POLITICA
Slim, 2018 y los independientes
Por Milton Merlo
El dueño de Telmex se ha convencido que si AMLO fuese presidente, la gobernabilidad sería complicada por la cantidad de puentes que el candidato se ha dedicado a dinamitar.

En las oficinas de Cemex en San Pedro Garza García suelen recordar cuando en la campaña presidencial de 2012 enviaron un emisario para esbozar algún acercamiento con Andrés Manuel López Obrador. Le respuesta fue un “no” tajante que vino acompañado por un "¿Para qué los quiero, si ya lo tengo de mi parte a Slim?". El ahora jefe de Morena utilizaba ese nexo subterráneo como base para su distanciamiento de la clase empresaria.

Quienes frecuentan la oficina de Ignacio Cobo, histórico operador del magnate, aseguran que el dueño de Telmex ya se ha convencido de que si bien López Obrador puede ser presidente de México, la gobernabilidad sería en extremo complicada por la cantidad de puentes con actores estratégicos que el candidato se ha dedicado a dinamitar.

Con un PRI en franco descenso y cierta distancia con Felipe Calderón -que se traduciría a Margarita Zavala-, Slim no ha dejado de estudiar la vía de los independientes. Cuando en 2015 Nuevo León se transformó en prueba de ensayos del fenómeno Bronco, el empresario envió algunos hombres de confianza a la entidad.

¿Qué función cumplieron estos emisarios? Mientras revisaban la campaña de Jaime Rodríguez, exploraban el negocio de las telecomunicaciones desde la perspectiva de la cercanía con Texas. En paralelo, ganaba fuerza en el mundo empresario la cercanía de Slim con la familia Junco que controla Grupo Reforma, “main sponsor” del proyecto independiente, aunque ahora esa alianza exhiba variaciones.

A un año del triunfo, son los propios medios de Reforma quienes dan cuenta del derrumbe del Bronco en las encuestas y de lo lejos que aparece situado en la carrera por Los Pinos. Pero el otrora hombre más rico de mundo, que es fanático de las estadísticas y de las matemáticas aplicadas, se resiste a abandonar la autopista de los independientes, más allá de las circunstancias.

Uno de esos cálculos lo exteriorizó semanas atrás en Londres, entre amigos, en el pub The Swag and Tails, imperdible reducto de South Kensington. Dice que en seis semanas es posible instalar de modo masivo a un candidato que llegue por fuera de la arena política y que podría aparecer incluso sobre el límite de la línea de partida. Cálculo o ficción, quienes lo escucharon lo tomaron en serio.

La siguiente pregunta a responder es la que genera la realidad, la que no está supeditada a los minutos de televisión, al guiño de los columnistas más influyentes o a los millones invertidos en redes sociales: el aparato político que garantice el éxito en las casillas de votación, el aspecto donde la política sigue mostrando sus facetas más rupestres y que es un lugar común en toda la región.

La respuesta a esa incógnita del futuro estaría en el presente y en el pasado. La estructura de un PRI en retirada, que precisará de un considerable tiempo de recuperación y que ofrece un escenario de un presidente con baja aceptación, escándalos de corrupción y casi ninguna gobernación de peso, podría ser una respuesta inicial con las conexiones indicadas. Y conexiones son las que les sobran a Slim.

El tercer factor es el de la gobernabilidad el día después de la elección pero es ahí donde Slim ya prefiere mirar para otro lado. Desde ese momento, su visión está más enfocada en los negocios, en los que busca proteger (telecomunicaciones) y en los que aspira a revitalizar (contenidos).

En definitiva, las motivaciones que casi siempre explican el interés empresario por candidatos sin partido y sin grandes constelaciones ideológicas. Nunca son un fin en sí mismos, sino un atajo hacia otras cuestiones. La campaña de 2015 en Nuevo León puede explicar varias cosas.

En los últimos meses se han espaciado las reuniones de Slim en su piso de Polanco. Son encuentros en los cuáles el magnate se distrae por un momento de los avatares globales y disfruta platicar sobre política e historia mexicana. Quienes concurren –y se quedan hasta el final- aseguran que Juan Ramón de la Fuente siempre está presente.


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