PRI
Peña Nieto y Salinas, en mundos opuestos
Por Milton Merlo
Uno pasa al segundo plano mientras el otro mira la interna del PRI. Cumbre de los gobernadores.

En cinco meses de administración de Andrés Manuel López Obrador no deja de ser evidente el estilo opuesto que exhiben los ex presidentes Enrique Peña Nieto y Carlos Salinas de Gortari. El pasado fin de semana el contraste fue absoluto: el primero era fotografiado en una boda de alto nivel en compañía del cantante Julio Iglesias, mientras el segundo se ausentaba de dicho convite al cual inicialmente había confirmado presencia. 

Desde fines del año pasado, Salinas evita estar en México. Recientemente le dijo a un allegado que en los próximos meses estará entre Cuba, Inglaterra y Estados Unidos. Cuenta que no quiere estar en el país para evitar reuniones y convocatorias que puedan alterar los ánimos en el poder morenista. 

"Cada persona que me ve, luego va y lo cuenta a todos los amigos", expresa con aire de modestia. El ex presidente se ha convencido de que si en algún momento la 4T requiere de un fuerte gesto contra la era neoliberal, él será el elegido para tal escarmiento. Por eso quiere estar lejos.

Hace diez días lo buscaron para hablar del futuro del PRI. Se negó rotundamente. El interlocutor -un gobernador en funciones-, intentaba quejarse de que su sobrina, la dirigente del PRI Claudia Ruiz Massieu, estaba demasiado subordinada a las ideas de Miguel Ángel Osorio Chong y, concretamente, de su ex oficial mayor en la Secretaría de Gobernación, Jorge Márquez, que supervisa algunas cuestiones de cara a las elecciones del 2 de junio. Pero no hubo caso.

En contraposición, esta misma semana Peña Nieto cometió la infidencia de llamar a algunos protagonistas del campamento de José Narro para pedirles que no sean muy duros con el rival Alejandro Moreno Cárdenas. La reacción negativa fue inmediata y la lectura ineludible es que Peña Nieto busca un resultado positivo para AMLO. "¿Y nosotros qué ganamos de todo esto? Lozoya anda paseándose por el mundo mientras que Alejandro Gutiérrez esta preso. Inexplicable", se escuchó en el entorno del ex secretario de Salud, en una cena en Monterrey.

La aparición en la boda tampoco le sumó a Peña Nieto. Los priistas que miran el futuro creen que esos actos de típica frivolidad del mexiquense, muy usuales en su administración, no hacen más que alterar a las bases de un partido cuya debacle tiene en el ex presidente a un actor primordial.

El choque de los escenarios es total: mientras Peña sonreía a las cámaras, los gobernadores que le quedan al PRI coordinaban para reunirse y analizar cómo se cubrirá la deuda de 250 millones de pesos del partido, de los cuales 110 millones se respaldarían ante Banorte con la hipoteca de un segundo edificio de la sede en Insurgentes. Las cuentas no cierran por ningún lado. 

El mes pasado se encargaron algunos focus groups para entender la interna del PRI. Estos revelaron tres aspectos: que los militantes no quieren demasiada pelea interna, que no quieren escuchar fuertes autocríticas ligadas a la corrupción y que la principal inquietud es sobre cuándo se podrá regresar al poder. Salinas lo entiende y se aleja. Peña sigue encapsulado en su propia realidad.


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