Transición
Cola de león o cabeza de ratón
Por Miguel Ángel Sosa
La llanura de la oposición es un terreno hostil en el que no todos sobreviven. Para ser oposición es necesaria la introspección, además de una profunda tolerancia.

La llanura de la oposición es un terreno hostil en el que no todos sobreviven. Para ser oposición es necesaria la introspección, además de una profunda tolerancia y dominio del respiro hondo para apaciguar los egos.

El sofocante sabor que deja formar parte de la chiquillada: desquicia, deprime y no sienta bien a los arlequines del poder. Voltear hacia arriba incomoda muy adentro no solo a los músculos del cuello.

Estar en contra de todo no es oponerse, eso es necear. Ser oposición significa avanzar a contracorriente siempre con propuestas y no escenificar un simple impasse. Dar la batalla frente al poder con la argumentación de haber sido, ya no ser o querer volver.

Porque ser oposición no lo determina el sentido de los votos sino la ideología y el compromiso irrenunciable con las causas, los orígenes y el proceder. Por lo menos así debe ser.

Es preciso recordar que los lugares en el tablero a veces se eligen pero no siempre, y que el papel en la batalla nunca debe ser circunstancial. El genio político se erige por encima de todas las variables, los mortales en cambio actúan bajo las manos de alguien más.

Decir no a la poderosa maquinaria de Morena será como gritar al abismo. La máxima tribuna es guinda y en ella las voces de otras cromáticas parecen diluirse. Se debe empezar por aceptar que la estrategia opositora debe ser firme en sus postulados, recia en sus objetivos e imperturbable en la mira.

Para hacer frente al nuevo escenario, lo principal es la serenidad. Confianza y pleno dominio de las pasiones. Abandonar los arrebatos inútiles, confiar más en las razones. Ser cola de león no es lo mismo que cabeza de ratón.

De la mayoría es la voz cantante, el himno alevoso. Como siempre ha sido y seguirá siendo. De los más será la decisión, pero no necesariamente la certeza. Por ello, se debe avanzar sin desesperación y a paso firme evitando despreciar batallas. Porque hoy ser oposición no puede reducirse a entonar una misma canción con distinta tonada.

De los extremos surgen las diferencias, pero también las convergencias. Los ángulos unen dos líneas que pueden ser antagónicas pero que se necesitan para dar perspectiva al plano. La oposición manifiesta en la necesidad de estorbar es tan mediocre como la mayoría que usa su peso para aplastar al enemigo, en el que ve la sombra de lo que fue y teme volver a ser.

A quienes viven del pasado la historia les depara un lugar en la memoria. A los que viven en el presente y actúan, los reconfortará el esfuerzo como actores de posibles cismas. Desde abajo se construyen las ciudades, piedra por piedra. Como arquitectos del futuro, los de la oposición deberán medir primero el terreno, escoger los materiales y cimentar sus ideales para no ser mañana un espejo de lo que hoy tanto les molesta ver. 


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