Organismos
¿Para qué ha servido Conapred?
Por Hernán Gómez Bruera
Estaría equivocado López Obrador si cree que la agenda de Conapred no es su agenda

 Conapred nunca ha sido una institución faraónica, de altos sueldos y privilegios. Su presupuesto no ha presentado mayor incremento en los últimos 15 años y las percepciones de sus directivos han estado por años debajo del promedio de la administración pública.

Si se compara con la mounstrosidad que es la CNDH o algunos organismos autónomos, este Consejo -creado en 2004 como un órgano descentralizado de Gobernación- tiene una estructura muy compacta que no ha crecido a pesar de que sus responsabilidades se han ampliado significativamente.

Para ser una institución que apenas supera las 100 plazas de estructura, el organismo ha hecho una gran cantidad de cosas. Los logros están ahí. Quizás uno de los principales es haber instalado en la discusión pública el tema de la discriminación y haber creado una sanción social en torno a ella (el clásico cantito "Conapreeeeeed" es solo una pequeña muestra). Pero hay más.

Conapred es quizás la única instancia que ha volteado a ver a ciertos grupos discriminados de la población, incluso a los "condenados de la tierra", como es el caso de los afromexicanos.

En un país donde la gente decía (y muchos siguen diciendo) que aquí no hay racismo, porque "en México no hay negros", este Consejo y sus aliados en la sociedad civil se ocuparon de que por primera vez contáramos a los afrodescendientes en un censo. Gracias a ello hoy sabemos que son al menos 1.4 millones en todo el país.

Como producto también del cabildeo de este organismo se aprobó una reforma a la constitución para reconocer a los pueblos y a las comunidades afromexicanas (solo aparecían los pueblos indígenas), lo que más allá de una simple frase representa el inicio para poder desplegar políticas específicas capaces de revertir siglos de exclusion.

¿Y las trabajadoras del hogar? Ninguna otra institución pública tuvo antes interés en las 2.3 millones de mal llamadas "muchachas". Fue gracias a Conapred, y sus aliados en distintas organizaciones sociales, que al menos una parte de la sociedad ha dejado de ver como algo natural que este sector -que representa el equivalente a la población de Tabasco- se encuentre desprovisto de sus derechos elementales. Y gracias también al cabildeo que hizo Conapred, y otras organizaciones vinculadas al tema, hoy existe un programa piloto para que estas trabajadoras puedan acceder a la seguridad social.

Es en gran medida como resultado del trabajo de Conapred que se ha puesto más atención a la discriminación que sufren las personas gays, lesbianas, bisexuales, trans e intersex. Fue esta institución la que resolvió, luego de una queja presentada por un particular, que es discriminatorio negarles la seguridad social a los matrimonios del mismo sexo, algo que el IMSS en tiempos de Felipe Calderón intentó hacer.

Conapred es también la institución que sistemáticamente ha defendido a las mujeres trans -uno de los grupos más vilipendiados- y la que ha salido a condenar reiteradamente los gritos homofóbicos en los estadios. Conapred impulsó también la primera encuesta nacional sobre diversidad sexual y de género, história a nivel mundial.

Fue también este Consejo el que logró por primera vez en la historia que las organizaciones de la diversidad sexual celebraran, en 2016, el Día Internacional de la Lucha Contra la Homofobia junto a un presidente de la República.". Ello no solo representó un avance cultural, sino también el impulso a una serie de compromisos concretos con varias secretarías y avances importantes en el derecho a la salud y el acceso a la justicia.

Conapred ha resuelto una serie de casos que involucran a seres humanos de carne y huesos, los cuales resultaron de las quejas presentadas por la ciudadanía (de 2004 a 2017 fueron 7,488 en contra de personas particulares y 5,208 en contra autoridades federales). La resolución de algunas de esas quejas ha ayudado a que grupos excluidos accedan a los mismos derechos que el resto de la población.

Pienso por ejemplo en la situación de marinos y soldados que fueron despedidos de la Fuerzas Armadas por vivir con VIH; en los médicos que ingresan al IMSS y ya no tienen que hacerse un examen de VIH; en las escuelas privadas que hoy están obligadas a tener diseños accesibles para las personas con discapacidad; en los hombres que hoy pueden recibir una pensión por viudez o en los solteros que puedan inscribir a sus hijos e hijas en las guarderías en un país donde solo podían hacerlo las madres.

En el caso de los pueblos indígenas, la institución jugó un papel clave en modificar la prueba ENLACE, realizada a los estudiantes de forma estandarizada, y que ignoraba la diversidad cultural del país, al formular una serie de preguntas planteadas exclusivamente en español, desde una lógica meramente urbana y sin tomar en cuenta la realidad de los pueblos indígenas.

Gracias a la acción del Conapred, la SEP se vio obligada en 2011 a modificar los contenidos de esa prueba para que sus preguntas se elaboraran también en lenguas indígenas y reflejaran mejor la diversidad de contextos y entornos culturales. Este cambio no fue menor, porque eliminar sesgos en las evaluaciones redujo también la injusticia en la asignación de recursos.

A Conapred posiblemente le debemos que hoy la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos produzca libros de textos gratuitos en 64 lenguas indígenas.

También en el tema de la discapacidad Conapred ha jugado un papel importante. Frente a una CONADIS cuyo enfoque es meramente asistencial, el Consejo ha sido clave en que se tomen medidas para reconocer los derechos de las personas con discapacidad.

El Consejo, además, ha servido para generar información sobre discriminación a través de tres grandes encuestas nacionales (ENADIS 2005, 2010 y 2017) que hoy son la referencia más importante en el tema para estudios académicos y para elaborar políticas públicas dirigidas a grupos discriminados.

Estas, y otras cosas que ha hecho Conapred, difícilmente podrían haber ocurrido dentro de una dirección general de Gobernación. Tampoco en un área de la CNDH -donde hoy algunos proponen que deberían ir a parar sus funciones-- porque esta no tiene siquiera competencias para procesar quejas en contra de particulares ni sus decisiones son vinculantes.

A pesar de ser una institución muy pequeña, este Consejo ha sido útil para generar una interlocución entre el Estado y los grupos discriminados a los que no les resulta sencillo hacerse escuchar ni que los reciba el poder público. Conapred le ha servido a los ciudadanos, pero también le sirve -y le podría servir mucho más-- a las instituciones públicas.

Al final, de lo que se trata es de aterrizar las distintas políticas públicas a la realidad de un país inmensamente diverso. Y es que, a diferencia de lo que algunos creen, la discriminación no es un asunto de "minorías".

Tan sólo las mujeres representan más de 50% de la población. Si agregamos a quienes se identifican como parte de un pueblo o comunidad indígena tenemos otro 19% de México. Si contemplamos a las personas jóvenes agregamos otro 21%; si pensamos en los adultos mayores representan 13%; quienes tienen una discapacidad son 5%. Si a eso sumamos el pocentaje, aún no cuantificado, de la diversidad sexual y de género, veremos que en realidad estamos hablando de la mayoría del país.

La agenda antidiscriminatoria que ha promovido el Conapred es la agenda de las mayorías marginadas. Es la misma agenda del pueblo que López Obrador quiere con toda razón reivindicar. Estaría equivocado el presidente si piensa que esa no es su agenda.

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