Negocios
Lord Browne y Putin en el México de AMLO
Por Milton Merlo
Historias y tensiones detrás de la venta de la mexicana Sierra Oil a la alemana Deutsche Erdoel. Los temores de Tillerson.

Esta semana se concretó la venta de la firma mexicana Sierra Oil&Gas a la alemana Deustche Erdoel AG. El movimiento confirma dos certezas que hace meses se manejaban en el sector petrolero. Por un lado, el fracaso de Sierra en la reforma energética. La firma que en su momento condujo el venezolano Iván Sandrea fue adquirida por tres fondos de inversión de Estados Unidos y por la mexicana Infraestructura Institucional, dedicada a las vialidades. Claramente hacer carreteras no es lo mismo que extraer crudo pero hacia mediados de 2015, ante la efervescencia de las subastas de bloques impulsadas por el gobierno anterior, era muy difícil resistirse. Además, el precio del barril todavía no se había desplomado.

El otro dato es que Deusche Erdoel, mejor conocida en el mercado como DEA, ha decidido jugar a fondo en México. Esta empresa con sede en Hamburgo tiene una historia particular. Su titular es John Browne, una leyenda del negocio petrolero a nivel mundial. Dirigió British Petroleum desde mediados de los 90 hasta fines del 2007, cuando renunció en medio de un escándalo de tintes personales nunca aclarado.

 Browne es un aristócrata que ostenta el título de Lord, símbolo de la nobleza británica. Bajo su conducción BP tuvo la mayor expansión de su historia. A comienzos de este siglo planificó y concretó una alianza con la rusa TNK para refinar petróleo en el país más grande del mundo. Allí, donde a cualquier occidental le cuesta mucho ganar dinero por la excesiva regulación estatal, Lord Browne fue la excepción y además lo consiguió en un negocio extremadamente sensible para la geopolítica de Rusia (como es el petróleo). Alguna vez Emilio Lozoya ha contado en privado que la indemnización a Browne por su salida de BP fue parte de la operación con TNK (lo trató cuando estuvo a cargo de Pemex). De ser cierto el dato, sería la compensación más grande de la historia.

El desembarco en Rusia de Browne y BP se hizo en consonancia con Mikhail Fridman, magnate ruso y de estrechos vínculos en el Kremnlin de Vladimir Putin. Y como suele suceder con los oligarcas de dicho país, divide su tiempo entre Moscú y Londres. Esa amistad continuó tras la salida de Browne, y se cristalizó en la creación del fondo de inversión Letter One, el cual tiene su headquarter en Luxemburgo.

En 2015, Letter One (mejor conocido en el mercado de valores como L1) compró la mayoría accionaria de DEA. Al momento de elegir CEO, Fridman no lo dudó y convocó a su amigo Browne. Por su parte, el magnate nacido en Ucrania, en tiempos de la Unión Soviética, se quedó con un rol de supervisor en el board de la compañía. 

La reforma energética de Enrique Peña Nieto fue una invitación para no desaprovechar, y así DEA y Lord Browne llegaron a México. La empresa comenzó a licitar en las rondas de la reforma e inmediatamente consiguió campos petroleros, lo cual desató comentarios de diverso calibre en el sector. El más común: DEA pagaba por los campos más de lo que estos podían rendir, especialmente en el caso del campo terrestre de Ogarrio. Quien mejor lo explicó fue el número uno del Grupo Alfa: Amando Garza Sada, durante una reunión en Monterrey con otros hombres de negocios, algunos meses atrás. DEA también ingresó al farmout de Cárdenas-Mora. Gastó en total más de 550 millones de dólares.

La aparición de esta compañía en México comenzó a motivar comentarios de inquietud en diversos círculos de Washington DC. Una firma tan cercana a Putin, -Fridman tiene pase libre a las principales oficinas de Moscú- operando en México, y además en petróleo, no es algo del todo digerible al otro lado de la frontera. Según cuentan en la cancillería mexicana, en cierta ocasión Luis Videgaray debió escuchar advertencias de Rex Tillerson, ex secretario de Estado y que venía del mundo del petróleo, donde había sido mandamás en Exxon.

Llegó la campaña presidencial en México. Tillerson advirtió en una incursión a Los Pinos que había que tener sumo cuidado con una posible injerencia rusa. Ya se conocían las historias de las granjas de boots rusas operando en le elección de EU del 2016.  En el medio de esa conversación de alto nivel habría aparecido el nombre de esta firma petrolera. El dato llegó hasta la campaña de José Antonio Meade, y desde entonces se comenzó a decir que la historia de los boots rusos en México "no era un cuento chino"; algo sobre lo cual, por ejemplo, Rubén Moreira se mostraba en extremo convencido. El periodista Raymundo Riva Palacio profundizó sobre el costado local de esa historia en un editorial en noviembre del año pasado.

Andrés Manuel López Obrador triunfó el 1 de julio, y a mediados de septiembre DEA emitió un comunicado en el cual decía que veía con buenos ojos que se revisaran todos los contratos firmados por el gobierno saliente. Un gesto muy calculado que adquiere mayor impulso con la compra de Sierra Oil, en el capítulo más reciente de una trama que parece más propia de la ficción. Y promete no ser el último.


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