Voto 2021
Nuevo León, entre la apatía y la emoción
Por Milton Merlo
Se inicia la contienda estatal más importante del año. Estrategias y voto fluctuante. 38 es el número mágico.

 La elección por la gubernatura de Nuevo León se inicia con límites visibles: bajo número de indecisos, 60% de fluctuación en el voto y una participación de menos del 60% del padrón electoral. A diferencia de contiendas previas, es una carrera reducida, con acciones condicionadas por la pandemia y un público enfocado en otros asuntos de la realidad.

El alto porcentaje de personas que podrían cambiar su voto se viene observando hace algunas semanas en los diversos comandos de campaña y obedece a un público que requiere soluciones. Sin importar de que partido vengan.

Este dato probablemente haya sido el más evidente en el inicio de las campañas de hoy viernes. Clara Luz Flores y Adrián De la Garza pusieron su foco en el repertorio de posibles soluciones pero lo hicieron por caminos separados. Clara Luz, vestida de blanco, desde la emoción, el optimismo y cierta promesa de futuro. De la Garza en cambio, desde una noción de orden, racionalidad y realismo. Contundente, como el color negro que acompaña la imagen de campaña y que ya utilizó en 2018.

En cambio Fernando Larrazabal y Samuel García se enfocaron en sus antinomias. García con el PRI y Larrazabal con Morena. Esos mensajes, efectivos pero superficiales, prevalecieron ante todo y eso explica su rol secundario en las encuestas.

La elección se juega además en los límites del voto estructural, concretamente el del PRI (Clara Luz y De la Garza) y el del PAN (Larrazabal). García aparece como un outsider en ese tablero y eso pudiera favorecerle a medida que avance la campaña porque le da capacidad de sorpresa, si es que la puede aprovechar.

El rumbo de la elección, al menos desde la fotografía inicial, se definirá por la capacidad que tenga el PRI de absorber el voto de Larrazabal y Morena de capturar votantes decepcionados del tricolor, del PAN y con carga anti sistémica de MC. 

Lo primero hace algunas semanas sonaba casi natural porque Larrazabal fue operador de campaña de De la Garza, hasta se especulaba con que el primero declinaría, ya sobre el final, en favor del segundo. Pero ahora no hay nada seguro y, de hecho, en el comando del PRI hay quienes creen que la candidatura de Larrazabal es el resultado de una negociación subterránea entre Jaime Rodríguez Calderón y Abel Guerra.

La búsqueda votos de Clara Luz también tiene su complejidad. Requiere que los actores del PRI y PAN que incorporó puedan arrastrar con ellos movilizadores del voto y facilitadores en el territorios. Respecto a MC, precisa de enarbolar un sentido que sea cautivante para los sectores intermedios e insatisfechos. El War Room del grupo Escobedo lo tiene muy medido: de los votantes que dejan a Larrazabal 50% migran a Morena mientras que en el caso de García el porcentaje asciende al 60%.

El número mágico que define la contienda se ubica en torno al 38% de los electores. Por eso el PRI busca una contienda de dos mientras que la 4T una de tres. Quien llegue a esa cifra ya no debería preocuparse por su nivel de negativos que sí pesarían si la elección tuviera una participación extraordinaria. Y el destino inexorable sería el Palacio de Cantera.

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