Voto 2021
El nepotismo de Irma Eréndida
Por Hernán Gómez Bruera
La secretaria en busca de la candidatura para su hermano en Guerrero. Tensiones en la 4T.

 Todo estaba listo la semana pasada para anunciar al ganador de la encuesta de Morena en Guerrero. El 16 de diciembre, una noche antes del anuncio, Mario Delgado citó a Luis Walton, ex alcalde de Acapulco y uno de los contendientes, para anunciarle que el senador con licencia, Félix Salgado, había resultado ganador.

Según la primera encuesta -cuyos resultados fueron filtrados por alguien del propio partido- Félix Salgado tenía un reconocimiento superior al 80%. En segundo lugar aparecía Beatriz Mojica, con el 60%, seguido de Luis Walton, con 57%; Adela Román Ocampo, con 41%, y Pablo Amílcar Sandoval, en un lejano quinto lugar, con 40%.

Se habían celebrado ya dos encuestas, tal y como la dirigencia nacional definió desde el principio: una de reconocimiento y otra de opinión, que sería la definitiva. Así lo anunció Mario Delgado, el nuevo presidente del partido, a todos los candidatos, al explicar que se trataba de una manera de procesar el gran número de contendientes.

Pero el resultado no le gustó a Irma Eréndira Sandoval, quien -a imagen y semejanza de Ricardo Monreal, en Zacatecas-- parece decidida a imponer a su hermano, Pablo Amílcar. Con ello, la secretaria de la Función Pública está incurriendo en esa práctica tan recurrente en la cultura política mexicana y de la cual Morena no ha logrado apartarse: el nepotismo.

Pablo Amílcar, quien se enteró del resultado a través de Walton, un candidato muy competitivo, inmediatamente fue a contárselo a su hermana, quien desesperadamente comenzó a hacer llamadas a varios integrantes del gabinete para presionar, e incluso amenazó a dirigentes del partido con salir del gobierno.

Finalmente, la secretaria -deseosa de ampliar su espacio de influencia de cara a la elección presidencial de 2024-- logró impedir el anuncio. Mario Delgado terminó por ceder a su chantaje y, para extrañeza de muchos, bajó un tuit en el que anunciaba que el 17 de diciembre, a la una y medida de la tarde, se darían a conocer los resultados.

La cancelación de la victoria de Salgado no solamente ha enfurecido al senador con licencia, Felix Salgado, quien goza de una gran popularidad en su estado. También ha sorprendido a los demás contendientes, a quienes Mario Delgado explicó, previa y personalmente, las reglas del procesos de selección.

Extraña la obstinación de Irma Eréndira en querer imponer a Pablo Amílcar porque --a pesar de que en los últimos años ha tenido el privilegio de ejercer una posición relevante en la burocracia partidista, en el congreso guerrerense y en el gobierno, como superdelegado-- nunca logró consolidar una fuerza social significativa. Al final, el precandidato no goza de mayor popularidad ni carisma, ni siquiera se le conoce lo suficiente en el estado.

En prácticamente ninguna de las encuestas realizadas previamente, Pablo Amílcar aparecía entre los favoritos ni figuraba entre los más conocidos. En la de Campaigns & Elections México y Varela & Asociados, el hermano de la secretaria de la Función Pública apenas tenía 26% de reconocimiento, ubicándose en el cuarto lugar entre los posibles candidatos de Morena.

El mes pasado Consulta Mitofsky le daba una preferencia de cinco a seis puntos por debajo de Salgado. En el sondeo de Massive Caller tan sólo el 15% respondió que Pablo Amílcar debía obtener la candidatura, frente al 33.5% de Félix Salgado; en el de C&E Research de agosto ese porcentaje era del 20%, frente al 36% del senador.

Difícilmente Salgado Macedonio aceptará el intento de imponer a Pablo Amílcar. De concretarse, probablemente generaría una crisis política y la salida de Salgado del partido.

Algunas versiones apuntan que, al quedar solo una mujer por asignar en las gubernaturas de entre las siete que restan por cubrir para este sexo, Beatriz Mojica podría ser una tercera en discordia, al estar bien posicionada y tener bajos negativos. Sin embargo, difícilmente AMLO simpatizaría con alguien que le levantó la mano a Ricardo Anaya en 2018.

La falta de reglas, de una metodología clara y transparente para realizar encuestas en Morena pone de manifiesto una vez más la realidad de un partido que está lejos de institucionalizarse y donde pareciera que todo se vale, incluidas las prácticas de nepotismo e influyentismo que la 4T tanto condena.

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