ha repetido por casi dos décadas, hasta la saciedad, que "por el bien de todos primero los pobres". Hay una clara estrategia de recortar gasto en prácticamente todos los rubros, para liberarlo en dos vías: programas sociales e inversión en Pemex. Probablemente el presidente confía en que los perceptibles más bajos no solo mejorarán su capacidad adquisitiva, sino que se identificarán con su gobierno. Eso está por verse, pero hay que recordar que como segmento, los principales votantes de AMLO en 2018 no fueron los más pobres, sino personas jóvenes con estudios universitarios e ingresos de medios a altos, un grupo que fácilmente puede migrar a otras opciones políticas de ser decepcionado.

Cálculo 3: Ante una oposición débil, es momento de copar. Ya pasó más de un año de la histórica elección presidencial (el margen de victoria más amplio en la era de la alternancia) y la oposición no logra recomponerse. Ni impulsando una agenda convincente que no sea oponerse al presidente, ni renovando liderazgos. Si Morena tiene la oportunidad de tomar más terreno, lo hará (aunque también lo amenazan tensiones intestinas).

Cálculo 4: La presidencia no es la de antes, pero vuelve al centro. AMLO ha insistido que su presidencia significa un cambio de régimen, donde uno de los elementos principales es la separación del poder político del poder económico, condición que debería darse en toda democracia real. Solo así pueden explicarse decisiones como la cancelación del NAIM cuando ya había conseguido todo a su favor (polémica, exhibición de posible corrupción, voluntad de la IP de hacerse cargo), que parecen ser primordialmente políticas. Pero al presidente se le puede pasar la mano con gestos como el recorte a los deportistas, y al mismo tiempo, la compra de dos estadios por un billón de pesos para impulsar clínicas de beisbol. No hay manera de vender encuadrar esas decisiones más que como mera voluntad presidencial. Y eso puede acabar por desgastarle ante el respetable.

Por lo pronto, la aprobación del presidente se mantiene alta, y si bien el desempeño económico es magro, el país no se ha ido por el abismo como pronosticaron los heraldos negros. AMLO ni va tan bien como se imagina, ni tan mal como quisieran sus detractores. El punto es que hay al menos un 20% de electorado flotante que votó por él en 2018, pero no hay ninguna garantía de que se quede con Morena. 

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